Sir 24, 30-33
Yo, por mi parte, era como un canal salido de un río, como un arroyo que se pierde en un jardín del Paraíso. Yo pensé: voy a regar mi huerta, voy a regar mis flores. Pero mi canal se convirtió en río, y el río en mar. Entonces dije: Haré brillar como la aurora la instrucción, llevaré a lo lejos su luz. Derramaré la instrucción como una profecía y la dejaré a las generaciones venideras.
Señor,
Tú eres el agua viva
que nutre nuestras vidas.
Tu Palabra nos comunica
tu presencia salvadora
y nos ayuda a sentir tu amor
y reconocer tu camino.
Señor,
que mi vida de catequista
sea un sencillo canal
que comunique el agua viva
de tu Palabra
a todos mis catequizandos.
Ayúdame a mantener mi canal limpio
para que tus enseñanzas
lleguen transparentes a los demás
y sean para todos un refresco
para sus vidas,
un consuelo para sus dolores,
una fuerza grande para su esperanza.
Guíame cada día
para abrevar en tu Palabra
y así alimentar mi existencia
con nuestro encuentro cotidiano.
Como catequista, necesito
estar en comunión contigo
para poder comunicar a otros,
por eso mantén mi sed de Ti, Señor,
para que no me aleje.
Quiero ser canal
que llegue a los terrenos más lejanos,
a los más secos y olvidados,
para que el agua de tu Palabra
empape la tierra y la haga germinar,
para aliviar al cansado,
y fortalecer al abatido.
Señor,
quiero en mi misión de catequista
ser un canal abierto que lleve
el consuelo, la dulzura
y la fecundidad de tu Palabra,
agua siempre clara y fresca
para la vida de mis catequizandos.
– Catequista, comunicador de la Gracia del Señor –
– Marcelo A. Murúa
