Jn 10, 9
Yo soy la puerta: el que entre por mí estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará alimento.
Señor,
Tú eres la puerta
que nos conduce a la Salvación.
Por Ti entramos en la gracia de Dios
que nos ama y sana nuestras heridas,
que nos ama y descubre nuestros talentos,
que nos ama y nos propone un camino de plenitud.
Jesús, puerta del Amor de Dios,
por medio tuyo encontramos el alimento
que nos ayuda a vivir:
tu Palabra, en la Biblia,
tu Cuerpo y Sangre, en la Eucaristía.
Nuestra vocación de catequistas
se inspira en tu propia vida, Señor,
para intentar ser también puertas abiertas,
instrumentos de encuentro para que muchos
entren en comunión contigo,
y conozcan tu Evangelio de Amor,
para vivir a pleno en tu Nombre.
Señor,
que en mi misión de catequista
sea como una puerta sencilla, abierta,
para que otros puedan pasar
a través de ella para encontrar a Dios.
Ayúdame a no “endurecerme”
en mis sentimientos,
a no “atrancarme”
en mis prejuicios,
a no “cerrarme”
en mis ideas;
para que mis palabras,
mis gestos y mi persona toda
sepan hacerse a un lado,
para dar paso a tu Presencia,
que con los brazos abiertos
esperas y acudes al encuentro
de todos los que pasen por mi vida,
ofrecida como humilde puerta
que muestre al otro lado
la experiencia salvadora de tu amor.
– Que así sea, según tu ejemplo, Jesús, Puerta de la Gracia –
– Marcelo A. Murúa
