Lucas 2, 19
María, por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en su interior.
María,
Madre de Jesús y Madre nuestra,
Madre de los catequistas,
vuelve a nosotros tu mirada llena de ternura
y forma en nosotros un corazón abierto al Señor.
Tu testimonio nos enseña
a contemplar la vida
para descubrir en ella el paso de Dios.
Contigo aprendemos a sorprendernos
por las maravillas y gracias
que el Señor realiza entre nosotros,
en nuestras propias vidas y en la de los demás.
Con el silencio de tu ejemplo
nos inicias en la raíz del discipulado,
escuchar la Palabra,
guardarla en el interior,
meditar la vida con su luz,
para vivirla y transmitirla en el servicio.
María, madre de discípulos,
María, la que
“escuchó la Palabra,
concibió la Palabra,
devolvió la Palabra” *
nos muestra el camino del catequista hoy.
Quiero seguir tu huella, María, ayúdame.
– Escuchar, concebir, devolver la Palabra… –
* Gracias, Proclo de Constantinopla (siglo V d. C.), por esta enseñanza tan hermosa, inspiradora y actual para todos y, en especial, para nuestro corazón de catequistas.
– Marcelo A. Murúa
