Deuteronomio 30, 14
La Palabra cerca de ti, en tu boca y tu corazón.
Abre mis oídos, Señor,
para despertar cada día
a la escucha de tu Palabra.
Abre mi corazón, Señor,
para guardar en mi interior
tu presencia y el eco de tu voz.
Abre mi boca, Señor,
para anunciar con alegría
tus enseñanzas a mis hermanos.
Abre mis manos, Señor,
para vivir con fidelidad
en el espíritu de tus Bienaventuranzas.
Guía mis pasos, Señor,
para caminar humildemente
por la huella de tu Palabra.
En mi corazón de catequista,
quiero sembrar tu Palabra,
para vivir en clave de discípulo,
y transmitir con mi vida, gestos y palabras
lo que llena mi corazón,
porque Tú me enseñas
“de la abundancia del corazón
habla la boca”.
– Crea en mí un corazón donde habite tu Palabra –
– Marcelo A. Murúa
