Jeremías 1, 5
Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones.
Te alabo, Dios de la Vida
y te doy gracias por tu bondad
porque desde mi concepción
me has bendecido con el don de tu gracia.
Mientras me formaba en el seno de mi madre,
Tú me acompañabas;
mientras descubría el mundo en mi infancia;
Tú me llevabas de la mano;
mientras crecía en mi adolescencia;
Tú estabas a mi lado;
mientras ampliaba mis horizontes en mi juventud,
Tú me dirigías;
mientras intento cada día serte fiel en mi vida adulta,
Tú permaneces conmigo,
alentándome con tu Espíritu a mantener mi vocación,
a profundizar cada día en mi misión.
Soñaste para mí
hacer resonar tu Palabra con mi vida,
ser eco y memoria de tu voz,
anunciar con alegría tu Evangelio.
Para vivir esta vocación
me concediste con gratuidad
el don de hablar como discípulo,
por ello te sonrío con gratitud
y te pido que renueves cada día,
nuestra alianza y me llenes con tu gracia.
Señor, pon en mi boca tu Palabra,
te ofrezco mi corazón para guardarla,
mis oídos para escucharla,
mis ojos para contemplarla,
mis manos para hacerla realidad,
mis pies para llevarla donde Tú me indiques.
– ¡Desde mi concepción soy catequista, gracias, Señor! –
– Marcelo A. Murúa
