Marcos 8, 34-35
El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará.
Busco seguir tus pasos, Jesús,
en mi vida y misión de catequista.
Cuando hago silencio
y contemplo mi interior,
al encontrarte en lo hondo de mí,
habitando mi corazón,
descubro una vez más
mi llamado personal
a ponerme en camino,
detrás de ti,
con la atención del discípulo,
y la urgencia del misionero.
Me llamas, Señor de la Vida,
en forma cotidiana y persistente,
para templar mi fidelidad
y crecer en mi seguimiento.
Ayúdame a discernir
para elegir tus opciones,
para vivir con tus actitudes,
para encarnar tus valores.
Ayúdame a ser buen testigo
que transmita con mi vida
mi fe que se ha hecho respuesta.
Que no me desanimen
las dificultades del camino,
que aprenda a renunciar
a todo lo que me aparta de ti
y debilita mi vocación.
Quiero tomar mi cruz personal,
signo de mi perseverancia,
semilla de mi entrega
para vivir, en tu estilo,
como servidor de todos.
Desde mi corazón, Señor,
te ofrezco toda mi persona,
para vivir a pleno mi ser de catequista.
– Sostén mi fidelidad, para seguirte siempre, Señor –
– Marcelo A. Murúa
