Sir 4, 31
No tengas la mano extendida para recibir,
y cerrada cuando haya que dar.
Quiero ser, Señor,
generoso y solidario,
atento para ayudar a todos,
dispuesto para dar con alegría,
mi tiempo, mis dones, mis bienes.
Crea en mí un corazón abierto,
sensible al que necesita y al que sufre,
que sienta como el tuyo,
que no se cansa nunca de amar,
y viva cada día la fiesta del dar y dar-me.
Ilumina mi día, Señor,
Te ofrezco la vida, hecha oración.
– Marcelo A. Murúa
