Salmo 34, 2
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
no cesará mi boca de alabarlo.
Te alabo y te bendigo, Dios de la Vida, siempre Bueno,
porque miraste mi humildad
y me llamaste por un nuevo nombre: Catequista,
abriéndome por delante un camino de plenitud.
Te alabo y te bendigo, Dios de la Vida, fiel Compañero,
porque sostienes mi vocación
con tantas personas que me ayudaron y ayudan
con su consejo, con su ejemplo, con su palabra, con su abrazo.
Te alabo y te bendigo, Dios de la Vida, tan Cercano,
porque te revelas en mi historia, en mis búsquedas y silencios,
porque me tomas de la mano para conocerte más y mejor,
anímame para que pueda acompañar a otros a conocer tu Misterio (tan Cercano).
Te alabo y te bendigo, Dios de la Vida, fresca Brisa
porque me alientas a renovar mi misión
a salir a las periferias humanas para anunciarte
a crecer en creatividad para hacer siempre nuevo el Evangelio.
Gusten, vean, experimenten y proclamen “que bueno es el Señor”
– Marcelo A. Murúa