Prov 3, 21-24
Actúa siempre, hijo mío, con prudencia y reflexión: es algo que no debes olvidar. De allí te llegará la vida: la sentirás en ti, irradiará en tu rostro. Avanzarás entonces con confianza, sin miedo a tropezarte. Irás a acostarte sin temor y durante la noche tu sueño será apacible.
Te pido Papá Dios con sencillez
y la confianza de ser hijo tuyo,
que hagas crecer en mi persona
la prudencia y la reflexión.
Cuando pienso las cosas
y no actúo precipitadamente,
todo va mejor conforme
al camino que al que me invitas.
Pero como no siempre
soy prudente y reflexivo,
te pido Señor en esta tarde,
que me enseñes a ser mejor.
Gracias por la jornada, Señor,
renueva mis fuerzas,
mi esperanza, mi corazón.
– Marcelo A. Murúa