Juan 1, 38-39
Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó: «¿Qué buscan?» Le contestaron: «Rabbí (que significa Maestro), ¿dónde te quedas?» Jesús les dijo: «Vengan y lo verán.» Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran como las cuatro de la tarde.
Jesús, Maestro,
llévame a tu encuentro,
cada día, en mi vida cotidiana,
para aprender de ti, como discípulo,
para gustar de tu compañía, como amigo,
para poder anunciarte a otros, como testigo.
¿Dónde te quedas, Señor?
¿Dónde vives en estos días?
¿Cómo te encuentro para permanecer contigo?
«Vengan y vean» resuena en mi corazón,
porque tus palabras de vida permanecen para siempre,
y tu invitación se renueva en cada llamado.
Quiero estar contigo, Señor y Maestro,
quiero afirmar mi vida en tu Palabra,
para conocerte mejor y amarte más,
para alegrar mi corazón con tu amistad,
para encontrar en tus propuestas el sentido de mi vida.
Jesús, Maestro,
como catequista servidor de la Palabra,
te busco en el Evangelio de cada día,
para guardar tus palabras en mi corazón
y ofrecerlas como Palabra de Vida
a quienes pueda acompañar en la aventura de la Fe.
Señor, salgo a tu encuentro
quiero permanecer junto a Ti.
– Cada día, Señor, todos los días, toda la vida –
– Marcelo A. Murúa
