Sal 27, 1. 14
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Amparo de mi vida es el Señor, ¿ante quién temblaré? Confía en el Señor, ¡ánimo, arriba!, espera en el Señor.
Mi confianza está puesta en Ti, mi Dios,
porque he experimentado el amor
que me da fuerzas y me acompaña siempre,
todos los días de mi vida.
Esta fe quiero transmitir,
en mi misión de catequista,
ayudar a otros a conocer tu rostro, Señor,
para confiar sus vidas
y descubrir a Aquel que está
siempre con nosotros, a nuestro lado.
Cada mañana, Señor,
comienzo mi jornada
buscando tu mirada
para renovar nuestra alianza.
Te digo desde el corazón,
“en ti confío, Dios de la Vida”
Y me sorprendo encontrando
Tu mano bondadosa
Sosteniéndome, desde antes de despertar.
Tú estás siempre conmigo,
No tengo miedo ante las dificultades,
Me siento acompañado cuando estoy solo,
Eres la fuerza que repara mi fragilidad.
Señor, quiero compartir con otros
la confianza que has sembrado en mi interior,
dar testimonio de lo cerca que estás cuando te necesito.
Ayúdame a ser un catequista sencillo y humilde,
que crezca cada día en mi experiencia de fe
para poder animar a los demás
a esperar siempre en tu gracia,
a entregar nuestra vida en tus manos,
a reconocer tu bendición de cada día,
porque eres el Dios Bueno,
luz y salvación para quienes confían en Ti.
– Renueva, Señor, mi fe para que brote, florezca y fructifique –
– Marcelo A. Murúa
