Jer 17, 7-8
¡Bendito el que confía en Yavé,
y que en él pone su esperanza!
Se asemeja a un árbol plantado
a la orilla del agua,
y que alarga sus raíces hacia la corriente:
no tiene miedo de que llegue el calor,
su follaje se mantendrá verde;
en año de sequía no se inquieta,
ni deja de producir sus frutos.
Confío en Ti mi Dios,
en Ti tengo puesta mi esperanza.
Por eso te pido cada noche,
que hagas crecer mi perseverancia
en tu Palabra.
Quiero estar bien cerca de Ella,
dejarme alimentar por Ella,
fortalecer y guiar por Ella,
cada día, todos los días de mi vida.
En Ti mi Dios tengo puesta mi esperanza.
Gracias por la jornada, Señor,
renueva mis fuerzas,
mi esperanza, mi corazón.
– Marcelo A. Murúa