Seguirá cayendo el agua
mansamente desde el cielo,
sobre el lomo de la tierra
y los juncos del estero.
Seguirán nomás los pastos
en su lento brotar quieto,
obedeciendo a los ciclos
de veranos y de inviernos.
Madurarán los frutales,
y nacerán los terneros,
los trigales serán pan
y los rastrojos, barbechos.
La vida se siente fuerte
porque anida en lo pequeño,
y desde allí se construye
con soles, lluvias y vientos.
¡Qué poco decide el hombre
por más que se muestre inquieto!
Las cosas son para el hombre,
…si el hombre guarda su puesto.
Si abriéramos la ventana
cuando vemos todo negro,
sabríamos que en el mundo
hay algo más que lo nuestro.
Sabríamos de las plantas
y de todo el sufrimiento
que les cuesta a las raíces
conseguir el alimento.
Veríamos pajaritos,
remando con el esfuerzo
que les mantiene en el aire
la dirección de su vuelo.
Sabríamos de la luz
que el sol derrama en el suelo
y alcanza para alumbrar
hasta la cruz de los muertos.
Lo mío es sólo una parte
un pedazo de lo nuestro,
que no le quita el valor
que siempre tendrá lo entero.
Si una nube tapa al sol
no estoy a oscuras por eso,
ya que siempre habrá otra nube
que me dará su reflejo.
Si abriéramos la ventana
cuando vemos todo negro,
sabríamos que en el mundo
es ancho y grande el misterio.
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye la poesía en forma oral (se lo vuelve a contar).
¿De qué habla esta poesía?
¿Adónde nos hace dirigir la mirada? Recorrer junto al autor las distintas situaciones que va planteando. Observarlo, contemplarlo.
¿Qué dice del agua, los pastos, los frutales, los pajaritos…? ¿Qué dice del hombre?
¿Qué consejo brinda dos veces, utilizando la figura poética de “abrir la ventana”? ¿Para qué?
La poesía nos invita a reflexionar sobre la mirada sacramental que nos lleva a descubrir a Dios en la vida.
¿Qué situaciones de la vida va presentando el autor? Recordar si en nuestra vida real nos hemos detenido alguna vez a observar alguna de estas situaciones… ¿qué nos parecen? ¿qué sentimientos despiertan en nosotros? ¿Podemos compartir algunas otras situaciones similares que no estén descriptas en la poesía?
Comentar los siguientes versos de la poesía:
– “La vida se siente fuerte
porque anida en lo pequeño…”
– “Las cosas son para el hombre,
…si el hombre guarda su puesto.”
¿Qué significan? ¿En qué nos hacen pensar?
Dos veces el autor repite un consejo, dirigido a las personas, “Si abriéramos la ventana, cuando vemos todo negro…” ¿Qué significa abrir la ventana? ¿Cuándo en la vida vemos “las cosas negras”?
¿Qué cambia si “abrimos la ventana”?
La mirada contemplativa sobre la realidad que vivimos, la naturaleza, la creación y también la historia, las cosas que vivimos y nos pasan, nos ayuda a descubrir la presencia compañera de Dios a nuestro lado… siempre… pero a veces estamos como ciegos y no lo vemos, por eso Mamerto nos invita a cambiar la mirada. ¿Recuerdas momentos de la vida de Jesús en los cuales él nos invite a cambiar la mirada… para descubrir la compañía de Dios-con-nosotros?
Puedes leer Lc. 12, 22-32. También, para orar, el Salmo 8.
Sintetizar en una frase el mensaje de la poesía para nuestra vida.
Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:
Cambiar la mirada.
Terminar leyendo la oración.
Si abriéramos la ventana,
cuando vemos todo negro….
descubriríamos la presencia
del Dios que camina cerca nuestro.
Enséñanos a cambiar la mirada, Señor,
para alegrarnos con
los pequeños milagros
de la vida cotidiana,
el amanecer, el cielo, los pájaros,
nuestra familia, los hijos, los amigos,
el trabajo, la amistad,
la Vida, con mayúsculas,
que transcurre a nuestro lado
des-cubriendo-nos
(para quien aprende a mirar distinto)
tu Rostro a cada paso, a cada día.
Si abriéramos la ventana,
cuando vemos todo negro…
en lugar de encerrarnos o aislarnos,
encontraríamos la mano amiga,
siempre tendida y preparada
para el abrazo fraterno.
Manos de aquellos y aquellas
que sin saberlo,
prestan su mano y su abrazo
al Gran Compañero.
Enséñanos a cambiar la mirada, Señor,
para dar gracias
por la gente que cruza nuestra vida.
Algunos compartiéndola,
por largo tiempo,
otros por cortos momentos,
tan breves como intensos.
Cuántos rostros que preparan
nuestra senda al Gran Encuentro
con un Dios siempre presente,
que uno aprende a verlo,
si abriéramos la ventana,
cuando vemos todo negro…
Si cambiamos la mirada
lo que es negro sigue negro
pero al horizonte asoma, ¡siempre!
con diaria y tenaz paciencia
la presencia de tu luz
que aclara nuestro firmamento.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
Seguirá cayendo el agua
mansamente desde el cielo,
sobre el lomo de la tierra
y los juncos del estero.
Seguirán nomás los pastos
en su lento brotar quieto,
obedeciendo a los ciclos
de veranos y de inviernos.
Madurarán los frutales,
y nacerán los terneros,
los trigales serán pan
y los rastrojos, barbechos.
La vida se siente fuerte
porque anida en lo pequeño,
y desde allí se construye
con soles, lluvias y vientos.
¡Qué poco decide el hombre
por más que se muestre inquieto!
Las cosas son para el hombre,
…si el hombre guarda su puesto.
Si abriéramos la ventana
cuando vemos todo negro,
sabríamos que en el mundo
hay algo más que lo nuestro.
Sabríamos de las plantas
y de todo el sufrimiento
que les cuesta a las raíces
conseguir el alimento.
Veríamos pajaritos,
remando con el esfuerzo
que les mantiene en el aire
la dirección de su vuelo.
Sabríamos de la luz
que el sol derrama en el suelo
y alcanza para alumbrar
hasta la cruz de los muertos.
Lo mío es sólo una parte
un pedazo de lo nuestro,
que no le quita el valor
que siempre tendrá lo entero.
Si una nube tapa al sol
no estoy a oscuras por eso,
ya que siempre habrá otra nube
que me dará su reflejo.
Si abriéramos la ventana
cuando vemos todo negro,
sabríamos que en el mundo
es ancho y grande el misterio.
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye la poesía en forma oral (se lo vuelve a contar).
¿De qué habla esta poesía?
¿Adónde nos hace dirigir la mirada? Recorrer junto al autor las distintas situaciones que va planteando. Observarlo, contemplarlo.
¿Qué dice del agua, los pastos, los frutales, los pajaritos…? ¿Qué dice del hombre?
¿Qué consejo brinda dos veces, utilizando la figura poética de “abrir la ventana”? ¿Para qué?
La poesía nos invita a reflexionar sobre la mirada sacramental que nos lleva a descubrir a Dios en la vida.
¿Qué situaciones de la vida va presentando el autor? Recordar si en nuestra vida real nos hemos detenido alguna vez a observar alguna de estas situaciones… ¿qué nos parecen? ¿qué sentimientos despiertan en nosotros? ¿Podemos compartir algunas otras situaciones similares que no estén descriptas en la poesía?
Comentar los siguientes versos de la poesía:
– “La vida se siente fuerte
porque anida en lo pequeño…”
– “Las cosas son para el hombre,
…si el hombre guarda su puesto.”
¿Qué significan? ¿En qué nos hacen pensar?
Dos veces el autor repite un consejo, dirigido a las personas, “Si abriéramos la ventana, cuando vemos todo negro…” ¿Qué significa abrir la ventana? ¿Cuándo en la vida vemos “las cosas negras”?
¿Qué cambia si “abrimos la ventana”?
La mirada contemplativa sobre la realidad que vivimos, la naturaleza, la creación y también la historia, las cosas que vivimos y nos pasan, nos ayuda a descubrir la presencia compañera de Dios a nuestro lado… siempre… pero a veces estamos como ciegos y no lo vemos, por eso Mamerto nos invita a cambiar la mirada. ¿Recuerdas momentos de la vida de Jesús en los cuales él nos invite a cambiar la mirada… para descubrir la compañía de Dios-con-nosotros?
Puedes leer Lc. 12, 22-32. También, para orar, el Salmo 8.
Sintetizar en una frase el mensaje de la poesía para nuestra vida.
Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:
Cambiar la mirada.
Terminar leyendo la oración.
Si abriéramos la ventana,
cuando vemos todo negro….
descubriríamos la presencia
del Dios que camina cerca nuestro.
Enséñanos a cambiar la mirada, Señor,
para alegrarnos con
los pequeños milagros
de la vida cotidiana,
el amanecer, el cielo, los pájaros,
nuestra familia, los hijos, los amigos,
el trabajo, la amistad,
la Vida, con mayúsculas,
que transcurre a nuestro lado
des-cubriendo-nos
(para quien aprende a mirar distinto)
tu Rostro a cada paso, a cada día.
Si abriéramos la ventana,
cuando vemos todo negro…
en lugar de encerrarnos o aislarnos,
encontraríamos la mano amiga,
siempre tendida y preparada
para el abrazo fraterno.
Manos de aquellos y aquellas
que sin saberlo,
prestan su mano y su abrazo
al Gran Compañero.
Enséñanos a cambiar la mirada, Señor,
para dar gracias
por la gente que cruza nuestra vida.
Algunos compartiéndola,
por largo tiempo,
otros por cortos momentos,
tan breves como intensos.
Cuántos rostros que preparan
nuestra senda al Gran Encuentro
con un Dios siempre presente,
que uno aprende a verlo,
si abriéramos la ventana,
cuando vemos todo negro…
Si cambiamos la mirada
lo que es negro sigue negro
pero al horizonte asoma, ¡siempre!
con diaria y tenaz paciencia
la presencia de tu luz
que aclara nuestro firmamento.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
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