“Tengan sal en ustedes
y paz entre ustedes”
(Marcos 9,50)
El canto del río brota desde su cauce. Desde allí se desparrama. El fuego brota del corazón de la leña, y desde allí se comunica y se comparte. Si no hay fuego en los troncos, no hay llamarada entre ellos.
Es el corazón de donde brotan las realidades que se comparten entre los corazones. La paz y la alegría estarán entre nosotros si es que previamente están en nuestro corazón.
Para poder estar en paz entre nosotros, es necesario relativizar muchas cosas. Pero para poder relativizar, es necesario tener un corazón unificado, enraizado hondamente en una realidad fiel. Y ser flexible a todo lo demás. Igual que los árboles.
Ellos se confían a la tierra por sus raíces y entregan su ramaje al empuje de los vientos. Así sus ramas ríen, cantan, gimen y se hamacan, y con ello dan vida al bosque entero.
Los árboles tienen sentido del humor. Porque tienen fe en sus raíces que se alimentan del humus que la vida ha ido creando con todos los vegetales que los precedieron. Así logran crear la unidad del bosque, y pueden tener paz entre ellos.
La paz sólo es posible en una comunidad que tiene sentido del humor. El humor es la sal del corazón: es lo que da sabor a cada acontecimiento. Es intuitivo y logra siempre desdramatizar lo que es relativo. Nada de lo auténticamente humano es dramático. Porque el dramatismo es la careta que se pone el acontecimiento cuando uno es incapaz de vivirlo desde la seguridad de sus raíces.
El Señor les decía a sus discípulos:
-También ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y su corazón se alegrará. Y a ustedes nadie podrá quitarles su alegría.
Nosotros hemos puesto nuestra seguridad en el Señor. Como el mar ha puesto la garantía de su incorruptibilidad en la sal. Por eso el mar canta en paz, aún en medio de las tormentas.
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).
¿Qué dice la cita bíblica con la que empieza el relato?
¿De dónde brotan la alegría y la paz? ¿Qué comparaciones realiza el relato?
¿Qué valor le da al sentido del humor? ¿Cómo lo relaciona con una comunidad que busca la paz?
¿En quién coloca su seguridad el autor? ¿En qué le ayuda esto en su vida?
El relato nos invita a reflexionar sobre el valor de la paz y las actitudes necesarias para vivirla.
¿Cómo relaciona la paz, la alegría y el sentido del humor?
¿Qué significa “desdramatizar” la vida? ¿Cómo influye la fe en la posibilidad de mirar en forma diferente las cosas que nos pasan?
¿Cómo alcanzar paz en nuestros corazones? ¿Qué prácticas y actitudes ayudan a “estar en paz” y transmitirla a los demás?
Sintetizar en una frase el mensaje de la poesía para nuestra vida.
Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:
Siembra en nosotros la alegria y la paz.
Terminar leyendo la oración.
Siembra en nosotros
la alegría que construye la paz.
Afirma nuestros corazones
en tí, Señor,
para que vivamos
animados por tu Espíritu.
Planta nuestras raíces
en tu Palabra,
para que nos alimenten
tus opciones y enseñanzas.
Toma nuestras manos
y guíanos por el camino,
para que aprendamos
a seguir tus pasos.
Tu presencia
nos da alegría
y ayuda a mirar
con esperanza.
Un corazón alegre
construye la paz
a su alrededor.
Cambia Señor
nuestros corazones
para sembrar con los demás
semillas de un mundo de paz.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
“Tengan sal en ustedes
y paz entre ustedes”
(Marcos 9,50)
El canto del río brota desde su cauce. Desde allí se desparrama. El fuego brota del corazón de la leña, y desde allí se comunica y se comparte. Si no hay fuego en los troncos, no hay llamarada entre ellos.
Es el corazón de donde brotan las realidades que se comparten entre los corazones. La paz y la alegría estarán entre nosotros si es que previamente están en nuestro corazón.
Para poder estar en paz entre nosotros, es necesario relativizar muchas cosas. Pero para poder relativizar, es necesario tener un corazón unificado, enraizado hondamente en una realidad fiel. Y ser flexible a todo lo demás. Igual que los árboles.
Ellos se confían a la tierra por sus raíces y entregan su ramaje al empuje de los vientos. Así sus ramas ríen, cantan, gimen y se hamacan, y con ello dan vida al bosque entero.
Los árboles tienen sentido del humor. Porque tienen fe en sus raíces que se alimentan del humus que la vida ha ido creando con todos los vegetales que los precedieron. Así logran crear la unidad del bosque, y pueden tener paz entre ellos.
La paz sólo es posible en una comunidad que tiene sentido del humor. El humor es la sal del corazón: es lo que da sabor a cada acontecimiento. Es intuitivo y logra siempre desdramatizar lo que es relativo. Nada de lo auténticamente humano es dramático. Porque el dramatismo es la careta que se pone el acontecimiento cuando uno es incapaz de vivirlo desde la seguridad de sus raíces.
El Señor les decía a sus discípulos:
-También ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y su corazón se alegrará. Y a ustedes nadie podrá quitarles su alegría.
Nosotros hemos puesto nuestra seguridad en el Señor. Como el mar ha puesto la garantía de su incorruptibilidad en la sal. Por eso el mar canta en paz, aún en medio de las tormentas.
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).
¿Qué dice la cita bíblica con la que empieza el relato?
¿De dónde brotan la alegría y la paz? ¿Qué comparaciones realiza el relato?
¿Qué valor le da al sentido del humor? ¿Cómo lo relaciona con una comunidad que busca la paz?
¿En quién coloca su seguridad el autor? ¿En qué le ayuda esto en su vida?
El relato nos invita a reflexionar sobre el valor de la paz y las actitudes necesarias para vivirla.
¿Cómo relaciona la paz, la alegría y el sentido del humor?
¿Qué significa “desdramatizar” la vida? ¿Cómo influye la fe en la posibilidad de mirar en forma diferente las cosas que nos pasan?
¿Cómo alcanzar paz en nuestros corazones? ¿Qué prácticas y actitudes ayudan a “estar en paz” y transmitirla a los demás?
Sintetizar en una frase el mensaje de la poesía para nuestra vida.
Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:
Siembra en nosotros la alegria y la paz.
Terminar leyendo la oración.
Siembra en nosotros
la alegría que construye la paz.
Afirma nuestros corazones
en tí, Señor,
para que vivamos
animados por tu Espíritu.
Planta nuestras raíces
en tu Palabra,
para que nos alimenten
tus opciones y enseñanzas.
Toma nuestras manos
y guíanos por el camino,
para que aprendamos
a seguir tus pasos.
Tu presencia
nos da alegría
y ayuda a mirar
con esperanza.
Un corazón alegre
construye la paz
a su alrededor.
Cambia Señor
nuestros corazones
para sembrar con los demás
semillas de un mundo de paz.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
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