Ef 4, 7
“Cada uno de nosotros ha recibido su talento y Cristo es quien fijó la medida de sus dones para cada uno.”
Te alabo, Señor de la Vida,
porque me has dado dones
que no merecía.
Me has colmado con generosidad
sin esperar mi respuesta.
Por eso siento el compromiso
de hacer crecer los talentos que me diste,
de llevar a pleno las capacidades
que me confiaste.
Y por eso, Señor, te pido
con humildad y fe
que me ayudes a dar frutos
de todas las semillas que me has dado.
Gracias por la jornada, Señor,
renueva mis fuerzas,
mi esperanza, mi corazón.
– Marcelo A. Murúa
