Salmo 34, 6
Mírenlo a él y serán iluminados.
Dirige mis ojos hacia ti, Señor,
para que encuentre en tu rostro,
la luz de tu mirada.
Ayúdame a experimentar
tu cercanía amorosa y llena de ternura
que me abraza en mis días alegres,
y me conforta en los momentos difíciles.
Que pueda transmitir, Señor, a otros,
la certeza de tu presencia diáfana
que nos acompaña en todo tiempo.
Que refleje, Señor, con mi humilde testimonio,
tu amor que nos primerea siempre
como la luz del amanecer
que renueva la esperanza de un nuevo día.
Que muestre con mi vida de catequista
tu luz que ha brillado en mis ojos
tu calor que hizo arder mi corazón.
– Mírame, Señor, que te miro, ilumíname con tu amor –
– Marcelo A. Murúa
