María.
Tú nos enseñas
a descubrir las maravillas
que el Dios Bueno
hace en cada uno de nosotros.
Nos ayudas a mirar la vida
con actitud contemplativa
sorprendiendonos y alegrándonos
porque el Dios de la Vida
nos mira con bondad y nos cuida,
cumple sus palabras
y conduce la historia
para que la Justicia y la Paz
reinen en toda la tierra.
Tú, madre buena,
primera discípula,
nos muestras que la Palabra
es fuente de oración y de sentido,
luz que guía nuestros pasos,
agua que fecunda nuestra esperanza
en la larga marcha hacia el Reino.
María,
que nuestra oración
sea un eco del canto
que brota de tu corazón,
que alaba con alegría
al Dios rico en Misericorida,
al Dios Fiel a sus promesas,
al Dios que ama con pasión
y quiere la Justicia y la Vida
para los pobres y marginados.
Madre
Tú nos muestras
desde el Magnificat
all Dios que consume tu vida,
y que es razón de tu existencia.
A él le brindaste tu vida entera
y te consagraste con alegría a su servicio.
Anímanos también a nosotros
a descubrirlo caminando a nuestro lado,
presente entre nuestros hermanos
convocándonos a la entrega generosa,
prometiéndonos su aliento y compañía.
Madre.
enséñanos a servir desde los pobres
para construir juntos el reino de tu Hijo.
Muéstranos a Jesucristo, el Señor,
vivo hoy en nuestro pueblo
y conságranos a su servicio.
Ruega por nosotros,
Madre de Dios,
para seamos fieles
a Dios y a los hombres,
compartiendo sus angustias
y construyendo sus esperanzas.
Que así sea.
– Marcelo A. Murúa