Una vocación…
Cuando hablamos de catequistas, ¿qué se nos viene a la mente? Muchas respuestas, entre ellas, que son personas especializadas, escogidas, muy preparadas en cosas de Dios, algo raras, entre otras. No obstante, la realidad nos muestra a personas que responden a la llamada de la comunidad para ser instrumentos de formación y transformación; se los identifica como ministros cuyo ministerio es hacer algo en público para la venida del Reino de Dios a favor de la comunidad; es una gracia y tiene su propia identidad y estructura (Durka, pp. 5 y 7).
El actual Directorio para la Catequesis (2020) menciona que algunos de los bautizados son llamados para cooperar con el Obispo y los sacerdotes en el ministerio de la Palabra. Esos son los catequistas, cuya vocación específica es servir al Plan salvífico de Dios en favor de la humanidad (DC 110). Esto significa asumir la catequesis como forma de ministerio de la Palabra y, a su vez, iniciar un camino para ejercer el ministerio de catequista. Esto requerirá un proceso de formación y descubrimiento de habilidades y competencias propias del discípulo de Jesús, que tendrá como tarea principal acompañar a otros desde la experiencia de enseñar, que tiene una fuerza transformadora para él o ella y para sus interlocutores.
El catequista es un servidor de la Palabra. Él ejerce en la Iglesia un modo de comunicación del mensaje cristiano de manera original, propia y específica, ya que, como ninguno, está en contacto con la vida y con la persona misma de los destinatarios. Su tarea es actualizar la Palabra para una fiel comunicación con los hermanos (Testigos de la Palabra, p. 177).
El llamado de Jesús, «Síganme y los haré pescadores de hombres» (Mt 4,19), se actualiza hoy en las voces y circunstancias que nos convocan a ser parte de los constructores de la ciudad de Dios, en palabras de san Agustín; y con el himno:
Señor, tú me llamaste para ser instrumento de tu gracia, para anunciar la Buena Nueva, para sanar las almas. Me llamaste para salvar al mundo ya cansado, para amar a los hombres que tú, Padre, me diste como hermanos.
El llamado particular que cada bautizado ha recibido para servir desde la catequesis, una forma del ministerio de la Palabra, necesita una respuesta meditada desde el silencio del corazón, porque el servicio no tiene contrato de tiempo ni económico. El compromiso de la respuesta es a largo plazo y está lleno de esperanza en el Maestro.
Momento de reflexión
- Recuerda: ¿en qué circunstancia, con qué persona y a qué edad sentiste o identificas el llamado a servir como catequista?
- ¿Cómo fue la respuesta que diste? ¿Tomó tiempo? ¿Hubo resistencias? ¿Cuáles? ¿Se presentaron miedos? ¿Cuáles?
- ¿Cómo describirías tu experiencia al haber respondido positivamente?
Referencias bibliográficas
- CELAM. (2005). Testigos y servidores de la Palabra. Manual de formación catequética. Bogotá, Colombia.
- Durka, Gloria. (2003). La alegría de ser catequista. San Pablo. Buenos Aires, Argentina.
- Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. (2020). Directorio para la Catequesis.