Is. 49, 15
Pero, ¿puede una mujer olvidarse del niño que cría,
o dejar de querer al hijo de sus entrañas?
Pues bien, aunque alguna lo olvidase,
yo nunca me olvidaría de ti.
Mañana tras mañana,
Tú me despiertas
y me llamas a la vida,
como una madre atenta
que vela por sus hijos.
Gracias por tu fidelidad,
Dios de la Vida,
por tus cuidados,
por tu constante “estar” a mi lado.
Tampoco yo quiero olvidarte,
por eso te ofrezco mi jornada
para vivir según tu Voluntad.
Ilumina mi día, Señor,
Te ofrezco la vida, hecha oración.
– Marcelo A. Murúa