Catequesis / De catequista a catequista

El catequista y sus interlocutores (catequizandos)

Grupo de catequistas caminando hacia una capilla rodeada de naturaleza.

El catequizando tiene un rol central en los procesos catequísticos, hacia él se orienta la acción catequizadora y él es el responsable último de su propio crecimiento en la fe, es al mismo tiempo destinatario y agente. No es un ser abstracto, sino un ser concreto, histórico, situado en un determinado ambiente cultural y religioso, con este antecedente, el catequista tiene el reto de conocer estos datos de sus interlocutores tanto para su relación interpersonal como para adaptar el mensaje cristiano a las distintas situaciones, realidades, ambientes y contextos en que se encuentran sus catequizandos. (CELAM p. 225)

El catequista debe conocer rasgos generales y en especial el proceso espiritual según las distintas etapas de la vida del catequizando a fin de que responda al nuevo paradigma de la catequesis como un proceso de iniciación, crecimiento y madurez de la fe que los acompaña en todos los momentos y etapas de su vida. (CELAM p. 226)

Con todos los elementos descritos es donde se tejen las relaciones humanas catequista-catequizando o interlocutor, las mismas que van tomando forma con los hilos del afecto, el respeto, la acogida, el buen trato, el buen talante, no son relaciones superficiales o momentáneas, se hace una verdadera experiencia de fraternidad y hermandad propias de la comunidad cristiana, como hizo Jesús con sus discípulos. Por su servicio, el catequista desempeña un papel con las personas que acompaña en la fe y es percibido por ellas como una persona de referencia, que ejerce cierta forma de autoridad. Por tanto, es necesario que ese papel se viva con el más absoluto respeto por la conciencia de la persona para evitar cualquier tipo de abuso, ya sea de poder, de influencia, económico o sexual. (DC 142)

Con todo el detalle las palabras del Directorio llaman la atención sobre la manera cómo se ha de establecer y alimentar una convivencia catequística sustentada en lazos de profundo respeto, delicadeza y humildad de parte del catequista que, aunque “tenga cierta autoridad” debe ubicarse en el puesto que le corresponde como cuidador, pastor del rebaño que le ha sido encomendado, la vivencia del mandamiento del amor es la pauta, la brújula de comportamiento.

Al reiterar su compromiso con la maduración humana y cristiana de los catequistas, la Iglesia llama la atención sobre la tarea de vigilar con determinación, para que en el desarrollo de su misión se garantice a cada persona, especialmente a los menores y personas vulnerables, la protección absoluta contra cualquier forma de abuso. (DC 141)

La capacidad relacional que se expresa en la voluntad de vivir los lazos humanos y eclesiales de una manera fraterna y serena de parte del catequista es la que deberá cuidar en cada encuentro y actividad que prepare mirando en cada uno de sus interlocutores la viva imagen de Dios y las expresiones de ternura y cuidado de Jesús cuando se acercaba a la gente que lo buscaba. (DC 140)

Momento de reflexión

  1. ¿Qué aspectos en tus relaciones interpersonales requieren mayor cuidado?
  2. ¿Por qué el lenguaje utilizado determina el grado de convivencia humana?
  3. ¿Cómo crear ambiente fraterno en nuestras catequesis?

Referencias bibliográficas

  • CELAM, 2005, Testigos y servidores de la Palabra. Bogotá.
  • DIRECTORIO para la Catequesis. 2020
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