” Guárdense de las buenas acciones hechas a la vista de todos, a fin de que todos las aprecien. Pues en ese caso, no les quedaría premio alguno que esperar de su Padre que está en el cielo. Cuando ayudes a un necesitado, no lo publiques al son de trompetas; no imites a los que dan espectáculo en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio.
Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha: tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.
Cuando ustedes recen, no imiten a los que dan espectáculo; les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. Pero tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.
Cuando ustedes hagan ayuno, no pongan cara triste, como los que dan espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. Cuando tú hagas ayuno, lávate la cara y perfúmate el cabello. No son los hombres los que notarán tu ayuno, sino tu Padre que ve las cosas secretas, y tu Padre que ve en lo secreto, te premiará. “
Ayúdanos a cambiar el corazón, Señor.
Queremos vivir la conversión
y expresarla con gestos y actitudes
de hombres y mujeres nuevos.
Despierta nuestros oídos
para que escuchemos tu Palabra
en la oración todos los días.
Anímanos a hacerlo.
Empuja nuestras manos
para que compartamos
con los que sufren.
Anima nuestra solidaridad.
Enséñanos a vivir con más sencillez
y a ofrecer parte de lo que tenemos
para aliviar el sufrimiento de otros.
Cambia nuestro corazón para vivirlo.
En esta Cuaresma Señor,
muéstranos el camino de la conversión.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
” Guárdense de las buenas acciones hechas a la vista de todos, a fin de que todos las aprecien. Pues en ese caso, no les quedaría premio alguno que esperar de su Padre que está en el cielo. Cuando ayudes a un necesitado, no lo publiques al son de trompetas; no imites a los que dan espectáculo en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio.
Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha: tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.
Cuando ustedes recen, no imiten a los que dan espectáculo; les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. Pero tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.
Cuando ustedes hagan ayuno, no pongan cara triste, como los que dan espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. Cuando tú hagas ayuno, lávate la cara y perfúmate el cabello. No son los hombres los que notarán tu ayuno, sino tu Padre que ve las cosas secretas, y tu Padre que ve en lo secreto, te premiará. “
Ayúdanos a cambiar el corazón, Señor.
Queremos vivir la conversión
y expresarla con gestos y actitudes
de hombres y mujeres nuevos.
Despierta nuestros oídos
para que escuchemos tu Palabra
en la oración todos los días.
Anímanos a hacerlo.
Empuja nuestras manos
para que compartamos
con los que sufren.
Anima nuestra solidaridad.
Enséñanos a vivir con más sencillez
y a ofrecer parte de lo que tenemos
para aliviar el sufrimiento de otros.
Cambia nuestro corazón para vivirlo.
En esta Cuaresma Señor,
muéstranos el camino de la conversión.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
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