Flp 4, 6-7
“… antes bien, en toda ocasión presenten sus peticiones a Dios y junten la acción de gracias a la súplica. Y la paz de Dios, que es mayor de lo que se puede imaginar, les guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”
¡Qué paz me da orar contigo, Señor!
Al regresar a mi hogar
para el descanso del día,
me guardo un momento
para encontrarme contigo
y evaluar juntos el día.
Quiero pedirte que me ayudes
a ser un fiel discípulo,
servidor tuyo y de mis hermanos.
Quiero ofrecerte toda mi persona
para ser instrumento en tus manos
de tu paz, que llena todo mi ser.
Gracias por la jornada, Señor,
renueva mis fuerzas,
mi esperanza, mi corazón.
– Marcelo A. Murúa
