Oraciones / Para crecer en la Fe

Tiempo de conversión

Cambien el corazón,
corrijan el rumbo,
tomen otro camino:
llega el Señor
y el Reino se ha acercado.
El grito de esperanza
que resuena en el Evangelio
resuena en nuestros oídos
y nos invita, una vez más,
a la conversión de vida.
Necesitamos cambiar, Señor,
danos sabiduría
para revisar nuestra vida,
nuestro caminar,
nuestras opciones y decisiones.
Empapa nuestro corazón
con humildad sincera.
Que seamos capaces
de darnos cuenta…
tanto que tenemos por cambiar.
Dejar el hombre viejo:
el egoísmo que atrapa,
el pensar en uno mismo
antes que en los demás,
el buscar con más afán
lo material que el Reino;
la falta de confianza,
el querer tener seguridades
que no son tuyas…
¡Cuánto nos cuesta, Señor,
ponernos en tus manos!
Cambiar…
Cambiar el corazón de piedra
que nos hace pasar indiferentes
ante el que sufre, el que pide,
el pibe que cierra puertas
o lava vidrios en la calle.
Cambiar la ceguera intencional
que nos hace cerrar los ojos
ante la corrupción y la injusticia
presentes en nuestra sociedad.
Nos ponemos en tus manos;
inúndanos de Evangelio.
Transfórmanos desde adentro
y danos una nueva oportunidad.
Que la oración,
la lectura de tu Palabra,
los gestos de solidaridad y ayuda,
la Eucaristía y la Reconciliación,
nos vayan moldeando
en el espíritu
de las Bienaventuranzas.
Que cambiemos
para amar más y mejor,
en la vida de todos los días,
en las cosas personales
y en los grandes temas sociales.
Que seamos levadura de cambio,
porque, como anunció Medellín,
“no habrá continente nuevo
sin hombres nuevos”.
Cambiar el desinterés y la apatía
para construir alternativas
de esperanza y de justicia.
Cambiar la comodidad
del dejar hacer a otros,
aunque hagan mal
y perjudiquen a tantos.
Cambiar la falta de sensibilidad
ante la falta de trabajo,
de salud, de educación,
de sueldos justos,
que sufren tantos hermanos
en nuestra patria.
¡Ay, Dios, qué duros somos!
Ayúdanos.
Muestra tu luz
y que ella descubra
nuestras sombras y oscuridades.
Porque para cambiar
hay que reconocer los errores.
Ayúdanos a discernir
por dónde estamos fallando,
dónde “aprieta
el zapato del Evangelio”,
que no siempre es cómodo
pero es el único que sirve
para seguirte hacia el Reino.
Que resuenen en nuestros oídos
y se encarnen en nuestras vidas
las palabras de los profetas:
¡Quiero corazones nuevos!
Que practiquen la justicia
y sean solidarios.
Danos valentía, Señor,
para cambiar desde adentro,
para arrancar lo que no sirve
de raíz y con firmeza.
Para cambiar de rumbo
y de mentalidad.
Para vivir el cambio
en gestos concretos
y no “en verso”.
Danos un corazón nuevo,
que aprenda a sentir
con la compasión de Jesús…
danos unos ojos nuevos,
que descubran en el presente
las semillas del Reino…
danos unas manos nuevas,
que ayuden a construir
estructuras de Justicia y de Paz…
Te ofrecemos, Señor,
nuestro esfuerzo y voluntad
para vivir la conversión.
Danos tu ayuda…

– Marcelo A. Murúa

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