¿Qué invitaciones valiosas has postergado porque otras ocupaciones parecían más urgentes?
Al oír estas palabras, uno de los invitados le dijo: «Feliz el que tome parte en el banquete del Reino de Dios.» Jesús respondió: «Un hombre dio un gran banquete e invitó a mucha gente. A la hora de la comida envió a un sirviente a decir a los invitados: «Vengan, que ya está todo listo.» Pero todos por igual comenzaron a disculparse. El primero dijo: «Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo; te ruego que me disculpes.» Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes.» Y otro dijo: «Acabo de casarme y por lo tanto no puedo ir.» Al regresar, el sirviente se lo contó a su patrón, que se enojó. Pero dijo al sirviente: «Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad y trae para acá a los pobres, a los inválidos, a los ciegos y a los cojos.» Volvió el sirviente y dijo: «Señor, se hizo lo que mandaste y todavía queda lugar.» El patrón entonces dijo al sirviente: «Vete por los caminos y por los límites de las propiedades y obliga a la gente a entrar hasta que se llene mi casa. En cuanto a esos señores que había invitado, yo les aseguro que ninguno de ellos probará mi banquete.»
Deja resonar el Evangelio en tu interior. Imagina la escena, observa la situación, recuerda las palabras de Jesús.
En la parábola, todos encuentran una excusa para rechazar la invitación, pero la mesa permanece abierta y todavía hay lugar. ¿Qué sientes que el Señor te está pidiendo hoy y necesita tu respuesta?
Jesús, libera mi corazón de las excusas y ayúdame a reconocer las invitaciones que llenan de sentido mi vida.
Acepta hoy una invitación pendiente al encuentro, al diálogo o al servicio, y hazle un lugar concreto en tu jornada.
Conserva en tu corazón la semilla del discípulo.
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Jesús, libera mi corazón de las excusas y ayúdame a reconocer las invitaciones que llenan de sentido mi vida.
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