El Espíritu lo empujó al desierto, y en el desierto quedó cuarenta días. Allí lo fue a tentar Satanás. Vivía entre los animales del campo, y los ángeles lo servían.
Así comienza San Marcos la vida pública de Jesús. Y así también comienza la vida pública de todos sus discípulos. Tú entre ellos.
Volverás a las raíces para encontrar tu misión. Aceptarás el capullo antes de emprender el vuelo, de la misma manera que tienen que hacerlo las mariposas. Cuando Dios quiere imponer un recodo, el Espíritu empuja hacia la cuaresma.
Pero el Maligno también aparece. Más que un proyecto, lo que él propone es una alternativa de desvío al proyecto de Dios tratando de mantener por el momento las mismas metas ideales. Como el proyecto de Dios impone el silencio, lo incomprensible del sufrimiento y del fracaso, él presentará otro camino que según dice lleva a la misma meta pero esquivando esas realidades.
No será un tiempo de acción. Sino un duro combate previo a la acción. Un prepararte para estar en disponibilidad para el proyecto de Dios. Tendrás hambre. Y el diablo lo aprovechará para sugerirte que conviertas las piedras en pan. Mientras que Dios por el momento sólo te pide que estés disponible para entregarle los cinco pancitos que defienden tu hambre, a fin de que El pueda con ellos alimentar multitudes.
Todo esto tendrá que vivirlo en una geografía muy primitiva e ingenua. Estarás obligado a vivir entre los animales, allí donde el instinto y el Espíritu conviven sin territorios propios, compartiendo una misma geografía vulnerable y sin defensas. Sin que tú lo veas, sin embargo, los ángeles estarán a tu servicio, aunque tú vivas entre animales.
Se te ocurrirán gestos espectaculares en los que de un solo golpe pasarías a ser el centro de las expectativas y de la atención general. Sintiéndote amado por Dios y llevado por los ángeles en sus palmas, te imaginarás grandezas que superan tu capacidad. ¡Cuidado!: en realidad se trata simplemente de tentar a Dios forzando sus proyectos. Eso no es disponibilidad sino presunción.
En ese momento no uses de la Escritura como de un lugar de donde sacar argumentos que te defiendan. Acepta que la Palabra de Dios te frene, te critique, te baje del pináculo de donde habías subido, haciéndote recorrer el camino realista y simple de las escaleras interiores, que no son vistas por las multitudes que se agolpan en la plaza de tu pueblo.
Sentirás también la tentación de la violencia. Tu mirada se ensanchará diabólicamente hasta abarcar la realidad imaginada de todos los reinos de la tierra, y en tu interior sentirás una voz que te asegura que ellos pertenecen a aquellos que han optado por la fuerza del poder de las sombras. Estarás tentado de arrodillarte ante ese poder aceptándolo como camino para llegar a imponer tu verdad a todos los pueblos.
Entonces, muchacho, tomá conciencia de que estás frente a un espejismo diabólico. Las sombras te han invadido la mirada, y todo lo que están viendo es pura ilusión. Solo al Señor tu Dios adorarás, y sólo a El tendrás que servirlo. Sólo la verdad te hará libre. La humilde verdad de cada día, ésa que es abarcada con la mirada limpia que te regalará el tiempo de tu desierto.
Leé, querido hermano, a San Marcos: del versículo 12 hasta el 20, del capítulo primero. Y no te asustes. Esto es sólo el comienzo.
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).
¿Qué escena bíblica de la vida de Jesús utiliza el autor como marco de su relato?
¿De qué manera presenta al desierto?
¿Quién conduce al desierto… a Jesús, a sus discípulos, a todos quienes quieran seguirlo?
¿Qué propone Dios en el desierto? ¿Qué propone el Maligno?
¿Cómo presenta las tentaciones?
El relato nos invita a reflexionar sobre el desierto en la vida de fe, la preparación para conocer y aceptar los caminos que Dios señala para vivir nuestra misión.
¿Recuerdas la cita que el autor señala al final del relato? Releé Mc. 1, 12-20.
¿Qué sucede en el relato evangélico? ¿Alcanzas a reconocer tres momentos importantes en la vida de Jesús: desierto, inicio de la predicación, llamado de los primeros discípulos? Relaciona estos momentos con tu propio camino de fe.
Recorre la descripción que hace el autor de cada tentación… ¿has vivido situaciones parecidas? ¿cuándo?
¿Existen en tu vida estos momentos de desierto… para meditar sobre tu propia vocación y misión?
¿Qué aprendemos para la vida?
Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.
Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:
Condúcenos al desierto de cada día, Señor.
Terminar leyendo la oración.
Condúcenos al desierto, Señor,
al desierto cotidiano
del remanso para estar contigo
a solas,
y escuchar como discípulo,
tu palabra alentadora.
Condúcenos al desierto, Señor,
para hacer silencio
y disfrutar tu presencia,
cercana, maternal,
a lo largo del camino.
Condúcenos al desierto, Señor.
para descubrir tu propuesta,
para dejarnos llevar, como niños,
por la vocación que tú nos revelas
día a día (si estamos atentos…
y disponibles).
Condúcenos al desierto, Señor,
para preparar nuestra misión.
Para despojar nuestras alforjas
de seguridades falsas
y llenarlas solo de Ti.
Señor,
manten siempre nuestra sed de Tí,
para que nos dejemos conducir.
Aclara nuestra mirada
para aprender a contemplar la vida
con tus propios ojos,
mirada del corazón.
Y enséñanos a ofrecerte,
sin demora o mezquindad,
los panes de nuestros dones.
En tus manos
nuestra vida será ofrenda,
y cada día la convertirás
en alimento para los otros.
Milagro diario de ser Evangelio
si aprendemos a vivir
el desierto nuestro de cada día.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
El Espíritu lo empujó al desierto, y en el desierto quedó cuarenta días. Allí lo fue a tentar Satanás. Vivía entre los animales del campo, y los ángeles lo servían.
Así comienza San Marcos la vida pública de Jesús. Y así también comienza la vida pública de todos sus discípulos. Tú entre ellos.
Volverás a las raíces para encontrar tu misión. Aceptarás el capullo antes de emprender el vuelo, de la misma manera que tienen que hacerlo las mariposas. Cuando Dios quiere imponer un recodo, el Espíritu empuja hacia la cuaresma.
Pero el Maligno también aparece. Más que un proyecto, lo que él propone es una alternativa de desvío al proyecto de Dios tratando de mantener por el momento las mismas metas ideales. Como el proyecto de Dios impone el silencio, lo incomprensible del sufrimiento y del fracaso, él presentará otro camino que según dice lleva a la misma meta pero esquivando esas realidades.
No será un tiempo de acción. Sino un duro combate previo a la acción. Un prepararte para estar en disponibilidad para el proyecto de Dios. Tendrás hambre. Y el diablo lo aprovechará para sugerirte que conviertas las piedras en pan. Mientras que Dios por el momento sólo te pide que estés disponible para entregarle los cinco pancitos que defienden tu hambre, a fin de que El pueda con ellos alimentar multitudes.
Todo esto tendrá que vivirlo en una geografía muy primitiva e ingenua. Estarás obligado a vivir entre los animales, allí donde el instinto y el Espíritu conviven sin territorios propios, compartiendo una misma geografía vulnerable y sin defensas. Sin que tú lo veas, sin embargo, los ángeles estarán a tu servicio, aunque tú vivas entre animales.
Se te ocurrirán gestos espectaculares en los que de un solo golpe pasarías a ser el centro de las expectativas y de la atención general. Sintiéndote amado por Dios y llevado por los ángeles en sus palmas, te imaginarás grandezas que superan tu capacidad. ¡Cuidado!: en realidad se trata simplemente de tentar a Dios forzando sus proyectos. Eso no es disponibilidad sino presunción.
En ese momento no uses de la Escritura como de un lugar de donde sacar argumentos que te defiendan. Acepta que la Palabra de Dios te frene, te critique, te baje del pináculo de donde habías subido, haciéndote recorrer el camino realista y simple de las escaleras interiores, que no son vistas por las multitudes que se agolpan en la plaza de tu pueblo.
Sentirás también la tentación de la violencia. Tu mirada se ensanchará diabólicamente hasta abarcar la realidad imaginada de todos los reinos de la tierra, y en tu interior sentirás una voz que te asegura que ellos pertenecen a aquellos que han optado por la fuerza del poder de las sombras. Estarás tentado de arrodillarte ante ese poder aceptándolo como camino para llegar a imponer tu verdad a todos los pueblos.
Entonces, muchacho, tomá conciencia de que estás frente a un espejismo diabólico. Las sombras te han invadido la mirada, y todo lo que están viendo es pura ilusión. Solo al Señor tu Dios adorarás, y sólo a El tendrás que servirlo. Sólo la verdad te hará libre. La humilde verdad de cada día, ésa que es abarcada con la mirada limpia que te regalará el tiempo de tu desierto.
Leé, querido hermano, a San Marcos: del versículo 12 hasta el 20, del capítulo primero. Y no te asustes. Esto es sólo el comienzo.
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).
¿Qué escena bíblica de la vida de Jesús utiliza el autor como marco de su relato?
¿De qué manera presenta al desierto?
¿Quién conduce al desierto… a Jesús, a sus discípulos, a todos quienes quieran seguirlo?
¿Qué propone Dios en el desierto? ¿Qué propone el Maligno?
¿Cómo presenta las tentaciones?
El relato nos invita a reflexionar sobre el desierto en la vida de fe, la preparación para conocer y aceptar los caminos que Dios señala para vivir nuestra misión.
¿Recuerdas la cita que el autor señala al final del relato? Releé Mc. 1, 12-20.
¿Qué sucede en el relato evangélico? ¿Alcanzas a reconocer tres momentos importantes en la vida de Jesús: desierto, inicio de la predicación, llamado de los primeros discípulos? Relaciona estos momentos con tu propio camino de fe.
Recorre la descripción que hace el autor de cada tentación… ¿has vivido situaciones parecidas? ¿cuándo?
¿Existen en tu vida estos momentos de desierto… para meditar sobre tu propia vocación y misión?
¿Qué aprendemos para la vida?
Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.
Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:
Condúcenos al desierto de cada día, Señor.
Terminar leyendo la oración.
Condúcenos al desierto, Señor,
al desierto cotidiano
del remanso para estar contigo
a solas,
y escuchar como discípulo,
tu palabra alentadora.
Condúcenos al desierto, Señor,
para hacer silencio
y disfrutar tu presencia,
cercana, maternal,
a lo largo del camino.
Condúcenos al desierto, Señor.
para descubrir tu propuesta,
para dejarnos llevar, como niños,
por la vocación que tú nos revelas
día a día (si estamos atentos…
y disponibles).
Condúcenos al desierto, Señor,
para preparar nuestra misión.
Para despojar nuestras alforjas
de seguridades falsas
y llenarlas solo de Ti.
Señor,
manten siempre nuestra sed de Tí,
para que nos dejemos conducir.
Aclara nuestra mirada
para aprender a contemplar la vida
con tus propios ojos,
mirada del corazón.
Y enséñanos a ofrecerte,
sin demora o mezquindad,
los panes de nuestros dones.
En tus manos
nuestra vida será ofrenda,
y cada día la convertirás
en alimento para los otros.
Milagro diario de ser Evangelio
si aprendemos a vivir
el desierto nuestro de cada día.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
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