No. No te asustes. Pero tengo que hablar del diablo. Ya sé que no te gusta. A mí tampoco. Pero lo mismo existe.
El diablo no da la cara, a menos que la lucha se dé en su territorio. Generalmente comienza por las cosas a fin de que, privados de ellas, maldigamos a Dios. Si sólo lo amamos por sus beneficios, al quitarnos el diablo esos beneficios, nos separa de Dios.
Si no consigue su proyecto mediante la primera tentación, entonces busca que Dios le permita meterse en nuestro interior para deslumbrarnos allí con alguna idea buena o apasionante pero que, en concreto, nos aleja de lo que estamos haciendo y del proyecto de Dios. Para ello puede usar nuestra misma imaginación, o el consejo de comedidos que siempre abundan para esta función.
Pero cuando se siente echado del interior del hombre, entonces se enfurece y ya busca atacar directamente. Tratará por todos los medios que Dios le permita estropearnos lo que hacemos, arruinar lo que amamos y atacar a aquellas personas que nos han sido confiadas.
Entonces no nos queda otra arma que velar en la oración para no dejarnos sorprender. Para liberar a los nuestros de sus engaños tendremos en primer lugar que rogar al Señor que nos permita ver claro. Tendremos que suplicar a la vez al Señor que les permita también a ellos tomar conciencia de quién es el que los está engañando.
Luego habrá que obrar con firmeza. Para atacar al microbio a veces se hace necesario colocarle una inyección al enfermo. En la historia del Abad San Benito se cuenta de varias palizas propinadas por el Santo a algunos de sus monjes a fin de que el diablo se fuera de ellos. Y en esos casos el monje quedó aliviado, y el diablo se fue con la cola entre las patas, tanto por el castigo cuanto por la vergüenza de haber sido atrapado en sus fechorías.
San Pedro aconsejaba a los primeros cristianos en una carta, escribiéndoles:
-Sean prudentes y estén vigilantes; porque su enemigo el Diablo anda como león rugiente, buscando a quien devorar. Resístanle firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todas partes del mundo están sufriendo las mismas cosas.
Y de esto Pedro sabía. Jesús le había dicho una vez:
-¡Pedro, Pedro! Mira que Satanás los ha pedido a ustedes para zarandearlos, como si fueran trigo; pero también yo pedí por tí para que no te falle la fe. Y tú, cuando estés de vuelta, ayuda a tus hermanos a permanecer firmes.
En aquel entonces. Pedro no lo quiso creer. Pero cuando le tocó el turno de la tentación, aflojó blandito. Pero aprendió la lección. Arrepentido, nos habla con humildad del asunto para ponernos sobre aviso.
Y yo hago lo mismo.
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).
¿De qué y de quién habla el cuento?
¿Cómo presenta su acción? ¿Qué tentaciones produce en las personas?
¿Qué aconseja el autor para fortalecernos frente a su accionar, tanto en nosotros como en las personas que amamos?
¿Qué consejo da Pedro en su carta? ¿Qué le había dicho Jesús a él mismo?
El relato nos invita a reflexionar sobre el poder del mal, su accionar sobre nuestra vida y cómo enfrentarlo.
¿Qué frase del cuento te impactó más?
¿Puedes relacionar la descripción que hace el cuento, de la actuación del diablo, con tu propia experiencia de tentaciones? Compartir con los demás, ¿cómo ha actuado en tu vida? ¿cómo superar las tentaciones?
Leer juntos la cita de la carta de Pedro que aparece en el relato, 1 Pe. 5, 8-9. ¿Qué nos enseña Pedro?
¿Cuál fue la experiencia de Pedro? Releer las palabras de Jesús y relacionarlas con lo que los evangelios nos cuentan de él?
Recordar finalmente cómo hizo Jesús para vencer las tentaciones del diablo en el desierto al comienzo de su vida pública (puedes leer Lc. 4, 1-13)
¿Qué aprendemos para la vida?
Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.
Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:
Danos fuerzas para superar las tentaciones, Señor..
Terminar leyendo la oración.
Danos fuerzas
para superar las tentaciones, Señor.
Que nuestra oración
se mantenga firme, activa,
y presente todos los días
de nuestra vida.
Que la lectura de tu Palabra
nos acompañe cada jornada
para abrevar en ella
el agua viva de tu Espíritu.
Que la Eucaristía
nos ayude a conformar la vida
cada vez más cercanos
a tu proyecto y a tu persona.
Que el amor solidario
a los que más sufren
haga crecer nuestra fe
y nos muestre el sendero de la entrega.
Señor,
acompaña nuestro caminar,
templa nuestro corazón
con tu presencia.
Ayúdanos a vivir
en oración perseverante,
para no caer en la tentación
y seguir siempre tus caminos.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
No. No te asustes. Pero tengo que hablar del diablo. Ya sé que no te gusta. A mí tampoco. Pero lo mismo existe.
El diablo no da la cara, a menos que la lucha se dé en su territorio. Generalmente comienza por las cosas a fin de que, privados de ellas, maldigamos a Dios. Si sólo lo amamos por sus beneficios, al quitarnos el diablo esos beneficios, nos separa de Dios.
Si no consigue su proyecto mediante la primera tentación, entonces busca que Dios le permita meterse en nuestro interior para deslumbrarnos allí con alguna idea buena o apasionante pero que, en concreto, nos aleja de lo que estamos haciendo y del proyecto de Dios. Para ello puede usar nuestra misma imaginación, o el consejo de comedidos que siempre abundan para esta función.
Pero cuando se siente echado del interior del hombre, entonces se enfurece y ya busca atacar directamente. Tratará por todos los medios que Dios le permita estropearnos lo que hacemos, arruinar lo que amamos y atacar a aquellas personas que nos han sido confiadas.
Entonces no nos queda otra arma que velar en la oración para no dejarnos sorprender. Para liberar a los nuestros de sus engaños tendremos en primer lugar que rogar al Señor que nos permita ver claro. Tendremos que suplicar a la vez al Señor que les permita también a ellos tomar conciencia de quién es el que los está engañando.
Luego habrá que obrar con firmeza. Para atacar al microbio a veces se hace necesario colocarle una inyección al enfermo. En la historia del Abad San Benito se cuenta de varias palizas propinadas por el Santo a algunos de sus monjes a fin de que el diablo se fuera de ellos. Y en esos casos el monje quedó aliviado, y el diablo se fue con la cola entre las patas, tanto por el castigo cuanto por la vergüenza de haber sido atrapado en sus fechorías.
San Pedro aconsejaba a los primeros cristianos en una carta, escribiéndoles:
-Sean prudentes y estén vigilantes; porque su enemigo el Diablo anda como león rugiente, buscando a quien devorar. Resístanle firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todas partes del mundo están sufriendo las mismas cosas.
Y de esto Pedro sabía. Jesús le había dicho una vez:
-¡Pedro, Pedro! Mira que Satanás los ha pedido a ustedes para zarandearlos, como si fueran trigo; pero también yo pedí por tí para que no te falle la fe. Y tú, cuando estés de vuelta, ayuda a tus hermanos a permanecer firmes.
En aquel entonces. Pedro no lo quiso creer. Pero cuando le tocó el turno de la tentación, aflojó blandito. Pero aprendió la lección. Arrepentido, nos habla con humildad del asunto para ponernos sobre aviso.
Y yo hago lo mismo.
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).
¿De qué y de quién habla el cuento?
¿Cómo presenta su acción? ¿Qué tentaciones produce en las personas?
¿Qué aconseja el autor para fortalecernos frente a su accionar, tanto en nosotros como en las personas que amamos?
¿Qué consejo da Pedro en su carta? ¿Qué le había dicho Jesús a él mismo?
El relato nos invita a reflexionar sobre el poder del mal, su accionar sobre nuestra vida y cómo enfrentarlo.
¿Qué frase del cuento te impactó más?
¿Puedes relacionar la descripción que hace el cuento, de la actuación del diablo, con tu propia experiencia de tentaciones? Compartir con los demás, ¿cómo ha actuado en tu vida? ¿cómo superar las tentaciones?
Leer juntos la cita de la carta de Pedro que aparece en el relato, 1 Pe. 5, 8-9. ¿Qué nos enseña Pedro?
¿Cuál fue la experiencia de Pedro? Releer las palabras de Jesús y relacionarlas con lo que los evangelios nos cuentan de él?
Recordar finalmente cómo hizo Jesús para vencer las tentaciones del diablo en el desierto al comienzo de su vida pública (puedes leer Lc. 4, 1-13)
¿Qué aprendemos para la vida?
Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.
Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:
Danos fuerzas para superar las tentaciones, Señor..
Terminar leyendo la oración.
Danos fuerzas
para superar las tentaciones, Señor.
Que nuestra oración
se mantenga firme, activa,
y presente todos los días
de nuestra vida.
Que la lectura de tu Palabra
nos acompañe cada jornada
para abrevar en ella
el agua viva de tu Espíritu.
Que la Eucaristía
nos ayude a conformar la vida
cada vez más cercanos
a tu proyecto y a tu persona.
Que el amor solidario
a los que más sufren
haga crecer nuestra fe
y nos muestre el sendero de la entrega.
Señor,
acompaña nuestro caminar,
templa nuestro corazón
con tu presencia.
Ayúdanos a vivir
en oración perseverante,
para no caer en la tentación
y seguir siempre tus caminos.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
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