Recursos / Cuentos pastorales

La ostra perlífera

Cuento de Mamerto Menapace, OSB
Publicado en el libro Madera Verde, Editorial Patria Grande.

Era una ostra marina. No un caracol. Marina era un bicho de profundidad y, como todas las de su raza, había buscado la roca del fondo para agarrarse firmemente a ella. Una vez que lo consiguió, creyó haber dado con el destino claro que le permitiría vivir sin contratiempos su ser de ostra.

Pero el Señor había puesto su mirada en Marina. Y todo lo que en su vida sucedería, tendría como gran responsable al mismo Señor Dios. Porque el Señor Dios en su misterioso plan para ella, había decidido que Marina fuera valiosa. Ella simplemente había deseado ser feliz.

Y un día el Señor Dios colocó en Marina su granito de arena. Literalmente: un granito de arena. Fue durante una tormenta de profundidad. De ésas que casi no provocan oleaje en la superficie, pero que remueven el fondo de los océanos.

Cuando el granito de arena entró en su existencia, Marina se cerró violentamente. Así lo hacía siempre que algo entraba en su vida. Porque es la manera de alimentarse que tienen las ostras. Todo lo que entra en su vida es atrapado, desintegrado y asimilado. Si esto no es posible, se expulsa hacia el exterior el objeto extraño.

Pero con el granito de arena, la Ostra Marina no pudo hacer lo de siempre. Bien pronto constató que aquello era sumamente doloroso. La hería por dentro. Lejos de desintegrarse, más bien la lastimaba a ella. Quiso entonces expulsar ese cuerpo extraño. Pero no pudo.

Ahí comenzó el drama de Marina. Lo que Dios le había mandado pertenecía a aquellas realidades que no se dejan integrar y tampoco se pueden suprimir. El granito de arena era indigerible e inexpulsable. Y cuando trató de olvidarlo, tampoco lo pudo. Porque las realidades dolorosas que Dios envía son imposibles de olvidar o de ignorar. Están siempre presentes.

Frente a esta situación, se hubiera pensado que a Marina no le quedaba más que un camino: luchar contra su dolor, rodeándolo con el pus de su amargura, generando un tumor que terminaría por explotarle envenenando su vida y la de todos lo que la rodeaban.

Pero en su vida había una hermosa cualidad. Era capaz de producir sustancias sólidas. Normalmente las ostras dedican esta cualidad a su tarea de fabricarse un caparazón defensivo, rugoso por fuera y terso por dentro. Pero también pueden dedicarlo a la construcción de una perla. Y eso fue lo que realizó Marina. Poco a poco, y con lo mejor de sí misma, fue rodeando el granito de arena del dolor que Dios le había mandado, y a su alrededor comenzó a nuclear una hermosa perla.

Me han comentado que normalmente las ostras no tienen perlas. Que éstas son producidas sólo por aquéllas que se deciden a rodear, con lo mejor de sí mismas, el dolor de un cuerpo extraño que las ha herido.

Muchos años después de la muerte de Marina, unos buzos bajaron hasta el fondo del mar. Cuando la sacaron a la superficie, se encontró en ella la hermosa perla de su vida. Al verla brillar con todos los colores del cielo y del mar, nadie se preguntó si Marina había sido feliz. Simplemente supieron que había sido valiosa.

Guía Pastoral por Marcelo A. Murúa
Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

¿De qué habla el cuento?

¿Cómo presenta a la ostra y a su vida?

¿Qué sucede durante una tormenta con Marina? ¿Qué experimenta? ¿Qué opciones tiene?

¿Cuál es su decisión? ¿Qué sucede al final del cuento?

Descubriendo el mensaje

El relato nos invita a reflexionar sobre los dolores que acontecen en la vida y nuestra capacidad para transformarlos en algo bueno, para nuestras vidas y para los demás.

¿Qué frase del cuento te impactó más?

¿Alguna vez te ocurrió algo semejante a Marina?

¿Qué cosas de tu vida pueden ser como el “granito de arena” de Marina? ¿Por qué?

Compartir con los demás participantes del grupo algún dolor profundo que hayas experimentado en tu vida. ¿En qué te ha hecho pensar ese dolor? ¿Ha motivado algún cambio en tu vida?

¿Qué aprendemos para la vida?

Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.

Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:

Ayúdanos a transformar nuestros dolores, Señor..

Terminar leyendo la oración.

Ayúdanos a transformar nuestros dolores, Señor

Señor,
ayúdanos a transformar
nuestros dolores.
Tú conoces nuestro corazón,
y sabes las situaciones y experiencias
que nos han herido en lo profundo.

Señor, sana nuestro interior
y ayúdanos a superar
los momentos difíciles
que nos han tocado vivir.

Transforma los dolores
que anidan en nuestro ser
en semillas de esperanza
y entrega para los demás.

Enséñanos a resucitar
de nuestras heridas
para aprender de la vida,
para tomar fuerzas,
aún en la debilidad,
porque confiamos a Tí.

Que aprendamos de María,
la virgen fiel,
que supo transformar
el dolor profundo de la Pasión
y de tu muerte injusta,
en esperanza activa
y acompañamiento cercano,
caminando y animando
a la comunidad de discípulos.

Que nuestros dolores
nos ayuden a descubrir
valores y capacidades
que a veces están ocultas
en nosotros,
y que la vida des-cubre
para que los multipliquemos
y aprovechemos
en beneficio de los demás.

En tus manos, Señor,
ponemos nuestros dolores,
te confiamos nuestras heridas.
Tú nos ayudarás
a transformas esas pequeñas muertes
en esperanza y vida
para compartir a quienes nos rodean.

– Que así sea –

Marcelo A. Murúa

Era una ostra marina. No un caracol. Marina era un bicho de profundidad y, como todas las de su raza, había buscado la roca del fondo para agarrarse firmemente a ella. Una vez que lo consiguió, creyó haber dado con el destino claro que le permitiría vivir sin contratiempos su ser de ostra.

Pero el Señor había puesto su mirada en Marina. Y todo lo que en su vida sucedería, tendría como gran responsable al mismo Señor Dios. Porque el Señor Dios en su misterioso plan para ella, había decidido que Marina fuera valiosa. Ella simplemente había deseado ser feliz.

Y un día el Señor Dios colocó en Marina su granito de arena. Literalmente: un granito de arena. Fue durante una tormenta de profundidad. De ésas que casi no provocan oleaje en la superficie, pero que remueven el fondo de los océanos.

Cuando el granito de arena entró en su existencia, Marina se cerró violentamente. Así lo hacía siempre que algo entraba en su vida. Porque es la manera de alimentarse que tienen las ostras. Todo lo que entra en su vida es atrapado, desintegrado y asimilado. Si esto no es posible, se expulsa hacia el exterior el objeto extraño.

Pero con el granito de arena, la Ostra Marina no pudo hacer lo de siempre. Bien pronto constató que aquello era sumamente doloroso. La hería por dentro. Lejos de desintegrarse, más bien la lastimaba a ella. Quiso entonces expulsar ese cuerpo extraño. Pero no pudo.

Ahí comenzó el drama de Marina. Lo que Dios le había mandado pertenecía a aquellas realidades que no se dejan integrar y tampoco se pueden suprimir. El granito de arena era indigerible e inexpulsable. Y cuando trató de olvidarlo, tampoco lo pudo. Porque las realidades dolorosas que Dios envía son imposibles de olvidar o de ignorar. Están siempre presentes.

Frente a esta situación, se hubiera pensado que a Marina no le quedaba más que un camino: luchar contra su dolor, rodeándolo con el pus de su amargura, generando un tumor que terminaría por explotarle envenenando su vida y la de todos lo que la rodeaban.

Pero en su vida había una hermosa cualidad. Era capaz de producir sustancias sólidas. Normalmente las ostras dedican esta cualidad a su tarea de fabricarse un caparazón defensivo, rugoso por fuera y terso por dentro. Pero también pueden dedicarlo a la construcción de una perla. Y eso fue lo que realizó Marina. Poco a poco, y con lo mejor de sí misma, fue rodeando el granito de arena del dolor que Dios le había mandado, y a su alrededor comenzó a nuclear una hermosa perla.

Me han comentado que normalmente las ostras no tienen perlas. Que éstas son producidas sólo por aquéllas que se deciden a rodear, con lo mejor de sí mismas, el dolor de un cuerpo extraño que las ha herido.

Muchos años después de la muerte de Marina, unos buzos bajaron hasta el fondo del mar. Cuando la sacaron a la superficie, se encontró en ella la hermosa perla de su vida. Al verla brillar con todos los colores del cielo y del mar, nadie se preguntó si Marina había sido feliz. Simplemente supieron que había sido valiosa.

Guía Pastoral
por Marcelo A. Murúa
Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

¿De qué habla el cuento?

¿Cómo presenta a la ostra y a su vida?

¿Qué sucede durante una tormenta con Marina? ¿Qué experimenta? ¿Qué opciones tiene?

¿Cuál es su decisión? ¿Qué sucede al final del cuento?

Descubriendo el mensaje

El relato nos invita a reflexionar sobre los dolores que acontecen en la vida y nuestra capacidad para transformarlos en algo bueno, para nuestras vidas y para los demás.

¿Qué frase del cuento te impactó más?

¿Alguna vez te ocurrió algo semejante a Marina?

¿Qué cosas de tu vida pueden ser como el “granito de arena” de Marina? ¿Por qué?

Compartir con los demás participantes del grupo algún dolor profundo que hayas experimentado en tu vida. ¿En qué te ha hecho pensar ese dolor? ¿Ha motivado algún cambio en tu vida?

¿Qué aprendemos para la vida?

Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.

Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:

Ayúdanos a transformar nuestros dolores, Señor..

Terminar leyendo la oración.

Ayúdanos a transformar nuestros dolores, Señor

Señor,
ayúdanos a transformar
nuestros dolores.
Tú conoces nuestro corazón,
y sabes las situaciones y experiencias
que nos han herido en lo profundo.

Señor, sana nuestro interior
y ayúdanos a superar
los momentos difíciles
que nos han tocado vivir.

Transforma los dolores
que anidan en nuestro ser
en semillas de esperanza
y entrega para los demás.

Enséñanos a resucitar
de nuestras heridas
para aprender de la vida,
para tomar fuerzas,
aún en la debilidad,
porque confiamos a Tí.

Que aprendamos de María,
la virgen fiel,
que supo transformar
el dolor profundo de la Pasión
y de tu muerte injusta,
en esperanza activa
y acompañamiento cercano,
caminando y animando
a la comunidad de discípulos.

Que nuestros dolores
nos ayuden a descubrir
valores y capacidades
que a veces están ocultas
en nosotros,
y que la vida des-cubre
para que los multipliquemos
y aprovechemos
en beneficio de los demás.

En tus manos, Señor,
ponemos nuestros dolores,
te confiamos nuestras heridas.
Tú nos ayudarás
a transformas esas pequeñas muertes
en esperanza y vida
para compartir a quienes nos rodean.

– Que así sea –

Marcelo A. Murúa

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