Recursos / Cuentos pastorales

La renuncia y la madurez

Cuento de Mamerto Menapace, OSB
Publicado en el libro Madera Verde, Editorial Patria Grande.

En enero es frecuente encontrar árboles que se doblan bajo el peso de la madurez de sus frutas. Y uno se pregunta qué toscas lamerán sus raíces, para parir semejante verano. Sobre todo cuando a su lado se ven crecer los cardos que se alimentan de la superficie y se atrincheran de espinas para defender lo que nadie les codicia. De una misma fertilidad, dos historias diferentes. Diferente profundidad.

Frente a mi ventana se alinean unos curiosos árboles frutales. No maduran su fruta para enero. Las guardan para cuando comienzan los fríos. Son los caquis. En el amanecer les escucho el ruido que hacen sus frutas pequeñas al desprenderse aún verdes del árbol. Sus frutas que ellos mismos dejan caer, mucho antes de haber sido plenamente.

Quizá estos árboles se liberan simplemente de algunas de sus posibilidades porque su instinto de frutal les dice que no podrán llevar toda su carga hasta la madurez. Han florecido ancho. Pero ahora, al ir respondiendo a las exigencias del crecimiento, reconocen que sus raíces, no darán para tanta fruta. Y por eso, por fidelidad a la madurez de lo que entregarán, renuncian al número de los que poseen.

El árbol de caquis tiene algo de original. No necesita la poda del jardinero. Lento en su crecimiento, se va agrandando con armonía. Como no exagera, no lo frenan.

Y sin embargo, en el silencio del amanecer, siento rodar entre el follaje los pequeños frutos que golpean sordamente contra el suelo. Es como si por previa decisión renunciara a ellos a fin de llevar a la madurez los que retiene. Son tantos los que caen, que aquel que sólo los observa de pasada, creería que se trata de un fracaso total. Cuando se está frente a un árbol de esta especie, no debemos preocuparnos por el número de las posibilidades a las que renuncia, sino por la fidelidad a lo que consagra su savia.

Envueltos en la neblina del amanecer, los caquis, lloran lágrimas verdes de frutas pequeñas, renuncia que les exige la fidelidad de lo que está destinado a madurar.

El árbol acepta el equilibrio que le imponen las raíces. Porque en definitiva sólo ellas conocen las auténticas posibilidades de cada árbol. Sólo ellas están en contacto con lo fértil que las alimenta. Están hundidas profundamente en la tierra.

Y a la vez el mismo árbol conoce las posibilidades de sus raíces, cosa que ignoran los demás, por ocultárselas la tierra. Por eso cuando siento a un árbol renunciar al número de sus frutas, pienso que en la noche ha dialogado con sus raíces. Lo que explica la renuncia del amanecer.

Cuando los fríos comiencen, el dulzor de sus frutas será tanto, que ya nadie pensará en el pasado. La renuncia quedará en el secreto misterio de la generosidad del árbol.

Notas del redactor:

– enero en el hemisferio sur es la época del verano.

– “toscas” es sinónimo de piedras (en Argentina)

Guía Pastoral por Marcelo A. Murúa
Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el cuento en forma oral (se lo vuelve a contar).

¿Qué observa el autor que sucede con los árboles en el verano? ¿Qué le llama la atención?

¿Qué sucede con los árboles frutales que tiene frente a su ventana?

¿Por qué se desprenden de algunos de sus frutos? ¿En qué los beneficia ese aparente “fracaso”?

¿De qué depende, a juicio del autor, este proceso de desprendimiento? ¿Qué papel cumplen las raíces en estas renuncias?

Descubriendo el mensaje

El cuento es bellísimo y muy profundo para trabajar el proceso vocacional y sus renuncias.

Relacionar el cuento con la vida personal de cada uno. ¿Es sencillo renunciar a nuestras posibilidades de dar muchos (exagerados) frutos para concentrar nuestras fuerzas solo en algunos (tal vez los verdaderamente importantes)?

¿Qué suele pasar con nosotros cuando nos “cargamos” de actividades en nuestra vida pastoral?

¿Qué proceso realiza el arbol frutal que describe el cuento?

¿Cuál sería el equivalente, en nuestra vida, de las raíces?

¿Qué sería, en nuestra vida, ese diálogo de las raíces, en lo profundo, en contacto con lo que fertiliza nuestros frutos?

¿Qué renuncias significativas hemos debido realizar en nuestro camino de vida para responder a los desafíos de nuestra vocación? Compartir con los demás.

Confrontar el cuento con tu realidad de vida actual, ¿te está pidiendo el Señor alguna renuncia… que implique dar fruto más adelante? Compartir con los demás.

Apreciar que el cuento presenta un proceso personal de discernimiento… acá no hay una mano de afuera que pode (que a veces también es necesario) sino un proceso interior que, por el camino de las renuncias, llega a dar muchos frutos. Pensar y aplicar esto a la vida personal.

¿Qué aprendemos para nuestra vida a partir del cuento?

Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje de la poesía para nuestra vida.

Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:

Ayúdame a renunciar para dar mejores frutos, Señor..

Terminar leyendo la oración.

Ayúdame a renunciar para dar mejores frutos

Ayúdame a renunciar
para dar mejores frutos, Señor.

Enséñame a despojarme
de lo que no es importante,
para concentrar mis fuerzas
en vivir con fidelidad
la misión a la que me llamas.

Ayúdame a buscarte
en el silencio de mi interior
para dialogar contigo
los caminos que debo seguir,
las tareas que debo realizar,
las decisiones que debo tomar.

Muéstrame el camino de la humildad
para reconocer que es lo que puedo,
y no querer ser omnipotente,
en mi debilidad encuentro tu fuerza
que me sostiene y alimenta
para dar los frutos esperados.

Dame Señor
la sabiduría de la naturaleza
que deja caer algunos frutos
que todavía no han madurado
para continuar el crecimiento
de otros que sí llegaran a término,
gracias a la renuncia
(silenciosa)
de los que cayeron.

Señor,
enséñame el valor de las renuncias
para que despojándome de parte
pueda dar los frutos
que tu esperas de mi entrega.

– Que así sea –

Marcelo A. Murúa

En enero es frecuente encontrar árboles que se doblan bajo el peso de la madurez de sus frutas. Y uno se pregunta qué toscas lamerán sus raíces, para parir semejante verano. Sobre todo cuando a su lado se ven crecer los cardos que se alimentan de la superficie y se atrincheran de espinas para defender lo que nadie les codicia. De una misma fertilidad, dos historias diferentes. Diferente profundidad.

Frente a mi ventana se alinean unos curiosos árboles frutales. No maduran su fruta para enero. Las guardan para cuando comienzan los fríos. Son los caquis. En el amanecer les escucho el ruido que hacen sus frutas pequeñas al desprenderse aún verdes del árbol. Sus frutas que ellos mismos dejan caer, mucho antes de haber sido plenamente.

Quizá estos árboles se liberan simplemente de algunas de sus posibilidades porque su instinto de frutal les dice que no podrán llevar toda su carga hasta la madurez. Han florecido ancho. Pero ahora, al ir respondiendo a las exigencias del crecimiento, reconocen que sus raíces, no darán para tanta fruta. Y por eso, por fidelidad a la madurez de lo que entregarán, renuncian al número de los que poseen.

El árbol de caquis tiene algo de original. No necesita la poda del jardinero. Lento en su crecimiento, se va agrandando con armonía. Como no exagera, no lo frenan.

Y sin embargo, en el silencio del amanecer, siento rodar entre el follaje los pequeños frutos que golpean sordamente contra el suelo. Es como si por previa decisión renunciara a ellos a fin de llevar a la madurez los que retiene. Son tantos los que caen, que aquel que sólo los observa de pasada, creería que se trata de un fracaso total. Cuando se está frente a un árbol de esta especie, no debemos preocuparnos por el número de las posibilidades a las que renuncia, sino por la fidelidad a lo que consagra su savia.

Envueltos en la neblina del amanecer, los caquis, lloran lágrimas verdes de frutas pequeñas, renuncia que les exige la fidelidad de lo que está destinado a madurar.

El árbol acepta el equilibrio que le imponen las raíces. Porque en definitiva sólo ellas conocen las auténticas posibilidades de cada árbol. Sólo ellas están en contacto con lo fértil que las alimenta. Están hundidas profundamente en la tierra.

Y a la vez el mismo árbol conoce las posibilidades de sus raíces, cosa que ignoran los demás, por ocultárselas la tierra. Por eso cuando siento a un árbol renunciar al número de sus frutas, pienso que en la noche ha dialogado con sus raíces. Lo que explica la renuncia del amanecer.

Cuando los fríos comiencen, el dulzor de sus frutas será tanto, que ya nadie pensará en el pasado. La renuncia quedará en el secreto misterio de la generosidad del árbol.

Notas del redactor:

– enero en el hemisferio sur es la época del verano.

– “toscas” es sinónimo de piedras (en Argentina)

Guía Pastoral
por Marcelo A. Murúa
Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el cuento en forma oral (se lo vuelve a contar).

¿Qué observa el autor que sucede con los árboles en el verano? ¿Qué le llama la atención?

¿Qué sucede con los árboles frutales que tiene frente a su ventana?

¿Por qué se desprenden de algunos de sus frutos? ¿En qué los beneficia ese aparente “fracaso”?

¿De qué depende, a juicio del autor, este proceso de desprendimiento? ¿Qué papel cumplen las raíces en estas renuncias?

Descubriendo el mensaje

El cuento es bellísimo y muy profundo para trabajar el proceso vocacional y sus renuncias.

Relacionar el cuento con la vida personal de cada uno. ¿Es sencillo renunciar a nuestras posibilidades de dar muchos (exagerados) frutos para concentrar nuestras fuerzas solo en algunos (tal vez los verdaderamente importantes)?

¿Qué suele pasar con nosotros cuando nos “cargamos” de actividades en nuestra vida pastoral?

¿Qué proceso realiza el arbol frutal que describe el cuento?

¿Cuál sería el equivalente, en nuestra vida, de las raíces?

¿Qué sería, en nuestra vida, ese diálogo de las raíces, en lo profundo, en contacto con lo que fertiliza nuestros frutos?

¿Qué renuncias significativas hemos debido realizar en nuestro camino de vida para responder a los desafíos de nuestra vocación? Compartir con los demás.

Confrontar el cuento con tu realidad de vida actual, ¿te está pidiendo el Señor alguna renuncia… que implique dar fruto más adelante? Compartir con los demás.

Apreciar que el cuento presenta un proceso personal de discernimiento… acá no hay una mano de afuera que pode (que a veces también es necesario) sino un proceso interior que, por el camino de las renuncias, llega a dar muchos frutos. Pensar y aplicar esto a la vida personal.

¿Qué aprendemos para nuestra vida a partir del cuento?

Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje de la poesía para nuestra vida.

Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:

Ayúdame a renunciar para dar mejores frutos, Señor..

Terminar leyendo la oración.

Ayúdame a renunciar para dar mejores frutos

Ayúdame a renunciar
para dar mejores frutos, Señor.

Enséñame a despojarme
de lo que no es importante,
para concentrar mis fuerzas
en vivir con fidelidad
la misión a la que me llamas.

Ayúdame a buscarte
en el silencio de mi interior
para dialogar contigo
los caminos que debo seguir,
las tareas que debo realizar,
las decisiones que debo tomar.

Muéstrame el camino de la humildad
para reconocer que es lo que puedo,
y no querer ser omnipotente,
en mi debilidad encuentro tu fuerza
que me sostiene y alimenta
para dar los frutos esperados.

Dame Señor
la sabiduría de la naturaleza
que deja caer algunos frutos
que todavía no han madurado
para continuar el crecimiento
de otros que sí llegaran a término,
gracias a la renuncia
(silenciosa)
de los que cayeron.

Señor,
enséñame el valor de las renuncias
para que despojándome de parte
pueda dar los frutos
que tu esperas de mi entrega.

– Que así sea –

Marcelo A. Murúa

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