Una reinterpretación de algunos factores que intervienen en la transmisión de la fe también se constituye en un ejercicio obligado, como por ejemplo el testimonio. En la mayoría de culturas y religiones, el testigo ha sido y es una pieza fundamental para su supervivencia; el testigo ofrece a los individuos y a las colectividades, maneras para superar el callejón sin salida individual y grupal de la sociedad. Con frecuencia, el testigo y el sabio son dos figuras espirituales muy próximas, que en algunos casos llegan incluso a identificarse. El hecho de dar testimonio, el testimoniar, implica que alguien desinteresadamente, se hace garante de la verdad, proclamándola a alguien y a favor de alguien. (Tesis. Coronado p. 38)
Un rasgo muy relevante de un testigo es que su testimonio acostumbra a superar las compartimentaciones habituales entre hacer, decir y ser. El ser testigo se encuentra presente en su decir y en su hacer. En el ámbito religioso es una cuestión de vida o muerte. Es en las transmisiones religiosas donde el testimonio del transmisor adquiere un valor imponderable, porque con la propia vida cotidiana hace creíble lo que anuncia. (Duch p. 83-85)
Como un rasgo que debe acompañar la tarea del catequista se propone sea el mismo testimonio vivo y proclamación silenciosa de lo que predica y sea testigo, compañero de camino, creyente con sus limitaciones y equivocaciones, que se atreva a decir y a mostrar sus razones para vivir y esperar. (AIDM n. 138, 139)
En el Directorio para la Catequesis se enfatiza que el catequista es testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios al tener experiencia del encuentro con Jesús, el catequista guarda, nutre y da testimonio de la nueva vida que deriva de Él y se convierte en un signo para los demás. El testimonio de la vida es necesario para la credibilidad de la misión. Reconociendo sus debilidades ante la misericordia de Dios, el catequista nunca deja de ser signo de la esperanza para sus hermanos. (DC 113ª)
Si su testimonio de vida es el deseable, su misma persona será el modelo, “el medio audiovisual” más respetable y creíble, que estimula a vivir auténticamente el Evangelio de acuerdo a su condición laical. (CELAM p. 188).
Dado que la misión primordial de la Iglesia es anunciar a Dios y ser testimonio de Él ante el mundo, el catequista ha de ser capaz de dar testimonio de su fe en Dios y de responder a la inquietud más honda del corazón humano, muchas veces no consciente: la sed de absoluto anida en él. Solo un catequista así devolverá al ser humano el hondo sentido de la vida y le hará gustar el camino de la verdadera felicidad. El catequista siguiendo a Jesús ha de saber presentar el Evangelio en relación con la vida diaria, es fundamental, que la palabra del catequista esté respaldada por el testimonio de su vida, Jesús así lo hacía: “aunque no me creáis a mí, creed en las obras”. Sin este respaldo testimonial, la palabra del catequista sonará hueca, será una palabra abstracta. (Diccionario 425, 426)
Momento de reflexión
- ¿Cómo entiende el término testimonio?
- ¿Por qué el testimonio de vida debe ser un rasgo del catequista?
- Haga un comentario a las dos líneas finales del documento.
Referencias bibliográficas
- CELAM, 2015, La alegría de iniciar discípulos misioneros en el cambio de época. Bogotá.
- CELAM, 2005, Testigos y servidores de la Palabra. Bogotá.
- Coronado, C, 2020. La catequesis cristiana como asunto hermenéutico. Tesis doctoral. UPB. Medellín. Colombia.
- Duch, L. 2009. La crisis en la transmisión de la fe. Madrid. PPC.
- Pedrosa. V y otros. 1999. Nuevo diccionario de catequética. Paulinas. Madrid.