¿Qué cosas te dan una alegría profunda, que no depende de tus logros ni de que todo salga bien?
Los setenta y dos discípulos volvieron muy contentos, diciendo: «Señor, hasta los demonios nos obedecen al invocar tu nombre.» Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren que les he dado autoridad para pisotear serpientes y escorpiones y poder sobre toda fuerza enemiga: no habrá arma que les haga daño a ustedes. Sin embargo, alégrense no porque los demonios se someten a ustedes, sino más bien porque sus nombres están escritos en los cielos.» En ese momento Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu voluntad. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos; nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; nadie sabe quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera dárselo a conocer.» Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque yo les digo, que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.»
Deja resonar el Evangelio en tu interior. Imagina la escena, observa la situación, recuerda las palabras de Jesús.
Los discípulos vuelven felices por lo que han logrado; Jesús los invita a mirar más hondo. ¿Dónde descubres la fuente de tu verdadera alegría?
Padre bueno, gracias porque me conoces y me amas. Que esa certeza sostenga hoy mi alegría.
Haz una pausa y agradece al Padre una alegría sencilla que hayas recibido en estos días.
Conserva en tu corazón la semilla del discípulo.
Descarga la tarjeta para guardarla en tu teléfono o compartir esta Minilectio por WhatsApp y redes sociales.
Si quieres recibir todos los días la Minilectio en tu WhatsApp,
¿Qué cosas te dan una alegría profunda, que no depende de tus logros ni de que todo salga bien?
Los setenta y dos discípulos volvieron muy contentos, diciendo: «Señor, hasta los demonios nos obedecen al invocar tu nombre.» Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren que les he dado autoridad para pisotear serpientes y escorpiones y poder sobre toda fuerza enemiga: no habrá arma que les haga daño a ustedes. Sin embargo, alégrense no porque los demonios se someten a ustedes, sino más bien porque sus nombres están escritos en los cielos.» En ese momento Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu voluntad. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos; nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; nadie sabe quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera dárselo a conocer.» Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque yo les digo, que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.»
Deja resonar el Evangelio en tu interior. Imagina la escena, observa la situación, recuerda las palabras de Jesús.
Los discípulos vuelven felices por lo que han logrado; Jesús los invita a mirar más hondo. ¿Dónde descubres la fuente de tu verdadera alegría?
Padre bueno, gracias porque me conoces y me amas. Que esa certeza sostenga hoy mi alegría.
Haz una pausa y agradece al Padre una alegría sencilla que hayas recibido en estos días.
Conserva en tu corazón la semilla del discípulo.
Descarga la tarjeta para guardarla en tu teléfono o compartir esta Minilectio por WhatsApp y redes sociales.
Si quieres recibir todos los días la Minilectio en tu WhatsApp,
Comparte esta Minilectio