Sant 1, 23-25
El que escucha la palabra y no la practica es como aquel hombre que se miraba en el espejo, pero apenas se miraba, se iba y se olvidaba de cómo era. Todo lo contrario el que fija su atención en la Ley perfecta de la libertad y persevera en ella, no como oyente olvidadizo, sino como activo cumplidor; éste será dichoso al practicarla.
Cada noche de mi vida, Señor,
quiero mirarme en el espejo
de tu Palabra.
Confrontar lo que he hecho
en este día,
con tus enseñanzas.
Descubrir tu presencia
en mi jornada,
aprender y cambiar
lo que me aleja de ti y de los demás.
Tomar nuevas fuerzas para vivir
y dejar que ella guíe mi senda,
para conocerme mejor
y responderte con María:
Aquí estoy para hacer tu voluntad, Señor.
Gracias por la jornada, Señor,
renueva mis fuerzas,
mi esperanza, mi corazón.
– Marcelo A. Murúa
