Tit 3, 8
Una cosa es cierta, y en ella debes insistir: los que creen en Dios han de destacarse en el bien que puedan hacer. Ahí está lo bueno y lo que realmente aprovecha a la sociedad.
Haz de cada uno
de tus discípulas y discípulos, Señor,
un constructor esperanzado
de la nueva sociedad.
Que todo el que crea
en el Dios de la Vida,
comprometa sus esfuerzos,
su tiempo y su persona,
para trabajar por la justicia.
Que todos juntos, Señor,
hagamos una tierra de paz
donde vivamos como
hermanos y hermanas.
Que el fin de cada día
nos haya acercado un paso
al horizonte del Reino.
Gracias por la jornada, Señor,
renueva mis fuerzas,
mi esperanza, mi corazón.
– Marcelo A. Murúa
