Lc 1, 46-49
María dijo entonces:
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque se fijó en su humilde esclava,
y desde ahora todas las generaciones me dirán feliz.
El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí: ¡Santo es su Nombre!
Con María, Señor,
te cantamos y alabamos,
porque haces maravillas
en nuestra vida cada día.
Con María, Señor,
nos dejamos sorprender
por tu Amor Grande, puro Don,
que nos alegra la vida cada día.
Con María, Señor,
te ofrecemos y entregamos
nuestras manos para servir
a todos en la vida cada día.
Gracias por la jornada, Señor,
renueva mis fuerzas,
mi esperanza, mi corazón.
– Marcelo A. Murúa
