María,
Madre de los creyentes,
que acompañaste en sus inicios
a la primera comunidad
iniciándolos en la oración confiada
y la apertura al don del Espíritu,
camina hoy junto a nosotros,
para guiarnos en la huella de Jesús.
María,
Madre de los fieles,
que acompañas al pueblo de Dios
en sus alegrías y en sus dolores,
a lo largo de la historia de la Iglesia,
renovando nuestra esperanza
y fortaleciendo nuestra fe,
muéstranos el rostro de Jesús,
para reconocerlo hoy
donde quiere ser servido.
María,
Madre de todos los que renacen en Cristo,
animados por la fuerza de su Espíritu,
que hace nueva la vida
cuando aceptamos en el corazón la Palabra
y la llevamos a la práctica,
como nos enseñas con tu ejemplo,
enséñanos a abrir el corazón
para acoger en nuestro interior
la gracia de Dios que nos llena
para descubrir y vivir nuestra propia vocación.
María,
Madre de la Iglesia,
que en la cruz del Señor
renuevas tu sí generoso
para abrazar con tu guía maternal
a todos los que tu Hijo ama
y queremos amarlo y seguir sus enseñanzas,
guíanos por el camino de la fidelidad
para ser hoy testigos del Reino en el mundo.
María de Belén,
Madre de Jesús;
María del cenáculo en Jerusalén,
Madre de discípulos;
inspira nuestra espiritualidad
para vivir cada día
el seguimiento de Jesús
en nuestros sentimientos,
en nuestras actitudes,
en nuestros gestos,
en nuestras palabras.
Ayúdanos, Madre,
a ser discípulos misioneros,
con oídos abiertos a la Palabra,
con corazón humilde para guardarla,
con manos y pies dispuestos
para el servicio del amor y la ternura,
siempre atentos a Jesús,
guiados por el eco de tu voz:
"Hagan todo lo que Él les diga".
– Marcelo A. Murúa