” Saliendo de las tierras de Tiro, Jesús pasó por Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al territorio de la Decápolis. Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad, y le pidieron que le impusiera la mano. Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. En seguida levantó los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Effatá», que quiere decir: «Ábrete». Al instante se le abrieron los oídos, le desapareció el defecto de la lengua y comenzó a hablar correctamente. Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, tanto más ellos lo publicaban. Estaban fuera de sí y decían muy asombrados: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» “
Señor de la Vida,
te ofrezco mi persona
para ser portavoz de tu mensaje.
En mi voz tus palabras, Señor,
para dar a conocer
tus enseñanzas.
En mi voz tus palabras, Señor,
para servir a tu causa
y anunciar tu presencia.
Abre, Jesús,
nuestros oídos y boca,
para llenarlos de tu mensaje,
para ser tus testigos
y el eco de tus palabras.
Marcelo A. Murúa
” Saliendo de las tierras de Tiro, Jesús pasó por Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al territorio de la Decápolis. Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad, y le pidieron que le impusiera la mano. Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. En seguida levantó los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Effatá», que quiere decir: «Ábrete». Al instante se le abrieron los oídos, le desapareció el defecto de la lengua y comenzó a hablar correctamente. Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, tanto más ellos lo publicaban. Estaban fuera de sí y decían muy asombrados: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» “
Señor de la Vida,
te ofrezco mi persona
para ser portavoz de tu mensaje.
En mi voz tus palabras, Señor,
para dar a conocer
tus enseñanzas.
En mi voz tus palabras, Señor,
para servir a tu causa
y anunciar tu presencia.
Abre, Jesús,
nuestros oídos y boca,
para llenarlos de tu mensaje,
para ser tus testigos
y el eco de tus palabras.
Marcelo A. Murúa
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