” Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían. Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia.» Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer. “
Jesús,
carpintero sencillo de Nazaret,
Tú nos muestras
el rostro vivo de Dios
encarnado en nuestra historia,
con rasgos, manos y espíritu
de trabajador de su pueblo.
Hoy, como ayer,
muchos no reconocen
tu Presencia,
porque esperan y creen
en un dios a su medida.
Tú eres el Dios de la Vida,
que ha puesto su tienda entre nosotros,
para dar luz a nuestro caminar,
y revelarnos la voluntad del Padre Bueno:
que vivamos como hermanas y hermanos,
unos de otros,
servidores de todos,
comenzando, según tu ejemplo,
por los más pobres y sufrientes de hoy.
Marcelo A. Murúa
” Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían. Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia.» Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer. “
Jesús,
carpintero sencillo de Nazaret,
Tú nos muestras
el rostro vivo de Dios
encarnado en nuestra historia,
con rasgos, manos y espíritu
de trabajador de su pueblo.
Hoy, como ayer,
muchos no reconocen
tu Presencia,
porque esperan y creen
en un dios a su medida.
Tú eres el Dios de la Vida,
que ha puesto su tienda entre nosotros,
para dar luz a nuestro caminar,
y revelarnos la voluntad del Padre Bueno:
que vivamos como hermanas y hermanos,
unos de otros,
servidores de todos,
comenzando, según tu ejemplo,
por los más pobres y sufrientes de hoy.
Marcelo A. Murúa
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