“El primer día de la fiesta en que se comen los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el Cordero Pascual, sus discípulos le dijeron: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la Cena de la Pascua?» Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo: «Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa en que entre y digan al dueño. El Maestro dice: ¿Dónde está mi pieza, en que podré comer la Pascua con mis discípulos? El les mostrará en el piso superior una pieza grande, amueblada y ya lista. Preparen todo para nosotros». Los discípulos se fueron, entraron en la ciudad, encontraron las cosas tal como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.
Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomen, esto es mi cuerpo». Tomó luego una copa, y después de dar gracias se la entregó; y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramanda por una muchedumbre». En verdad les digo que no volveré a probar el zumo de cepas hasta el día que lo beba de nuevo en el Reino de Dios.
Después de cantar los himnos se dirigieron al monte de los Olivos.”
Tu alimento es pan para la vida, Señor.
Danos siempre de tu pan.
El pan de tu Cuerpo
hecho ofrenda para todos.
El pan de tu entrega,
signo de tu compromiso
y fidelidad con el proyecto del Padre.
Que cada Eucaristía, Señor,
sea encuentro profundo con tu persona,
que nos llena el corazón de tu Espíritu,
y nos da fuerzas para seguir tu camino,
viviendo como ofrenda cotidiana
para que otros vivan más y mejor.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
“El primer día de la fiesta en que se comen los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el Cordero Pascual, sus discípulos le dijeron: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la Cena de la Pascua?» Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo: «Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa en que entre y digan al dueño. El Maestro dice: ¿Dónde está mi pieza, en que podré comer la Pascua con mis discípulos? El les mostrará en el piso superior una pieza grande, amueblada y ya lista. Preparen todo para nosotros». Los discípulos se fueron, entraron en la ciudad, encontraron las cosas tal como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.
Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomen, esto es mi cuerpo». Tomó luego una copa, y después de dar gracias se la entregó; y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramanda por una muchedumbre». En verdad les digo que no volveré a probar el zumo de cepas hasta el día que lo beba de nuevo en el Reino de Dios.
Después de cantar los himnos se dirigieron al monte de los Olivos.”
Tu alimento es pan para la vida, Señor.
Danos siempre de tu pan.
El pan de tu Cuerpo
hecho ofrenda para todos.
El pan de tu entrega,
signo de tu compromiso
y fidelidad con el proyecto del Padre.
Que cada Eucaristía, Señor,
sea encuentro profundo con tu persona,
que nos llena el corazón de tu Espíritu,
y nos da fuerzas para seguir tu camino,
viviendo como ofrenda cotidiana
para que otros vivan más y mejor.
– Que así sea –
Marcelo A. Murúa
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