Oraciones / Para crecer en la Fe

Ver la vida con la mirada del evangelio

Ayúdanos a cambiar, Señor,
nuestra mirada mundana, egoísta,
poco comprometida,
temerosa, acomodada.
Ayúdanos a cambiar
para mirar las cosas, el mundo,
la vida, con tu mirada
y desde tus ojos.

Quítanos las anteojeras
que vamos construyendo
a lo largo de los años,
que nos aíslan del dolor
y del sufrimiento
de los que caminan al lado.
Sacude nuestro corazón
para que aprendamos a ver
con los ojos llenos de Evangelio
y Esperanza de Reino.
Corre ya el velo de nuestras pupilas
para que, viendo, podamos
con-movernos por los otros
y movernos con todo nuestro ser,
para acudir a dar una mano
(y la otra, y la vida toda…)
a los que están caídos
al costado del camino,
a los que sufren, están sólos,
han perdido el sentido,
a los que esta sociedad ciega
ha dejado a un lado
con indiferencia y sin remordimientos.

Que la ambición y el conformismo,
la comodidad y las falsas seguridades
no nublen nuestra mirada.
Desata ya mismo un vendaval
que se lleve las nubes
de nuestras explicaciones fáciles,
y también de las díficiles;
a Tí no alcanza con explicarte,
hay que vivirte y contemplarte
allí donde se te antoja estar
y no donde a nosotros nos conviene ver
¿Será tan díficil, Señor,
que no percibamos que estás
más presente entre quienes
sufren dolientes por la vida
que en el crucifijo de madera tallada
que adoramos desde la comodidad
de nuestros templos y hogares?

Convierte nuestra mirada
para hacer posible y cotidiano
el milagro del buen samaritano,
ver al otro y acercarse
no pasar de largo,
compartir, ser generoso,
darlo todo por el hermano.
La palabra que consuela,
la ayuda que sostiene,
la presencia que acompaña,
las manos unidas que liberan.
¡Cuántas cosas son posibles,
mi buen Dios Todomisericordioso,
si cambiamos la mirada,
si no damos vuelta la cara,
si no vivimos encerrados!

Abre nuestros ojos,
ten compasión de nosotros,
como pedía el ciego del evangelio,
que no veamos borroso,
no sea que confundamos el camino
y creamos encontrarte
donde tú no te has quedado.

Descúbrenos, Señor,
tu presencia viva entre los pobres.
Que te re-conozcamos
en el desnudo, el hambriento,
el que está solo, el preso,
el enfermo, y tántos otros Señor,
en quienes nos sales al encuentro cada día,
sin que a veces lo advirtamos,
por tener el corazón endurecido
y los ojos cegados.

¡Conviértenos Señor !
Devuélvenos
la mirada confiada de los niños,
la transparencia que habla
de lo que abunda en el alma.
No permitas que cerremos los ojos
y creamos hallarte dentro nuestro
sin buscarte y encontrarte
por dondes andas a diario.
Ayúdanos Señor
a ver y a cambiar…
a verte y a optar…
a utilizar esos lentes maravillosos
que nos dejaste
para mirar el mundo,
la realidad y la vida:
tu Palabra clara y luminosa,
que nos acerca cada día
la mirada del Evangelio,
para transformar la nuestra
y ver con tus propios ojos de Dios
a nosotros mismos,
a nuestros hermanos,
a toda la creación.

– Marcelo A. Murúa

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