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Un llamado válido a nuestro ser catequistas
"Tengan en ustedes el mismo modo
de sentir de Cristo Jesús" (Fil 2,5)

por Alfredo García

Desde los desafíos de la comunidad cristiana de Filipos, entendemos mejor la profundidad del Himno Cristológico que Pablo inserta en esta carta.

Por un lado el himno es una ayuda a la Comunidad para que pueda concretar la unión que necesita, unidad que solo se alcanza a partir de la humildad mutua, del desarrollo de la adecuada disposición y actitud, del recto sentir (en griego: «phronein») en Cristo Jesús.

Por otro lado el himno no sólo alude a la virtud moral de la humildad, sino que es una respuesta profunda a una falsa interpretación del ministerio evangélico y del valor salvífico de la cruz y el anonadamiento.

En efecto recordemos que Pablo escribe desde la cárcel. El apóstol, el fundador de la comunidad está encarcelado... ¿Qué impresión ha ocasionado este acontecimiento en la comunidad? Frente a este hecho encontramos dos grupos en el lugar donde se encuentra la prisión:

- quienes estimulados por la entrega de Pablo al evangelio se sienten impulsados "con mayor ardor y sin temor a anunciar la Palabra" (Fil 1,14) por motivos puros y por amor (Fil 1, 15b-16a);

- quienes se lanzan al anuncio del evangelio por "envidia y rivalidad" (Fil 1, 15a), no con puras intenciones (Fil 1, 17a). Confunden los propios intereses con los intereses de Cristo.

En este segundo caso, según algunos estudios1 no se trata tan simplemente de "envidia" como una actitud personal sino como un principio metodológico de la actividad misionera y una interpretación de Jesús. En efecto estos tales misioneros discuten la metodología evangelizadora de Pablo por su debilidad, su falta de señales prodigiosas y portentos. Estos misioneros predicaban a Cristo como "Theios aner" en la línea de los "héroes antiguos" cuya fuerza divina se pasaba a sus seguidores.

Estos misioneros daban gran importancia a las visiones extáticas, a los milagros, a la capacidad retórica, con un comportamiento autoritario y exigencias de ayudas financieras. Para ellos la prisión de Pablo lo desacredita como apóstol, su debilidad y mansedumbre, su infortunada experiencia de persecución y sufrimientos son incompatibles para un apóstol que representaba la fuerza de Cristo (Cfr. 2 Cor 10,10). Estos predicadores seguramente tenían en sus mentes las imágenes del Dios del profeta Daniel que salva del horno de fuego ardiente y de las fauces de los leones (cfr. Dan 7.13) y no conciben la posibilidad del anonadamiento como camino del Mesías. En este sentido descubrimos una nueva profundidad a la "búsqueda de los propios intereses egoístas" que Pablo denuncia. No sería simplemente cualquier motivo egoístico, sino la búsqueda de fuerza y poder como demostración de su fuerza divina en sucesión de Moisés, de Jesús y de tantos "hombres divinos". Predicando a Jesús como Theios aner, ellos mismos se consideraban así y por eso pensaban que "sus intereses" eran idénticos a los "intereses de Cristo". De hecho pretendiendo predicar a Jesucristo se predican a sí mismos. Pablo, desde su realidad de "prisionero del evangelio", en oposición a este punto de vista teológico y a esta actitud exaltada desarrolla la teología de la humildad cristiana, fundada e ilustrada en la disposición kenótica y humilde de Cristo descrita en el himno.

El mensaje del himno cristológico

El texto se ubica en el contexto de una sección que llama Instrucciones a la comunidad2 (Fil 1,27 - 2,18) en la cual Pablo hace cuatro exhortaciones a los filipenses que responden a su situación y desafíos:

a) Constancia (1, 27-30)

b) Armonía ( 2, 1-2)

c) Humildad ( 2, 3- 11) Aquí se encuentra el himno.

d) Obediencia y entrega (2, 12-18)

Este texto ubicado aquí por Pablo viene a fundamentar teológicamente su exhortación a la comunidad que culmina en el llamado al "recto phronein", es decir a vivir en Cristo y desde la imitación de Cristo las disposiciones que corresponden a un cristiano en la comunidad y a la comunidad en su dinámica de evangelización:

"2 ...Tengan un mismo amor, un mismo espíritu, un único sentir3, y no hagan nada por rivalidad o vanagloria. Al contrario, cada uno , humildemente estime a los otros como superiores a sí mismo4. No busque nadie sus propios intereses, sino más bien el beneficio de los demás. 5Tengan en ustedes el mismo modo de sentir de Cristo Jesús: ..."

Estas disposiciones las podemos sintetizar en:

Un recto modo de sentir y pensar (phronei/n) que regula las relaciones comunitarias:

o El recto sentir cristiano es el camino de la unidad de la comunidad, en la que no quedan espacios para las luchas de poder por rivalidad, vanagloria o búsqueda de privilegios. La humildad, como reconocimiento de los hermanos considerados superiores a uno mismo (es decir vistos desde el lugar de siervos), es el camino de la unión y el crecimiento de la comunidad.

o Relaciones comunitarias que se viven en el camino de imitación de las disposiciones de Jesucristo y en Él como principio vital de interrelación comunitaria. Podríamos decir en una inserción en Cristo que provoca una dinámica de comunión de los diferentes a la manera en que se da en la Trinidad.

Un recto sentir ("phronein") en Cristo que asume el doble movimiento de abajamiento-encarnación y elevación-exaltación:

o Jesús libremente asume el camino del despojo y anonadamiento para asumir un lugar social junto a los esclavos, a los vaciados de privilegios, marginados y condenados.

No hay otra forma de revelar el proyecto de Dios que vaciándose de los privilegios, prerrogativas y dignidades y, aún más, hasta de la propia vida.

o El modelo pastoral no es el propuesto por los predicadores del "Theios aner", que se basa en las muestras de poder y de esplendor en signos y palabras, sino que es el modelo presentado por Pablo en su predicación y en el ejemplo de su propia vida.

o El recto sentir cristiano es profundamente encarnatorio. Este anuncio no sucede sin una comunidad que se encarne a la manera de Jesucristo, a la manera testimoniada por Pablo a la comunidad. Supone la inserción en el mundo de los esclavos, de los humillados del mundo para, desde allí, permitir que Dios obre la liberación y exclusión del reino de la muerte. Esta será la dinámica de toda verdadera comunidad cristiana. Los filipenses así lo entendieron y procuran hacerlo realidad en la solidaridad material y personal manifiesta con la obra de evangelización y con Pablo mismo.

 

 

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