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Tiempo de la palabra

por Hno. Genaro Sáenz de Ugarte
Comunidad La Salle
Gaucho Rivero 1396
5126 Malvinas Argentinas
Córdoba

 

El misterio de la Encarnación nos permite acoger al Dios que se hace Palabra. A través de su Palabra, podemos entrar en el Corazón insondable de Dios Padre. Porque la Palabra es Misterio y busca la Vida, define el ser y fortalece el actuar dándole credibilidad.

Todo esto se da porque Dios Padre quiere decir su Palabra a los que vivimos en el tiempo. Dios se hace tiempo (Hebreos 1, 1). Dios se hace Palabra. Dios se hace Presencia. La Encarnación es la Palabra en acto. Por un lado, "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Juan 1, 14). Por otro lado, "La Palabra es viva y eficaz" (Hebreos 4, 12).

Con la Palabra que es Jesús, el Padre quiere expresar todo lo que lleva en su mente y en su corazón, es decir, quiere compartir con nosotros su Proyecto. Por eso, en Jesús el Padre se hace Palabra cercana, sencilla, asequible, situada, cotidiana, encarnada, reveladora. Por eso Jesús nos enseña a rezar: "Danos hoy el pan"... , el pan del alimento, naturalmente, pero también y sobre todo el pan de la Palabra, de la Presencia, de la Reconciliación, del Sentido, del Encuentro, de la Comunión... En Emaús la Palabra es, justamente, Revelación, Presencia Renovada, Eucaristía, Nuevo Envío en Misión, Regreso a la Comunidad, Reconocimiento del Resucitado.

Al acercarnos al itinerario seguido por Jesús-Palabra y por las comunidades de fe cristiana, podemos descubrir el proyecto y las costumbres del Padre en el actuar de Jesús y en el de sus discípulos:

- Palabra que sana: "Basta que digas una Palabra y mi servidor se sanará" (Mateo 8, 8). "Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados... yo te lo mando, levántate..." (Marcos 2, 10).

- Palabra que recompone: "¿Qué tiene su Palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y ellos salen!" (Lucas 4, 36).

- Palabra que identifica: "Yo les comuniqué tu Palabra y el mundo los odió, porque ellos no son del mundo" (Juan 17, 14).

- Palabra que convoca: "Casi toda la ciudad se reunió el sábado siguiente para escuchar la Palabra" (Hechos 13, 44).

- Palabra que consagra: "Padre, conságralos en la verdad. ¡Tu Palabra es verdad!" (Juan 17, 17).

- Palabra que envía: "Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra" (Hechos 8, 4).

- Palabra que desafía: "La Palabra que Yo he anunciado es la que los juzgará en el último día" (Juan 12, 48).

- Palabra que relanza: "La mayor parte de los hermanos, a quienes mis cadenas han devuelto el coraje en el Señor, se han animado a proclamar sin temor la Palabra de Dios" (Filipenses 1, 14).

- Palabra que unifica: "Jóvenes, les he escrito porque son fuertes y la Palabra de Dios permanece en ustedes" (1º Juan 2, 14).

- Palabra que reconforta: "Como niños recién nacidos, deseen la leche pura de la Palabra, que les hará crecer para la salvación..." (1º Pedro 2, 2).

- Palabra que construye comunión: "Ámense constantemente los unos a los otros con un corazón puro, como quienes han sido engendrados de nuevo, no por un germen corruptible, sino incorruptible: la Palabra de Dios, viva y eterna" (1º Pedro, 1, 23).

Es fácil apreciar una constante en la vida de la Iglesia Primitiva: "La Palabra crecía y se multiplicaba" (cf. Hechos 6, 7; 12, 24; 13, 49; 19, 20). ¿No significa esto que desde su comienzo la Iglesia buscó poner la Palabra al alcance de las comunidades para que educara el 'corazón creyente' de todos sus miembros?

Otra constante en esta práctica catequística de la Iglesia Primitiva es la "libertad" y la "seguridad" que da la Palabra a los discípulos y a las comunidades de discípulos que la saben acoger y gustar. Podemos apreciar esto a lo largo de todo el itinerario de las comunidades tal como aparece en el Libro de los Hechos de los Apóstoles (desde Hechos 2, 29, 40 y Hechos 4, 13 hasta Hechos 28, 31).

Hablando, ahora, de nuestro compromiso con la Palabra en la Catequesis, podemos afirmar que el tiempo de la catequesis es tiempo privilegiado de la palabra.

+ Porque los Catequizandos de hoy, tantas veces sin iniciación real en la Palabra y obligados a vivir en un tiempo de confusión, de repetición sin novedad, de distancia entre palabra y actuar, viven, en el fondo, en un gran vacío de una palabra que sea mensaje. En la Catequesis la Palabra educa el 'corazón creyente' cuando resuena cercana, familiar, iluminadora y comunitaria.

+ Porque el mismo Catequista experimenta, en el 'Ministerio de la Catequesis' que está llamado a dejarse impregnar por la Palabra, a entrar en su Significación y en su Misterio para poder ser, ante los Catequizandos, hombre/mujer de la Palabra, testigo de una Palabra "viva y eficaz".

+ Porque el Encuentro de Catequesis se concibe y se organiza como "lugar privilegiado" de la Palabra. Una Palabra situada, compartida, interiorizada, orada. Una Palabra que educa la experiencia de fe viviente y que construye la Comunidad de discípulos.

+ Porque la Iglesia misma entiende que, en el ejercicio de la Catequesis, la Palabra es pieza clave para la educación en la fe viviente de las variadas generaciones de creyentes:

= los que han sido educados con referencia más fuerte al Sacramento que a la Palabra;

= los que han sido formados más para el cumplimiento de prácticas religiosas que para el discernimiento y el compromiso en la Fe de lo que les toca vivir;

= los que se han quedado en una concepción individualista de la Vida de Fe;

= los que no logran superar una concepción espiritualista de la experiencia religiosa;

= los que no saben cómo situarse, con 'corazón creyente', ante las influencias de las corrientes secularistas y neopaganas de la cultura actual.

 

Decimos todo esto pensando en un aspecto. Porque están, además, las nuevas generaciones de creyentes, especialmente los niños y los jóvenes, que necesitan ser iniciados con criterios más definidos, exigentes, perseverantes y coherentes en lo que respecta al anuncio de la Palabra y a la iniciación en la vida de la Comunidad cristiana.

Ante tantas y tan variadas exigencias, ¿qué desear, pues, que vivan los Catequistas...?

o Que la Palabra entre y actúe en el corazón del Catequista, de manera que toda su vida tenga una referencia directa, cariñosa y cotidiana a la Palabra.

o Que la Palabra eduque, día a día, el pensamiento, los sentimientos y las conductas del Catequista.

o Que la Palabra le permita al Catequista, tanto a nivel personal como comunitario, acercarse al Misterio de Dios Padre y dejarse inundar y conducir por Él.

o Que la Palabra sea el centro del encuentro de Catequesis.

o Que en la Catequesis los catequizandos adquieran el uso y el gusto por la Palabra.

o Que la Palabra se haga carne en la cultura de los Catequizandos y de sus familias.

o Que la Palabra eduque el sentido comunitario en la Iglesia, de manera que se multipliquen los "grupos de la Palabra" y las "comunidades de la Palabra".

Es evidente que gracias al "Ministerio de la Catequesis", entendido desde y para la Palabra, la Iglesia toda va a poder arraigarse en la Palabra y ser más lúcida y libre para ofrecer su testimonio en los tiempos culturales en que le toque vivir. Sabemos que la Palabra es libre y liberadora (Hechos 4, 12).

La cultura actual es cultura de la comunicación. La palabra humana va a ir tomando mil formas para expresarse y para llegar a todos los ámbitos, por más novedosos y variados que sean. Las próximas décadas nos abrirán a una nueva revolución de la comunicación. Será clave dominar las reglas de la información. ¿Se logrará perfeccionar la palabra o se la manipulará? Y ¿qué consecuencias va a traer todo esto para la Iglesia en el ejercicio del "Ministerio de la Palabra"? ¿Logrará la Catequesis renovar su lenguaje de Fe de manera que sea "mensaje significativo" para las nuevas generaciones?

Porque vivimos en tiempos en que se busca tener el dominio de la "interpretación". Hay autores que 'corrigen' la expresión de San Juan (1, 1): 'En el principio está la interpretación' (J. D. Crossan). Por eso, y más que en otros tiempos, nos vemos empujados a caminar en 'terrenos movedizos' en los que nos sentiremos faltos de modelos, de referencias, de certezas. Por eso va a ser necesario que experimentemos, como Iglesia, que la Palabra de Dios sigue siendo "viva y eficaz" (Hebreos 4, 12), en nuestro aquí y en nuestro ahora, en lo cotidiano y en lo extraordinario, en lo tradicional y en lo novedoso. Y que comprendamos que la Palabra sigue siendo reveladora de sentido, más allá de la evolución de las culturas.

Estoy convencido de que es tiempo de dar forma más definida, exigente y audaz al "Ministerio de la Palabra" en la Iglesia. La Palabra tiene que crecer como instrumento eficaz en la educación del 'corazón creyente' de todo el Pueblo de Dios. Por eso es necesario que se multipliquen y se fortalezcan experiencias como las "Comunidades Eclesiales de Base", los "Grupos de Oración", los "Grupos Misioneros", los "Grupos de Revisión de Vida".... en los que la Palabra "penetra hasta la raíz del alma y del espíritu" (Hebreos 4, 12) y promueve el surgimiento de cristianos adultos, capaces de "permanecer de pie ante el Hijo del Hombre" (Lucas 21, 36), en medio de una "generación malvada y adúltera" (Mateo 16, 4) y no se dejen apartar de la verdad "para escuchar cosas fantasiosas" (2º Timoteo 4, 4). De manera que, como en el caso de Timoteo, las nuevas generaciones "conozcan la Palabra desde la niñez y alcancen así la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús" (cf. 2º Timoteo 3, 15).

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