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La nueva evangelización y la promoción humana

por P. Florencio Mezzacasa

 

La inculturación de la fe en la cultura de los pobres, desde la cual hay que evangelizar la cultura dominante para que deje de instrumentalizar la religión cristiana como medio de opresión, lleva naturalmente a considerar el tema de la promoción humana. A través de la cultura y organización del pueblo hay que destruir el sistema de explotación.

El gran triunfo de los poderosos y error de los cristianos, ayudados por la cultura dualista griega, fue separar fe y vida. Como si la fe pudiese estar desvinculada de la vida, y creer consistiese en una función meramente intelectual, y la salvación, en salvar el alma. Lo propio de la fe cristiana no es la salvación en la otra vida, ni siquiera la salvación en esta tierra considerada como conversión interior, espiritual e individual. Lo propio de la fe cristiana es la salvación en la historia: es cambiar la sociedad. Lo esencial de la fe no es la revelación de que Dios es amor, sino que es amor encarnado en la historia. Jesús de Nazaret tuvo una misión histórica: cambiar el curso de la historia humana, cambiando las estructuras de la sociedad, cuyo centro debía ser el amor solidario de los hombres.

Si la salvación consiste en transformar esta sociedad, sin el cambio de las estructuras socio-políticas no hay salvación posible. Evangelizar es cambiar todo, las personas y las estructuras: hombres nuevos, sociedades nuevas. La fe necesariamente debe incidir en las estructuras socio-políticas, porque "lo que no es asumido no es salvado". La fe debe impregnar las estructuras de poder con los valores del evangelio para que dejen de ser opresoras y convertirse en servidoras.

En Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización los obispos de la Argentina sostuvieron que "la fe es inseparable de su fruto que es la caridad"; de ella brota el clamor por "una justicia demasiado largamente esperada" (Juan Pablo II). No se puede separar la fe cristiana de la dignidad humana. La nueva evangelización deberá anunciar la salvación integral del hombre: "En consecuencia la evangelización comprende necesariamente todo ámbito de la promoción humana. Es pues nuestro deber, trabajar por la liberación del hombre (CEA, SM, IV, 2).

La nueva evangelización debe caracterizarse por una solidaridad particular con los débiles y la opción preferencial por los pobres (DP 1134; Juan Pablo II, Santo Domingo). Cuando la Iglesia no está con los pobres es porque está con la clase hegemónica, por lo tanto cómplice y aliada de los ricos y opresores. Es indispensable que la nueva evangelización en América Latina revierta el proceso del tiempo de la conquista de América. "No es posible que errores del pasado (ideologizaciones) nos paralicen hoy, ni que silencien esta opción preferencial (por los pobres)" (LPNE 32). Debe convertir su estilo de vida y su anuncio, en un mensaje liberador (LPNE 55).

El anuncio de la dimensión socio-política de la fe y caridad es un elemento esencial de la nueva evangelización, junto con el compromiso de la transformación de la sociedad, que vive una "situación de pecado social" gravísima. La pobreza y explotación son el fruto de estructuras económicas, sociales y políticas, con "mecanismos nacionales e internacionales que producen ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres" (DP 30). Sólo un ejercicio activo de solidaridad con los pobres constituye el signo de credibilidad de la nueva evangelización (LPNE 55) y nadie en la Iglesia puede sentirse eximido de esta exigencia social y humana. Para esto es necesaria la conversión de toda la Iglesia (LPNE 57).

Así la nueva evangelización no puede ser una nueva proclamación de verdades, sino una nueva praxis: ser cristiano es ir haciéndose de acuerdo al proyecto de Jesús, es ser su seguidor, en una sociedad, junto con el sujeto de cambio que son los pobres que buscan el cambio de esa sociedad.

La praxis de Jesús tuvo un neto carácter socio-político. Su actitud y su mensaje lo llevaron a un permanente conflicto con los poderes de su tiempo. Conflicto con el poder socio-religioso de los sacerdotes y fariseos, conflicto con el poder socio-económico de los ricos y conflicto con el poder del estado, que lo llevaron a una muerte violenta apoyada en razones políticas. Su anuncio de la buena nueva en la historia le trajo la persecución de los poderosos. Ésta es la mejor prueba de que la salvación anunciada por él incidía directamente en la realidad socio-histórica. Su fe fue una fe política netamente encarnada en su historia. La Iglesia, que es el cuerpo histórico de Cristo y la proseguidora de su causa, debe continuar por el mismo camino. La fe, si es verdadera, busca necesariamente la práctica de la justicia. La nueva evangelización debe ser el anuncio de esa práctica, ya que es en nuestro tiempo la actualización del mensaje y de la praxis de Jesús.

El hecho más significativo en América Latina es la irrupción de los pobres. No se puede amar a alguien sin asumir su situación, su causa, sus luchas, de lo contrario sería un amor retórico y alienante. Si la nueva evangelización debe partir de estos pobres, para que sea realmente nueva, debe mostrar una "caridad política": participación desde la fe en la lucha por el cambio de la estructura de la sociedad capitalista en América Latina. Sólo así se puede hablar de "promoción humana", ya que las obras de justicia son los auténticos sacramentos de la dignidad del hombre (J. I. González Faus)2.

Es de esperar que esta nueva evangelización, diferente a la antigua evangelización, siga las pautas de Jesús, de lo contrario se habría perdido la coyuntura histórica propicia y, junto con ella, el mayor contingente católico del siglo XXI.

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