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Tiempo de Iglesia renovada

por Hno. Genaro Sáenz de Ugarte
Cdad. La Salle - Gaucho Rivero 1396
5126 Malvinas Argentinas

 

La Iglesia es de su Señor Jesús. Y el Señor es del Padre. Y el Padre "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1ª Timoteo 2, 4) . Y esa verdad es Jesús (cf. Juan 17, 3). Por eso el Padre le confía a la Iglesia la misión de ser instrumento de salvación en el tiempo.

En el Concilio Vaticano II la Iglesia ha interiorizado mucho este tema. Se puede decir que todo el Concilio puede interpretarse como un "Concilio Eclesiológico". Ahora bien, ¿cómo ser Signo y Sacramento de la salvación de Dios en, con y para los hombres de hoy, las culturas de hoy?

Porque han pasado muchos años desde que el Vaticano II tuviera sus sesiones y publicara sus documentos. Mientras tanto, el "tiempo" en su múltiple significación (social y cultural, económico y espiritual) no se ha detenido. Más bien ha ido adquiriendo una aceleración sorprendente, que muchas veces nos desconcierta y nos descoloca. Los grandes temas de la vida y de la convivencia humana permanecen pero han sufrido una especie de "estallido". Todo se ha vuelto más complejo. Todo requiere soluciones más dialogadas, mejor previstas y pensadas. La aceleración del tiempo cultural afecta a la Iglesia en su propio interior, es decir, en su manera de comprender y de organizar su misión en y para el mundo. Esto afecta a la afirmación tradicional: "La Iglesia es signo y Sacramento de la salvación para los hombres de hoy". ¿Qué significa esto cuando:

  • por un lado, cambian los "agentes de la misión". Se reducen significativamente unos (sacerdotes, religiosas, religiosos…) y se multiplican y diversifican otros (catequistas, diversos Ministerios Laicales…)
  • por otro lado se ensanchan los espacios pastorales. A veces porque se produce un "viraje" significativo en los espacios tradicionales. A veces porque aparecen otros espacios nuevos.
  • en el fondo, parece crecer un "malestar" espiritual y pastoral en mucha gente, como si esta Palabra de Jesús tuviera, hoy y para nosotros, una significación especial: "Pero cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra? (Lucas 18, 8)

No cabe duda de que hoy la Iglesia, en todas sus expresiones y organizaciones, está llamada a "ser signo significante" y "sacramento eficaz" de la salvación que nos ofrece el Padre en Jesús.

Ser "Signo Significante" significa que la Iglesia:

+ es Palabra clara, cercana y creíble;
+ es experiencia de Encarnación;
+ es experiencia de Comunidad que convoca, congrega, forma, acompaña y envía;
+ es propuesta entendible y desafío creíble.

Ser "Sacramento Eficaz de salvación" significa que la Iglesia:

+ está atenta y cercana tanto a los "gozos y esperanzas" de la gente como a sus "luchas y sus angustias";
+ es profundamente misericordiosa;
+ se desafía a sí misma, en sus estructuras y en sus organizaciones;
+ busca ser eficaz desde y para un laicado adulto y comprometido.

Tenemos que hablar, pues, de las diversas "conversiones" de la Iglesia en este momento de la historia de los hombres. Vamos a señalar, aquí, algunas de ellas. Confiamos en que, al vivirlas, la Iglesia Institución se dejará animar y conducir por el Espíritu de Jesús y estará en condiciones mejores de ser para el mundo, aunque sin ser del mundo (cf. Juan 17, 14-16).

Al hablar de "conversión" no pretendemos cambiar el Misterio que define y sustenta a la Iglesia. Hacemos referencia a nuestra necesidad de cambiar la percepción que tenemos de dicho Misterio. Necesitamos, además, adecuar nuestra praxis pastoral a una visión más acorde con lo que el Misterio es y significa para el hombre de este tiempo.

Los puntos que se señalan a continuación están pensados desde y para la Catequesis. Necesitamos renovar nuestras mentalidades. Con frecuencia afirmamos que somos cristianos. Con frecuencia manifestamos que actuamos como incrédulos o paganos.

Podemos, incluso, preguntarnos ¿sólo actuamos como descreídos o como paganos... o lo somos en realidad? Si es cierto el adagio antiguo de que "en el actuar se prolonga el ser", entonces nuestro ser religioso no es, necesariamente, cristiano, aunque lo afirmemos. Es importante tener en cuenta esto en tiempos de confusión y de perplejidad, de ausencia de iniciación cristiana y de vacío de mensaje significativo, tanto en el lenguaje como en las celebraciones.

Es cierto que no todos los puntos que se señalan tienen el mismo valor y la misma prioridad. Vivimos situaciones muy diversas. Pero vale la pena reflexionarlos a todos desde nuestras realidades pastorales.

1. De darle importancia a "la ley" a priorizar "al Espíritu"
¿No insistimos excesivamente en nuestra pastoral sobre la importancia de la ley, del cumplimiento, de las prácticas... y nos olvidamos del Espíritu? Quizás por eso no sabemos, aún, qué significa formar "cristianos espirituales".

2. De "una fe infantil" a "adultos en la fe"
Hoy, más que en otras épocas, es mortal para la vida de Fe permanecer en una expresión infantil de la Fe. Sólo el "cristiano adulto" puede hacer frente a las presiones y los embates de las culturas en mutación.

3. De "practicantes" a "iniciados"
Mientras no logremos organizar una "pastoral de la iniciación" en el Misterio de Jesús y de la Iglesia, lo que hagamos para que se mantengan las "tradiciones y las prácticas religiosas" nos conducirán a un fracaso. Porque lo que importa en la vida de Fe no es tanto el 'cumplir' sino el vivir el encuentro significativo con el Señor.

El Padre le confía a la Iglesia la misión de ser instrumento de salvación en el tiempo.

4. De "cristianos tradicionales" a "nuevos creyentes"

Todavía pesa, entre nosotros, la mentalidad de la 'cristiandad', que lleva a querer mantener tradiciones que han perdido su real significación. Las nuevas generaciones de cristianos tienen que saber situarse, desde la Fe, ante realidades de vida muy nuevas, difíciles de comprender y de 'contener' y que requieren nuevos criterios evangelizadores y nuevas prácticas pastorales.

5. De los símbolos, ritos y lenguajes "uniculturales" a los símbolos, ritos y lenguajes "pluriculturales"

Vamos a ir viviendo, más y más, en culturas abiertas, estalladas, en las que lo plural exigirá tener mentalidades abiertas y libres, aprender a dialogar y a respetar.

6. De "la autoridad sobre" a "la autoridad con"

En una "Comunidad de discípulos o de iniciados", todos han experimentado al Señor y la fuerza de su Resurrección. Por eso la autoridad, necesaria a toda Comunidad, no puede presentarse como un privilegio sino como un servicio para que la Comunidad crezca y se afiance.

7. De permanecer "al costado de la historia" a entrar en "el corazón mismo de la historia"

Se nos ha acusado a los católicos de evadirnos de la historia. Hemos insistido mucho en la salvación en la "otra vida". Si nos identificamos con Jesús en su proceso de Encarnación, ninguna de las realidades humanas, históricas nos resultarán extrañas. Y en todas ellas descubriremos una llamada a la Misión.

8. De "la palabra de Dios retenida por unos pocos", a "la palabra de Dios puesta a disposición de todo el pueblo de Dios"

Creo que en este tema vamos avanzando bastante: poner la Palabra al alcance del Pueblo de Dios y formar al Pueblo de Dios con criterios más arraigados en la Palabra de Dios que en el 'manual de vida moral'. Pero entiendo que todavía mantenemos una mentalidad "clericalista": nos cuesta reconocer que la Palabra es de todos los bautizados. Nos cuesta dejar de tener un tipo de autoridad...

9. De "los ministerios sólo en mano de los ordenados" a los "ministerios laicales"

Esto vendría a ser como el punto de llegada que da solidez y permanencia a todo lo anterior. Gracias al ejercicio de los 'ministerios laicales' la Iglesia logrará renovarse acercándose a lo que necesitan las generaciones actuales y las que se anuncian.

En el fondo, construir una "Iglesia Renovada" es construir una Iglesia de adultos. Lo que significa en Catequistas y Pastores y en la organización de la formación y de los planes de pastoral:

  • Cambiar de perspectivas tanto pastorales como doctrinales.
  • Promover las experiencias de iniciación y de acompañamiento.
  • Crear espacios de convocación y de misión.
  • Formar en una nueva visión de la Teología.
  • Promover las formas de la acción pastoral exigidas por las nuevas realidades y necesidades.

¿Qué desear, pues, que vivan los catequistas...?

  • Que la Catequesis sea reconocida como un real espacio de construcción de la Iglesia.
  • Que la Catequesis promueva la iniciación y la formación en el sentido de ser Iglesia.
  • Que la Catequesis promueva el surgimiento de los Ministerios laicales.
  • Que en la Catequesis se busque formar para la nueva manera de ser Iglesia en y para el Mundo.
  • Todo esto va a llevar a los Catequistas a no tener miedo a mirar de frente la realidad que se vive para poder descubrir las necesidades pastorales reales de la gente y, en particular, el mal que les hace el abandono pastoral y la "orfandad" espiritual: lenguaje de fe no comprendido, falta de acompañamiento, ausencia de sentido de pertenencia...
  • No tener miedo a discernir lo que es mejor para estas realidades y de cara al futuro.
  • No tener miedo de pensar, imaginar, analizar la evolución de la realidad pastoral...
  • Aceptar que el tiempo pastoral presente es, sin duda, tiempo de transición. No sabemos cuánto puede durar esa transición. Sí sabemos que estamos llamados a sembrar, pero no cualquier semilla. Las próximas generaciones de cristianos nacerán gracias a semillas de calidad que promuevan la Palabra de Dios, la Comunidad de discípulos y la experiencia del amor misericordioso de Dios Padre en el corazón de todo lo que vivimos.
  • Por último, entender que la Santidad en nosotros no excluye el pecado. Lo supone. Sabemos que en las realidades cambiantes, complejas, imprevisibles e inasibles que vamos a ir viviendo, es probable que tengamos dificultad ante la ley y la norma tal como las entendemos ahora. Necesitaremos poner la misericordia, la transparencia, la coherencia y la fidelidad compartida en la base de nuestro actuar como Pastores.

 

 

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