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¿Quién fue Jesús de Nazareth?
Etapas de la redacción de los evangelios

por Florencio Mezzacasa

 

1. Los poderosos y las imágenes de Jesús

Siendo la religión una creación cultural humana, las clases dominantes, a través de su cultura de opresión, crearon símbolos e imágenes que legitimaron en nombre de Dios la opresión. Así en la Iglesia tenemos una gran cantidad de símbolos, imágenes y doctrinas producidos por la religión de los poderosos, que justifican su modo de actuar, de tal modo que el pueblo acepte como voluntad de Dios y como sacrificio querido por él, el estado de pobreza y de explotación que viven.

En América Latina las imágenes de Jesucristo, los títulos que se usaron y que hoy sigue utilizando el catolicismo, tienen su origen en la evangelización del tiempo de la conquista y colonización de América, cuando la Iglesia era cómplice de la opresión de los conquistadores. En ese ambiente surgió, a veces inconscientemente, una cristología de opresión sostenida por dos figuras claves de Cristo:

- El Cristo glorioso y triunfante, semejante a los reyes ibéricos; esta imagen de Cristo hacía que se admitiese incondicionadamente a los soberanos en nombre de Dios, lo mismo que a sus representantes en tierra americana.

- El Cristo sufriente, ejemplo de sufrimiento, que movía a aceptar a ejemplo suyo y como voluntad de Dios, la explotación, la pobreza y hasta la muerte, ya que Jesús la había soportado pacientemente; en eso era nuestro modelo1.

Estas imágenes de Cristo fueron tan introyectadas por los conquistadores en el alma del pueblo a través de la religión que siguen tan vivas hoy como ayer, justificando la opresión de las oligarquías autóctonas e internacionales.

Esta lamentable manipulación de la figura de Cristo sólo fue posible por la separación del Cristo resucitado del Jesús histórico. Si partimos del Jesús histórico, primero crucificado y luego glorificado después de su muerte, jamás podríamos hacer semejante abuso con la persona de Jesucristo. Para la teología de la liberación es fundamental recuperar al Jesús histórico, y a través de él iluminar la realidad conflictiva del pueblo latinoamericano. Así la vida, muerte y resurrección de Jesús adquieren un valor a través de imágenes de Cristo liberador.

 

2. ¿Quién fue Jesús de Nazareth?

Hace casi dos mil años los poderosos de Palestina asesinaron a un judío galileo, Jesús de Nazareth, uno de los tantos ejecutados por la fuerza romana de ocupación. Su mensaje, altamente provocador pero sobre todo su práctica de liberación y acercamiento al pueblo, lo hicieron sumamente peligroso. Su muerte significó un fracaso total. Con ella los poderosos justificaron, como siempre, su preocupación por la seguridad del Estado, y los sacerdotes por la defensa de Dios. Murió abandonado por todos, inclusive por sus amigos mas íntimos. Su muerte certificaba una vez más que quien lucha por la justicia y el pueblo, termina pagándolo con la propia vida2.

Sin embargo este fracaso no fue tal. Poco tiempo después sus seguidores, que lo habían abandonado en el momento de su muerte, afirmaron que estaba vivo. Sostenían que Dios lo había rescatado de la muerte. Por lo tanto su causa, aquella por la cual había dado su vida, debía continuar. Así nació la Iglesia que es el movimiento de aquellos que prosiguen la causa de aquel judío galileo. Preocupados por su persona y no por su doctrina, afirman que no sólo hay que conservar su recuerdo, sino que él vive en medio de su comunidad para que continúe su causa.

Para seguir su causa, es fundamental recuperar al Jesús histórico y ver cuál fue su comportamiento, el que lo hizo insoportable a los poderosos, quienes, para conservar su poder, tuvieron que asesinarle. Pero este trabajo no es fácil, porque las únicas fuentes que poseemos son los evangelios, los cuales no son libros de historia sino de catequesis3, por eso es necesario ver cómo se formaron y cuál es el grado de historicidad que tienen.

 

3. La formación de los evangelios

En la formación de los evangelios es importante tener en cuenta las tres etapas que mediaron en su redacción4.

 

3.1. Comunidad pre-pascual: lo que hizo y dijo Jesús de Nazareth.

Hoy es innegable para los historiadores la existencia de Jesús: un judío galileo que un poco antes del año treinta predicó la buena noticia del Reino de Dios, durante el gobierno de Herodes Antipas en Galilea, y del procurador Poncio Pilato en Judea. Reunió un grupo de discípulos que lo acompañaron y a los que envió a predicar participando de su actividad misionera; este grupo itinerante abandonaba su familia, sus bienes, inclusive su profesión para seguirlo a todas partes.

Estos seguidores, que esperaban ya próxima la liberación del Dios de Jesús, invadidos por el miedo, en el momento crucial del prendimiento lo abandonaron a su propia suerte y huyeron. El procurador romano en connivencia con las autoridades judías lo ejecutó crucificándolo. Esos mismos discípulos luego formaron el núcleo de la comunidad de los hechos y dichos de su maestro, de modo que hubiera una continuidad entre el antes y el después de pascua5.

 

3.2. Comunidad pascual: el anuncio de Cristo resucitado.

Esos mismos discípulos, no se sabe cuándo ni cómo, tuvieron una experiencia: Jesús estaba vivo. De acuerdo a su cultura judía expresaron esta realidad con la metáfora «Dios resucitó a Jesús de entre los muertos». Al resucitar a Jesús, Dios justificó la causa que él defendía y desautorizó a los violentos que le dieron muerte. Sus discípulos descubren que en la vida y mensaje de Jesús se ofrece algo único, la posibilidad de alcanzar la liberación definitiva6.

A la luz de esta experiencia pascual volvieron a recordar lo que dijo e hizo Jesús, reflexionaron sobre su vida y muerte, y procuraron profundizar cada vez más la personalidad de este hombre que Dios había resucitado. Al recoger sus dichos no lo hicieron como un recuerdo del pasado, sino como un mensaje liberador de alguien que vivía y estaba en medio de ellos, y al reflexionar sobre sus hechos, lo hicieron para descubrir todo el misterio encerrado en este hombre glorificado por Dios: lo reinterpretaron.

Jesús no se había dado ningún título. Sus discípulos (después de pascua, empleando imágenes y figuras provenientes del Antiguo Testamento y de otras culturas fueron expresando su fe en Jesús de Nazareth. Reconocieron en él al Mesías -Cristo- tan esperado por el pueblo y fueron re-interpretando su vida a la luz de las profecías mesiánicas: vieron que era el Hijo de David, el Siervo de Yahve, el Hijo de Dios, el Señor, el Salvador, el Liberador.

En esta re-lectura hubiese sido contraproducente repetir textualmente los dichos y hechos de Jesús en una situación vital que había cambiado completamente. La predicación exigía este cambio: por una parte hay una continuidad porque es el mismo Jesús, el crucificado; por otra hay un discontinuidad, Cristo está en un estado glorioso, no sujeto a tiempo y espacio, sólo alcanzable por la fe. La predicación pascual exigió, para que fuese auténtica, que se reinterpretase la figura, los dichos y hechos de Jesús de Nazareth a la luz del acontecimiento pascual. No fue una deformación sino una reinterpretación, una relectura.

Cada comunidad fue actualizando la buena noticia de Cristo resucitado transmitida por la tradición, de acuerdo a sus situaciones concretas, adaptándolas y concretizándolas en «fórmulas literarias» que fuesen comprensibles para ella y capaces de dinamizar su vida.

 

3.3. La comunidad pos-pascual de los evangelistas: los evangelios.

Ya en la tercera generación, luego del 70 d.C., los catequistas percibieron el peligro de que los creyentes presentasen a Cristo como el Señor glorificado, tan desconectado de nuestra historia de opresión e injusticias, que se asemejase a los superhombres y dioses de las religiones paganas. Esta circunstancia obligó a que en la catequesis se uniese la proclamación del Cristo pascual con la narración del Jesús histórico. A este anuncio de Jesucristo se lo llamó «evangelio». El primero de los evangelios, que originariamente fueron anónimos, se lo atribuyeron a Marcos, los sucesivos a Mateo, Lucas y Juan. Por lo tanto, los evangelios no son libros de historia sino de catequesis: en forma narrativa presentan la buena noticia de Cristo resucitado encuadrada en el marco del Jesús histórico.

 

Los evangelistas:

1- Fueron seleccionando los relatos y palabras de Jesucristo que les proporcionaba la tradición oral, adaptando, sintetizando, ampliando y explicitando de acuerdo a las necesidades de la Iglesia local y a la situación de los lectores.

2- Todo este material lo estructuraron de acuerdo a sus puntos de vista particulares. Así el evangelio según Mateo, el autor lo estructura en cinco grandes discursos para simbolizar el nuevo Pentateuco del nuevo Moisés para el nuevo Israel7.

En este proceso catequético se mantuvieron fieles al espíritu de Jesús, aunque no a la materialidad de sus palabras y hechos: a veces repitieron textualmente sus dichos y hechos, otras los explicitaron a la luz de la pascua y otras veces pusieron en boca de Jesús sus propias reflexiones pos-pascuales. Ellos se rigieron con los cánones propios de su cultura, de la forma de hacer catequesis y de los géneros literarios utilizados en su tiempo.

Si nosotros queremos recuperar al auténtico Jesús histórico, cómo actuó, cuál era su mensaje de liberación y los conflictos que lo llevaron a su muerte, es preciso que hagamos el camino inverso al de la primera comunidad cristiana: partir de los evangelios, quitando todas las interpretaciones pos-pascuales de la comunidad y de los evangelistas.

Como este trabajo puede ser subjetivo y arbitrario la crítica histórico-literaria nos proporciona unos criterios de historicidad que con mucha probabilidad nos acercan al auténtico Jesús de la historia. Ésta es una preocupación reciente. Remonta a 1954 cuando los discípulos de Bultmann reaccionan contra la negatividad de su maestro al valor histórico de los datos de Jesús de Nazareth. Aunque los criterios pueden variar de acuerdo a cada autor, hoy hay un consentimiento universal de los exegetas respecto a algunos. Citaremos aquellos en los cuales todos están de acuerdo.

(En una próxima entrega expondremos los criterios de historicidad sobre la vida de Jesús.)

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