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Relaciones humanas y espiritualidad

por Nestor Gastaldi
Don Bosco 50
2000 Rosario - Santa Fe

 

En este primer artículo sobre la espiritualidad de las CEBs trataré de reflexionar preferentemente a partir de lo que se vive a diario en una comunidad, y no tanto a partir de los ideales.

Sin duda que la espiritualidad cristiana es siempre la misma, la del evangelio, hecha de fe, esperanza y caridad. O si quieren: aprender el camino del amor superando los conflictos. Sin embargo en estas páginas voy a subrayar aquellos matices que son más característicos de una pequeña comunidad.

1.- Podemos comenzar recordando lo que decía Beatriz no hace mucho, compartiendo con su vecina. Le contaba lo que había encontrado de positivo en estos cinco años que ella lleva frecuentando y participando de su Comunidad, que tiene como patrona a Santa Rita.

"Mirá Raquel -le decía Beatriz- la CEB te brinda compañía, ayuda de todo tipo, también psicológica, anímica, y hasta en ciertas ocasiones ayuda económica. Te brinda amistad. Te da la oportunidad de trabajar en equipo con otras personas que tienen dones y riquezas que vos no tenés. Compartís la Palabra, escuchás lo que Dios te dice a través de tus hermanos, especialmente con su testimonio de vida. Porque a esos hermanitos te los manda Él".

Y Beatriz tenía razón. Los miembros de una CEB encuentran un alimento sabroso para su espiritualidad en estos y otros elementos de apoyo, agradables, cálidos, cariñosos diría yo, que les ofrece la vida comunitaria. Beatriz decía también que sentía ganas de dar gracias, porque todo este nudo de relaciones y de vivencias la había ayudado a crecer y madurar humanamente.

Y añadía que el proceso era mutuo: "Se da y se recibe. Porque sentís también que con tu sola presencia y servicio estás ayudando a otros a caminar, en especial si son tus compañeros de equipo y los que trabajan más cerca tuyo. Tanto más si los animadores de la CEB convocan para evaluaciones comunitarias periódicas". Podemos decir con Beatriz que estas vivencias son algo así como el dulce de leche de la vida en comunidad, el lado positivo y estimulante... que Dios te brinda para darte ánimo.

2.- Pero no son las únicas, hay todo otro tipo de experiencias que se van tejiendo en el camino cotidiano y que pueden tener una incidencia muy fuerte y sustantiva para el crecimiento espiritual, supuesto que sus miembros las sepan aprovechar. Son desafíos. ¿No constituyen acaso oportunidades privilegiadas para ese largo aprendizaje del camino del amor, de que hablábamos al comienzo y que no tiene otra alternativa: caminarlo superando los conflictos?

Una comunidad que se reúne semanalmente para la Eucaristía dominical, sobre todo si es muy masiva, no tiene casi espacios para que surjan tensiones, conflictos o confrontación de pareceres. No hay ocasión para roces entre los participantes. Sí, quizás, entre los que prestan el servicio de la liturgia o el ministerio de la música. (Nada digamos del cristiano que afirma tener mucha fe, pero que ha optado por vivirla solo, aislado, en su casa "sin meterse en nada para evitar problemas".)

Aquí estamos hablando en cambio de una comunidad pequeña, donde casi todos se conocen, donde un porcentaje considerable del grupo está integrando alguno de los tantos equipos de servicio que surgen en una CEB y que ya hemos mencionado en artículos anteriores: servicios hacia adentro y hacia fuera. Donde hay dos o más reunidos en nombre del Señor, es muy probable que no tarden en generarse tensiones, celos, relaciones competitivas. Casi siempre aparece alguna persona que busca asumir un servicio, y junto con eso está buscando un espacio de poder, así sea con una tarea tan "santa" o inocua como trasmitir la catequesis.

No faltará tampoco quien en una reunión o preparando una celebración, se exprese con el mismo lenguaje autoritario que suele usar con sus hijos en casa. Y todo esto, ¿no es tanto más peligroso y difícil por tratarse de actitudes poco o casi nada conscientes? La persona conflictiva o conflictuante difícilmente acepta que está buscando figuración o afirmar su autoridad. Suelen ser los otros miembros los que perciben esa imagen.

 

El amor es auténtico cuando acepta
y respeta las diferencias.

Por eso que cuando la CEB se reúne para evaluar o aclarar los problemas el animador tendrá que ayudarlos a distinguir por una parte las buenas intenciones de la persona cuestionada, y por otra la imagen que proyecta y que ella no ve. Hablamos de una reuni6n, pero un buen porcentaje de este trabajo amoroso, ¿no será mejor realizarlo de tú a tú, a través de entrevistas personales, aplicando los consejos de Jesús sobre la corrección fraterna (Mt 18, 15ss)?

En la Comunidad de Luján, Estela tiene la mejor buena voluntad. Ella se ve a sí misma como una persona que no pretende para nada imponer sus opiniones, ni buscar poder, ni usar un tono autoritario. De acuerdo. Pero los otros no la ven así. Muy por el contrario; porque proyecta una imagen distinta.

(Es como en casa: Carlos dice: -"¡Vos me ofendiste!". Marta, su esposa, lo niega. Y surge la discusión. ¿Quíén tiene la verdad? Los dos. Lo que falla aquí es el lenguaje. Para lograr un diálogo positivo, ¿no sería mejor si Carlos hubiera dicho: -"Yo me sentí ofendido" en lugar de "vos me ofendiste"? Porque en ese caso no estaría juzgando las intenciones de Marta (que asegura que no quiso ofenderlo) sino que estaría expresando cómo se sintió él en su propia piel.)

 

Salir de la captatividad infantil
y entrar en una actitud de oblatividad.

3.- Volviendo a la CEB: ¿qué tiene que ver todo esto con la espiritualidad? Tiene mucho que ver: los conflictos y tensiones que surgen en la pequeña comunidad me ponen ante un desafío: encontrarme con ciertas personas que encarnan al "otro", a la "otra" distinta de mí. En latín "el otro" se dice "alter". De allí proviene la palabra "alteridad". Cultivar una actitud de alteridad significa ir abriéndonos al otro, a los otros; aceptarlos como son, respetarlos, acogerlos sin pretender "asimilarlos" (comérselos) ni hacerlos semejantes a uno.

En ultimísimo término, ¿no consiste en eso el amor auténtico? La psicología describe el amor auténtico como un amor que respeta y acepta las diferencias. No las suprime ni las destruye. No las atropella. Cuando venimos al mundo llegamos como seres captativos, narcisistas, centrados en nosotros mismos. Necesitamos llamar la atención de los demás, decir:

- "¡mírenme, que aquí estoy yo!" Venimos al mundo creyendo amar pero ese amor está muy grávido del eros, muy marcado por el deseo del otro ("te quiero para mí").

Madurar humanamente (o sea, espiritualmente) implica ir abandonando la captatividad infantil para ir entrando en una actitud de alteridad, de apertura al otro, de respeto de las diferencias... Se llama también "oblatividad" (actitud de oblación, de ofrecimiento, "me ofrezco al otro" y salgo a su encuentro para que se sienta recibido y aceptado tal como él es).

Decimos que este tipo de amor no es congénito. Es un regalo del Espíritu. El Nuevo Testamento lo llama "amor de ágape" (una palabra acuñada por los evangelistas y escritores, porque no existía en la lengua griega corriente. Para designar el amor se usaban otras palabras como "eros", "filía"...).

Pues bien: el Espíritu, para "trabajar" nuestro corazón se sirve de mediaciones. Aquí la gran mediación es la Comunidad, donde me encuentro con "el otro", "la otra", distinta de mí. Si la acepto y la recibo me "salva" de mi yo y de mi autosuficiencia: me saca de mi cerraz6n, me invita a salir de mí mismo y de mi modo de ver el mundo.

4.- Por eso, decíamos, los conflictos, las tensiones y rivalidades que surgen en una CEB significan un desafío para sus integrantes, porque son portadores de una invitación a crecer, a liberarnos. Son sacramentales: Dios se esconde y se manifiesta a través de esas vivencias. Dios está allí hablándonos y obrando: son una gran fuente de espiritualidad. Pueden serlo. La persona que se encerrara en un aislamiento individualista se estaría privando de un factor muy valioso de crecimiento humano y espiritual. Estaría haciendo gambetas para esquivar y no encontrarse con la vida... que la está desafiando a través de la cuota de muerte y de cruz que tiene la alteridad.

5.- Una última pregunta: ¿ese otro/a no puede ser también la pareja, el esposo, la esposa del matrimonio? La respuesta es sí, supuesto que se den ciertas condiciones. Pero sería alargar mucho pretender entrar ahora en ese ámbito.

Como había escrito años atrás las CEBs son una invitación a aprovechar el poder liberador y santificador que tienen las relaciones humanas cuando se las cultiva y se las vive en un clima de fe. En próximos artículos espero poder continuar este tema, hablando de otros factores de espiritualidad que son característicos de las comunidades pequeñas.

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