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A mi regreso del encuentro con "Pedro"

Héctor S. Cardelli
Obispo de Concordia

El Obispo de Concordia, Mons. Héctor S. Cardelli, narra para "Didascalia"
sus impresiones sobre la visita "ad Límina" y su encuentro con el Papa.

El misterio de la Comunión y Participación que anima a la Iglesia tiene, para un obispo, puntos culminantes como es el de la visita "ad Límina".

Allí está la piedra, Pedro, y sentí como si anclara en esa inconmovible solidez no para quedarme, sino para aferrarme a su seguridad y convertirme en su heraldo más allá de Roma.

Juan Pablo me preguntó acerca de la diócesis y advertí que se trataba de algo suyo, siendo yo su estrecho colaborador en hacer presente el Reino en este lugar que me encomendó. Previamente a la visita yo había enviado un informe pormenorizado de nuestra situación y de nuestros proyectos. Él parecía conocerlos y yo me alegré por sintonizar con sus prioridades: las vocaciones y la evangelización de las familias. Entendí que al hablar de evangelización me estaba exhortando a una catequesis kerigmática, renovada y abarcativa de todo el camino del crecimiento de la fe en un itinerario que nos acompañe hasta la santidad. Su insistencia en recuperar el sentido original del matrimonio y la familia, a la vez que su promoción y defensa, me llenó de gozo porque experimenté la misma preocupación y lo vivo como una prioridad en la pastoral diocesana.

Su venerable y consumada figura me llenó de ternura pero, a la vez, lo vi blanco y lleno de luz como un faro que me indica gastarme por Él y su causa. ¡Qué impactante testimonio de entrega, heroicidad y vitalidad que sobresalen más allá de su físico perecedero como un pabilo consumido pero que entrega una luz rutilante!

Estarme solo con él unos pocos minutos me llenó de emoción hasta las lágrimas, pude besar y acariciar su mano con veneración, recibir su bendición y darme cuenta que estaba para mí, entregándome la paternidad que emana de él como un calor radiante que me envolvía.

Me preguntó con interés acerca de los sacerdotes, religiosas, vocaciones, parroquias, familias, situación actual del país, y hasta datos de mi persona que me hicieron percibir su gran cercanía.

Trato de volcar todo esto aquí en Concordia. La gente lo recibe con mucha fe, porque para ellos el Papa es Pedro y la comunión con él los hace más pertenecientes a la Iglesia de Jesús.

Luego, lo demás de la visita, para mí fue complementario. Acercarme a los dicasteros que ayudan al Papa en el gobierno de la Iglesia me volvió a mostrar la comunión con Pedro y la participación de los miembros nombrados para este servicio a la Iglesia.

Me recuerdo niño, en el campo, viviendo la simplicidad de la década del 40, sin luz eléctica, sin TV, sin teléfono ni fax ni computadora, viviendo los ciclos de la naturaleza, comiendo los frutos de la estación, dando gracias a Dios por el beneficio de su providencia. Jamás había pensado poder vivir hoy, como obispo y estrecho colaborador del Papa, esta cercanía y participación que me confunde y conmueve. Mientras esperaba el turno para la entrevista, caminando en una sala de espera del 1500, con la resonancia histórica de 2000 años de fe, se me agolpaban estos sentimientos y recuerdos que les agradezco hoy poderlos compartir, porque entiendo que son un bien difusivo que no podría callar.

Termino este comentario con un gracias inmenso a Dios por haberme llamado a recorrer este camino y le pido me dé las fuerzas de poderle corresponder como vi que lo hace Juan Pablo II.

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