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La mujer

por Amanda Zoppi
Ramella 2155
Morón

 

Don Gregorio Marañón dijo que "la vida era agonía y, por eso, el sentido de la existencia era una lucha por salir de la oscuridad". Este concepto vale para todo ser humano en todo momento de su historia, y de la Historia.

Pero aplicado a la cotidianidad de la mujer de los siglos XX y XXI, cobra sentido hiperkinético rayano en lo patológico.

Veamos qué pasa si nos asomamos a la vida de una de ellas, en la Argentina de 2003, por ejemplo. Escojamos una madre profesional que promedia los cuarenta años, con hijos adolescentes, cumplidora del rol doméstico y seriamente cmprometida con su vocación, organizadora de la casa y de la vida familiar.

Necesariamente divide su tiempo para atender dos ámbitos diversos: el primero, el más demandante, el de ama, donde la casa, su esposo e hijos, la tendrán como referente. Por muy buenos abastecedores de sí mismos que sean cada uno de los miembros del grupo, le dispararán de tanto en tanto un "¿No viste mi buzo gris?" o "¿Qué comemos hoy?" o "¿ No podrías comprarme...?"

El segundo escenario, el laboral, es aquel donde cada día se rinde examen de eficiencia y se juega con la angustia del despido, el achique y otras hierbas; donde importa la función y también el rol social, donde se alternan despedidas, aniversarios, y colaboraciones con la empresa, extrahorarias o no, inesperadas en ese día y... gratuitas. La tensión aparecerá de inmediato: avisar en casa, "que alguno recoja a la más chica de la puerta de la escuela porque no llego..."

¿Cómo vive la mujer de hoy? ¿Vive? Si cumple con el desafío al que alude Marañón, sí. Desafía y hasta vence, pero... no disfruta. No goza de su familia, si como es de suponer, llega tensionada por las vicisitudes laborales. No por ser débil. Sí porque involucrarse con cada espacio exige un compromiso absorbente y pasar de uno a otro, implica una acomodación rápida, y la energía empleada no se repone tan velozmente cuanto se necesita.

El tema podría motivar un ensayo. Y éste no es el lugar; pero no se puede eludir una reflexión: hoy más que nunca, es necesario rever la educación de la mujer. Ya no basta con educarla para que sea eficaz en su entorno familiar o en su ámbito profesional.

Vivir hoy, es cumplir con la lucha sobre la que habló el ensayista español, pero la educación necesita hoy una nueva consideración: el aprendizaje para autoprotegerla de la tensión que este tironeo diario provoca; enseñarle a defenderse de un enemigo mortal como el estrés, o como contrapartida, de la indiferencia defensiva de una pasividad, (irresponsabilidad) que puede conducir tanto a un desorden familiar como al personal.

La fe en Dios como camino hacia la fecunda esperanza, y la educación para soportar la crisis, para resistir las presiones que la atacan, para fomentar su creatividad e ingenio en la búsqueda de soluciones o paliativos ante la complicación diaria, son carencias actuales para solucionar con urgencia.

No basta con la asimilación de experiencias ajenas. Los tiempos cambiaron. El ser humano y su entorno, también.

Volver a establecer la escala de valores y ayudar a cumplirla, es ineludible. Junto a la primera educación, donde comienza el contacto con la lectoescritura, (herramienta de apertura al mundo de la ciencia), debe continuar el desarrollo de la condición humana ya iniciada en la familia. Desde este primer momento es preciso alimentar y encauzar el sentimiento de maternidad responsable. Esta responsabilidad atañe no a la limitación del número de hijos, sino a la ampliación de posibilidades y condiciones que aseguren la calidad humana, la humanidad de cada nuevo ser naciente.

Hoy, los poderosos que deciden el destino de los ciudadanos del mundo, parecen dispuestos a que sólo algunos de ellos hallen su lugar en él. Antes bien, el hombre, lobo del hombre, fecunda la desesperanza y limita ese derecho.

Es indudable que el mundo necesita un reacomodamiento pensado a largo plazo, donde la educación siga siendo el medio para lograrlo. Una educación como adquisición de nuevas acciones, de enfoque de la realidad distinto del vivido hasta hoy. Que tienda a recuperar el perfil humano ahora desdibujado y que reinstale recursos válidos para el nuevo orden. La cultura mediática y la evolución científica, que han evolucionado alejadas de las filosofías humanísticas, lo degradaron. Éste es un desafío para resolver. Y todo desafío conlleva creación, lucha, acción. La tarea será paulatina, progresiva y constante. Salvado el hombre, estará resguardada la paz y la comunicación humana.

La paz, como esperanza y espacio para el crecimiento colectivo. La comunicación, como recurso para la convivencia fructífera.

Este complejo programa, tan simple de expresar implica una meditada organización de principios. Así se podrá acercar la educación común (gratuita y accesible), al proyecto propuesto por el Concilio Vaticano II :

"...Ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumpla en plenitud, la hora en que la mujer adquiera en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora.(...) Nuestra técnica corre peligro de convertirse en inhumana. Reconciliad a los hombres con la vida. (...) Mujeres del Universo todo, cristianas o no, a quienes os está confiada la vida en este momento tan grave de la Historia, a vosotras toca salvar la paz del Mundo". (Documentos del Concilio Vaticano II: Mensajes a la Humanidad, Ed. B.A.C., 1970)

 

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