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¿Cómo hizo Moisés para contar su propia muerte?

por Ariel Álvarez Valdés
CC 7
4200 - Santiago del Estero

Enigma difícil de descifrar

Durante siglos los lectores de la Biblia se preguntaron: ¿cómo hizo Moisés, autor de los cinco primeros libros bíblicos, para contar en el capítulo 34 del Deuteronomio su propia muerte? ¿Cómo se enteró del día, lugar y hora en que iba a fallecer, del duelo que harían los israelitas por él, y de los futuros detalles de su sepultura?

La pregunta era obligada, porque uno de los dogmas más firmes entre los estudiosos bíblicos fue, durante mucho tiempo, que Moisés era el autor del Deuteronomio. Sin embargo hoy ningún biblista serio piensa así. La misma Iglesia Católica ha abandonado ya esta postura, gracias a los hallazgos de las últimas décadas.

¿Quién escribió, entonces, el Deuteronomio, cuarto libro de la Biblia y uno de los más sagrados de todo el Antiguo Testamento?

A causa de las vocales

Los cinco primeros libros de la Biblia son llamados por los judíos "La Torá" (en hebreo = "La Ley"), porque son los únicos que contienen las leyes que el israelita debe cumplir para ser fiel a Dios.

En un principio, la obra era un único y extenso libro escrito en hebreo. El formato de los libros, en aquella época, no era como los nuestros actuales sino que consistía en una larga tira de papiro o cuero, que luego se enrollaba. Por eso no se llamaba "libro" sino "rollo".

Alrededor del año 250 a.C, fue llevado desde Palestina a una ciudad egipcia llamada Alejandría, y allí fue traducido al griego. Entonces la obra adquirió un volumen mucho mayor, porque mientras la lengua hebrea se escribe sólo con consonantes, en griego se le añadieron las vocales propias de este idioma, y su tamaño se duplicó.

Como no existían rollos tan grandes para contener el extenso manuscrito, debió ser dividido en cinco libros, y se le dio el nombre de Pentateuco (del griego "pénte" = cinco, y "téujos" = estuches para guardar los rollos) con que actualmente se lo conoce.

El por qué de los nombres

Cada libro recibió, a su vez, un nombre especial, que conserva hasta el día de hoy.

Al primero se lo llamó "Génesis" (que en griego significa "origen") porque describe tres orígenes: el del cosmos, el de la humanidad, y el del pueblo de Israel con Abraham. Al segundo, "Éxodo" (en griego = "salida"), porque relata la salida de Israel de la esclavitud de Egipto. Al tercero, "Levítico", porque casi todo el libro contiene las prescripciones que debían observar los sacerdotes levitas durante el culto. Al cuarto, "Números", porque comienza con los números obtenidos por Moisés luego de realizar el censo del pueblo. Finalmente el quinto fue llamado "Deuteronomio" (del griego "déuteros" = segundo, y "nomos" = ley), porque contiene el segundo grupo de leyes que Moisés habría entregado al pueblo poco antes de su muerte.

El amigo de Dios

La tradición judía siempre pensó que el Pentateuco (que a simple vista parece un relato continuo desde la creación del mundo, pasando por la historia de los Patriarcas, la esclavitud de los israelitas en Egipto, el éxodo con Moisés y el regreso a la Tierra Prometida) tenía como autor al mismo Moisés. Y esto por tres razones: a)porque Moisés es la figura principal de toda la obra; b)porque la mayor parte de los libros contiene leyes supuestamente dadas por él; y c)porque varias veces se dice expresamente que Moisés puso por escrito algunos de los episodios allí contados (Ex 17,14; 24,4; 34,28; Nm 33,2; Dt 31,9.22).

Y ante la pregunta de cómo se enteró Moisés, por ejemplo, de los hechos sucedidos en el Paraíso, o de la historia de Noé, o de los sucesos de los Patriarcas que vivieron seiscientos años antes que él, se respondía simplemente que, como Moisés tenía un trato íntimo y especial con Dios (según Ex 33,11), bien pudo escuchar de labios del mismo Dios todos aquellos detalles.

Por lo tanto, en tiempos de Cristo los judíos estaban plenamente convencidos de que Moisés había escrito todo el Pentateuco. El mismo Jesús alude a esta creencia en una discusión con ellos: "Si ustedes creyeran en Moisés, creerían en mí, porque él escribió sobre mí. Pero si no creen en sus escritos, ¿cómo van a creer en mis palabras?" (Jn 5,46-47).

Las primeras dudas

Durante casi quince siglos el mundo cristiano continuó pensando de esta manera, y a nadie se le ocurrió jamás ponerla en duda.

Pero en el siglo XVI las cosas empezaron a cambiar. Un teólogo alemán, llamado Bodenstein Carlstadt, comenzó a sospechar que el capítulo 34 del Deuteronomio, que mencionamos al principio y donde se narra precisamente "la muerte de Moisés", no podía haber sido escrito por el caudillo. Además, a continuación de su muerte se dice: "Y no ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés" (v.10), lo cual supone que, al redactarse esto, ya habían transcurrido muchos años de su muerte.

Por lo tanto, en 1520 Carlstadt publicó un libro en el que afirmaba que Moisés no pudo haber sido el autor de todo el Pentateuco.

Pero será el francés Jean Astruc quien, dos siglos más tarde, revolucionará los estudios del Pentateuco. Era médico de cabecera del rey Luis XIV, y al parecer el monarca gozaba de buena salud, porque Astruc disponía de mucho tiempo para leer la Biblia. En cierta ocasión hizo un extraño descubrimiento. Comprobó que en Gn 2-3 a Dios se lo llama siempre "Yahvé", mientras que en Gn 1 Dios aparece con el nombre de "Elohim" (o sea, "Dios" a secas). Y se preguntó: ¿Es posible que un mismo escritor diga primero 35 veces Elohim, y luego 18 veces Yahvé? ¿No será que hay dos autores, y cada uno utiliza un nombre de Dios distinto del que utiliza el otro?

Así, en 1753 escribió un libro donde propuso la hipótesis de que el Pentateuco fue escrito por dos autores. Uno de ellos fue llamado "Yahvista", y el otro, "Elohista". Esta teoría marcará un hito en la historia de las investigaciones posteriores.

Más contradicciones

Siguiendo los pasos del médico francés, muchos otros teólogos continuaron investigando y detectaron nuevas irregularidades literarias.

Por ejemplo, descubrieron que estaba dos veces el relato de la creación del mundo (Gn 1 y Gn 2); dos veces la genealogía de Adán (Gn 4,25 y 5,1); dos veces el diluvio universal (Gn 6-8); dos veces la expulsión de la esclava de Abraham (Gn 16,3-16 y 21,8-21); dos veces la historia en la que Sara se va con un rey extranjero (Gn 12,10 y Gn 20,1); dos veces la alianza de Dios con Abraham (Gn 15,1, y Gn 17,1); dos veces el origen del nombre de Israel (Gn 32,29 y Gn 35,10); dos veces la vocación de Moisés (Ex 3,1 y Ex 6,1); dos veces la lista de los 10 mandamientos (Ex 20,1 y Dt 5,1). Y para peor, contados de manera diversa.

Otros textos están repetidos tres veces, como la legislación sobre el homicidio, y algunos hasta cinco veces, como la ley del diezmo, o la lista de las fiestas israelitas. ¿Por qué Moisés tendría que contar cinco veces las mismas cosas?

También se encontraron afirmaciones contradictorias, como por ejemplo, que el monte de la alianza se llamaba Sinaí (Ex 19,1), y también Horeb (5,2). Que el suegro de Moisés era Jetró (Ex 3,1), y Reuel (Ex 2,18). Que Jacob obtuvo el derecho a la primogenitura cambiándosela a su hermano Esaú por un plato de lentejas (Gn 5,29-34), y que la obtuvo disfrazándose de Esaú ante su padre ciego (Gn 27). Que quien guiaba a los israelitas por el desierto era una nube (Nm 9,17-18), y que era el arca de la alianza (Nm 10,33). ¿Por qué tantas incoherencias?

Sospechosas profecías

Pero lo más asombroso fue descubrir relatos referidos a sucesos varios siglos posteriores a Moisés. Por ejemplo, Gn 36,31 dice: "Estos son los reyes que reinaron en Edom antes de que hubiera reyes en Israel". ¿Cómo supo Moisés que tres siglos después de él habría reyes en Israel? Y en Gn 14,14 se menciona a la ciudad de Dan. ¿Cómo se enteró de que se fundaría esta ciudad siglos más tarde de su muerte?

A todo esto, nunca pudo hallarse un solo pasaje del Pentateuco donde Moisés escriba en primera persona ("Yo dije, yo fui"), sino que siempre aparece en tercera persona ("Moisés dijo, Moisés fue"), lo cual indica que no es él quien escribe, sino algún otro autor.

Poco a poco, pues, se fue desmoronando la creencia de que el héroe del éxodo fuera el autor del Pentateuco.

En 1798 se produjo un nuevo descubrimiento: K.D. Ilgen logró identificar, inmerso en los relatos del Pentateuco, un tercer documento. Y le dio el nombre de "Sacerdotal", porque casi todos los relatos se centran en los temas litúrgicos y sacerdotales.

Finalmente en 1854 el biblista alemán H. Riehm distinguió un cuarto documento en el Pentateuco, y fue llamado "Deuteronomista" porque es el que compone el libro del Deuteronomio.

El genio y su teoría

Con estos descubrimientos a mano, sólo faltaba alguien que pudiera hacer una síntesis y presentar una hipótesis satisfactoria. Entonces apareció en escena un genial pensador llamado Julio Wellhausen. Este protestante alemán recogió los datos nuevos que habían ido apareciendo, les dio mayor precisión científica, logró ponerles fecha, y en 1878 estuvo en condiciones de presentar, por primera vez, su nueva hipótesis que lo consagrará para siempre ante el mundo: la "teoría de los cuatro documentos", llamada también, en homenaje a él, "teoría wellhauseniana".

Según ésta, el Pentateuco no sería obra de Moisés sino el resultado de una compilación de cuatro escritos, que en un principio eran independientes y que luego se fusionaron en uno solo.

¿Cómo nacieron estos cuatro documentos, y qué contenían?

Los documentos Yahvista y Elohista

El más antiguo de todos es el llamado documento Yahvista. Fue compuesto en Jerusalén alrededor del año 950 a.C, en tiempos del rey Salomón. Su autor era un gran teólogo y excepcional catequista.

Comenzaba con la historia de Adán y Eva (de Gn 2), la vida en el Paraíso, el pecado original, el asesinato de Caín, el diluvio universal y la torre de Babel. Seguía después con la vida de Abraham, Isaac, Jacob, y José en Egipto. Luego contaba algunas cosas sobre la opresión egipcia, el nacimiento y la vocación de Moisés, las plagas de Egipto, ciertos episodios del monte Sinaí, y terminaba con la llegada de los israelitas a las puertas de la tierra prometida (Nm 25).

Los relatos del yahvista se distinguen en el Pentateuco porque están contados con un arte muy primitivo, llenos de colorido y atrevidos antropomorfismos. Presentan a Dios como alfarero, jardinero, cirujano, sastre, huésped de Abraham, interlocutor familiar de Moisés. Es decir, un Dios cercano, casi "humano", mezclado en la historia de los hombres.

Cuando a la muerte de Salomón el país se dividió en dos, el reino del sur se quedó con la historia Yahvista. Entonces dos siglos más tarde, hacia el 750 a.C, un autor anónimo del reino del norte decidió componer otra obra que recogiera las tradiciones propias norteñas.

Este nuevo documento, llamado Elohista, relataba más o menos la misma historia que el Yahvista, sólo que era más breve pues comenzaba directamente con Abraham (Gn 15). Se lo distingue en el Pentateuco porque, a diferencia del Yahvista, evita describir a Dios con características tan "humanas". Sus relatos no muestran a Dios hablando con los hombres cara a cara sino desde el cielo, desde una nube, desde el fuego, a través de ángeles, o en sueños.

El documento terminaba, igual que el Yahvista, con la llegada de los hebreos a la tierra prometida (Nm 25).

Los documentos Deuteronomista y Sacerdotal

En el año 622 a.C, en unos trabajos de reparación del Templo de Jerusalén, fue descubierto en un viejo armario un código legal. Muchas de las leyes allí escritas ni siquiera eran conocidas por los judíos. A fin de revalorizarlas y hacerlas cumplir, los escribas del rey Josías crearon, en torno a él, una historia ficticia en la que Moisés, a punto de morir, daba al pueblo judío estas nuevas leyes para que las observaran.

Así nació este tercer documento, llamado por ello Deuteronomista (= segundas leyes).

Cien años más tarde, cuando los israelitas fueron llevados cautivos a Babilonia, los sacerdotes decidieron escribir una nueva historia del pueblo de Israel, tal como lo habían hecho el Yahvista y el Elohista. Pero la novedad consistía en incluir, a lo largo del relato, una serie de leyes litúrgicas, de ritos y celebraciones, para que el pueblo no olvidara de cumplirlas en el país extranjero.

El libro comenzaba, como el Yahvista, con la creación del mundo en seis días (de Gn 1), seguía con el diluvio universal, la historia de Abraham, Isaac y Jacob, la esclavitud de los israelitas en Egipto, la vocación de Moisés, la liberación y la alianza en el monte Sinaí, hasta la llegada de los israelitas a la tierra prometida (Nm 36).

Para no perderse nada

Cuando los judíos regresaron del destierro y quisieron recopilar sus tradiciones, se dieron con que tenían cuatro relatos distintos de su pasado histórico. No queriendo perder ninguno de ellos, un compilador anónimo resolvió combinarlos en uno solo. Y nació así el Pentateuco.

La fusión se hizo alrededor del año 450 a.C. y a la manera semita, es decir, yuxtaponiendo, pegando, cortando, sin preocuparse demasiado por armonizar las diferencias. Incluso dejando "duplicados". Por eso al analizar con cuidado la obra se descubren ciertas incoherencias, repeticiones y contradicciones en la narración.

La obra tuvo un éxito tan grande que los cuatro documentos originales cayeron pronto en el olvido. Hasta se olvidó el nombre de aquél que los había unificado, y entonces el Pentateuco fue atribuido a Moisés.

La oposición de las Iglesias

Hasta aquí la teoría de Wellhausen. Y, como era de esperar, encontró pronto un rechazo general en todas las Iglesias protestantes, donde había nacido. También los católicos la condenaron enérgicamente, y el 27 de junio de 1906 la Pontificia Comisión Bíblica declaraba que el Pentateuco era obra de Moisés, y prohibía cualquier enseñanza contraria.

Frente al fracaso de su hipótesis, Wellhausen escribió en 1883: "Sé qué las Iglesias rechazarán primero mis teorías durante cincuenta años, pero luego las admitirán en su credo con sutiles argumentos".

Tales palabras resultaron casi una predicción, porque sesenta años más tarde, en 1943, el Papa Pío XII publicó la encíclica "Divino Afflante Spiritu", en la que anunciaba que ya habían pasado los tiempos del miedo a la investigación, y que los biblistas católicos debían utilizar para sus estudios todas las ayudas de las ciencias modernas. Y en 1951 se publicó una traducción francesa del Génesis, en la que se incluía por primera vez, con permiso oficial, la teoría de los cuatro documentos.

Se había cumplido brillantemente la predicción de Wellhausen.

Con el espíritu de Moisés

Aunque la "teoría de los cuatro documentos" sufrió hoy algunas transformaciones y fue retocada en los detalles, la genial intuición de Wellhausen perdura todavía: el Pentateuco es una obra que expresa el espíritu de Moisés, pero escrita por varias generaciones de teólogos, historiadores, catequistas, juristas, sacerdotes y liturgistas, todos ellos inspirados por Dios para componer esta monumental epopeya sagrada.

La teoría de Wellhausen ayuda a los lectores modernos, por una parte, a no interpretar ingenuamente estos cinco libros como si hubieran sido escritos de corrido por una sola persona, a fin de entender mejor el complejo mensaje que encierran. Y por otra, a admirar aún más la grandeza de Dios, que buscó el aporte de tantos autores anónimos para la confección de la obra más preclara del Antiguo Testamento.

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