Diálogo
  Cat. en la diversidad
  Didascalia
 Tarjetas digitales
 Foros
 Chat por temas
 Libro de visitas
 Mapa del sitio
 Quiénes somos
  Escríbanos
  




Escriba su e-mail
para recibir gratis
los nuevos recursos.

  

Buenas Nuevas es un
sitio católico dedicado
al anuncio del Evangelio.

Director: Marcelo A. Murúa


Home Cursos a distancia RecursosRevistasLibros 
  Ud está en Revistas / Didascalia...

Envíe esta página
a sus conocidos

 

Grabe un archivo Word
de esta página

 

Ver el próximo artículo de Didascalia

 

Conozca la sección Catequesis

 

Comentarios
y sugerencias

 

   


Suscripción a la revista Didascalia

Ud. puede suscribirse y recibir la edición impresa de la revista Didascalia en su domicilio.

Para conocer costos y forma de pago de la suscripción haga click

 

La relación con el Padre

por José Ma. Castillo

 

A primera vista decir que Dios es "Padre" más aún, decir que Dios es EL Padre, nos produce una impresión positiva y gratificante, que, en cualquier caso, nos tendría que reconfortar, nos debería dar paz y sosiego, de manera que la religión y las experiencias religiosas le deberían proporcionar a todo el mundo, confianza, esperanza y felicidad, dando sentido a la vida de cada cual. Los hechos, sin embargo, contradicen todo esto. Porque la vida de muchas personas, en su intimidad secreta, encuentra en la relación con Dios-Padre, tantos problemas, tantas dudas, tantas dificultades, que en lugar de una experiencia de paz y sentido, esa relación se convierte en un problema constante y, a veces, en una carga pesada, hasta el punto de que son muchos los que acaban por prescindir del asunto de Dios. Y, como es bien sabido, son muchos los que niegan y hasta combaten la existencia misma de ese Dios. ¿Por qué ocurre esto? De sobra sabemos que hay gente buena y que sin embargo, ni son personas religiosas ni por tanto, se interesan por el tema de Dios.

El problema puede tener varias raíces. Por eso, para empezar a aclararnos, lo primero ha de ser pensar lo que representa en esta vida un padre, cualquier padre, para su hijo.

Tal como normalmente funcionan en este mundo las relaciones entre padre e hijo, sabemos que el padre es para el hijo, en primer lugar, protección frente a cualquier amenaza. Esto es una cosa que casi todo el mundo experimenta, concretamente cuando se trata de niños pequeños. Porque entonces, naturalmente, el niño se siente más desprotegido y percibe por eso la necesidad del amparo que le puede y le suele proporcionar cualquier padre normal a su hijo.

De ahí el desamparo en que viven tantos huérfanos o niños de la calle, que quizás ni han conocido a su padre y se sienten, por eso, más desprotegidos e indefensos.

 

En segundo lugar, el padre es para el hijo: seguridad, lo cual es decisivo en la vida de cualquier persona. Y esto por lo que acabamos de decir. Frente a tantas amenazas como hay en la vida, saber que hay alguien con quien me puedo sentir seguro, es determinante para que una persona se pueda sentir bien y no acabe siendo un desgraciado. Por experiencia sabemos que la inseguridad ante el presente y ante el futuro que nos aguarda es una de las cosas que más desquician a las personas.

 

En tercer lugar, el padre es para el hijo, explicación, de todo lo que el niño no sabe explicar.

Por eso los niños, cuando empiezan a hablar no paran de preguntar a los padres. Como un niño pequeño no sabe casi nada, la explicación de casi todo, la busca en quienes para él, lo saben todo.

Por último el padre es para el hijo: poder y autoridad, porque en la cultura machista y androcéntrica en que seguimos viviendo, el padre suele ser el que manda en casa. Por lo menos, socialmente está admitido que el padre es la autoridad última. Y esto es algo que percibe el niño, aunque no sepa decirlo. Y aunque los mayores no se den cuenta de lo que el niño vive y experimenta.

El padre ordena lo que hay que hacer y prohíbe lo que no hay que hacer.

Además el padre censura al hijo que se porta mal. Y si es necesario lo castiga. Lo que significa que relacionarse con el padre, es encontrarse no sólo con el cariño, la bondad y la protección sino también con lo que está prohibido, con lo que muchas veces está mal visto, con lo que la sociedad censura y descalifica, y también con lo que merece un castigo.

Ahora bien, si: protección, seguridad, explicación y poder, se dan en la relación del hijo con el padre, se comprende perfectamente que semejante relación presente no pocos problemas en la intimidad de la vida de muchas personas. Sobre todo cuando se trata de la intimidad de la vida en cuanto se refiere a la religión y a la relación con Dios. Porque desde el momento que a Dios le ponemos el nombre de Padre, y lo entendemos como el Padre, inevitablemente se plantean problemas por todas partes. Empezando por lo más evidente. Si, efectivamente, Dios es el Padre, en Dios tendría que encontrar cualquier persona la protección y la seguridad que necesita. Pero resulta que muchas veces no es así. De manera que con demasiada frecuencia hay gente que ni cree ni acude a Dios para nada, pero resulta que a esa gente le va muy bien en la vida, mientras que otras personas que tienen una fe ciega en Dios, se ven sometidas a situaciones insoportables y tiene que sufrir desgracias y contradicciones que nadie se imagina. Entonces es lógico preguntarse: ¿para qué me sirve a mí este Padre supremo y poderoso, si a la hora de la verdad yo tengo que pasarlo peor que los que no creen en semejante Padre ni se consideran hijos de Él ni le hacen caso para nada?

 

Otro problema: decimos también que el Padre, cualquier Padre es fuente de explicación de las mil cosas que el hijo no sabe explicar. Pues bien, si esto es así, al afirmar que Dios es el Padre supremo, que lo sabe todo, en sana lógica habría que decir también que en Dios encontramos la explicación de todo lo que, para cualquier ser humano no tiene explicación.

 

Eso es lo que debería de ser. Pero de sobra sabemos que no es así. Todo lo contrario. Lo que está sucediendo es que a medida que la ciencia avanza, y los conocimientos humanos se perfeccionan, la gente tiene cada vez menos necesidad de recurrir a Dios, para explicar lo que antes nadie sabía explicar. Por eso la gente se fía cada vez más de los sabios y menos de los curas.

Así la ciencia va ocupando el lugar central que antiguamente ocupaba la religión.

 

Pero el problema más importante que nos plantea la idea de Dios como Padre, se refiere al tema del poder y de la autoridad. Aquí la cosa es mucho más complicada porque toca lo más hondo de nuestra intimidad personal.

Ante todo hay algo que resulta evidente para cualquier ser humano: por una parte todos necesitamos en esta vida: protección en las dificultades, seguridad en los peligros, y explicación de lo que no sabemos.

Pero por otra parte el padre es también poder y autoridad que manda y prohíbe, amenaza y castiga...

Y la experiencia nos enseña que hay padres que castigan más de la cuenta, o amenazan con tanta severidad, que los hijos sienten verdadero miedo o terror ante la figura paterna. Ahora bien, esto provoca un serio conflicto en la intimidad de las personas. Un conflicto tan íntimo que mucha gente no llega a tomar conciencia en toda su vida de lo que realmente le pasa.

El respeto al padre bloquea en tales personas hasta la capacidad de pensar en las raíces profundas de problemas que viven todos los días en sus relaciones con los demás, sobre todo cuando se trata de las relaciones con lo que, de alguna manera representa autoridad y poder.

Por otra parte, si es cierto que todos los humanos necesitamos explicación, seguridad y protección, no es menos verdad que necesitamos, apasionadamente ser libres. Pero si resulta que el padre es la representación del poder y la autoridad y por lo tanto, el que prohíbe y censura, incluso el que amenaza y castiga, entonces, cualquier persona encuentra en la misma figura paterna, lo que más necesita en esta vida y también lo que más detesta.

 

De ahí que el padre es alguien de quien no podemos prescindir. Pero al mismo tiempo es alguien a quien instintivamente rechazamos. Todo esto toca en zonas tan íntimas de la vida humana, que mucha gente no lo advierte ni sabe explicárselo a sí misma. Y entonces, lo que la mayor parte de las personas suele sentir, es un profundo respeto con mezcla de cariño y admiración por un lado, (seguramente los más frecuentes) o con sentimientos de rechazo (a veces fuerte), en otras ocasiones.

Lo que mucha gente no se imagina, es que la imagen de padre que todos tenemos en esta vida, determina decisivamente la imagen que cada uno lleva dentro sobre lo que es Dios. Por eso hay tantas personas a las que le resulta un problema enorme, creer en Dios como Padre que quiere a sus hijos.

Y hasta hay individuos que se sienten incapaces de creer en Dios. Porque hablarles de eso es lo mismo que mencionar castigos y amenazas, humillaciones y, en cualquier caso, censuras y privaciones de su propia libertad.

Es demasiado frecuente el caso de personas que no han enterrado a su padre, aunque hace muchos años que está en el cementerio. Para esas personas aunque ellos mismos se estén muriendo de viejos, el padre que tuvieron sigue vivo, es decir, sigue siendo la norma de su vida y de sus comportamientos, la fuerza que moviliza su forma de pensar, la imagen que inconscientemente quieren reproducir, o también el fantasma que rechazan y el esperpento que no soportan.

Naturalmente de esto nadie habla, pero la vida es así...

Por lo que se refiere a nuestra relación con Dios, el sicoanálisis nos ha descubierto la íntima conexión que existe entre la imagen del padre (que cada uno lleva en su intimidad más secreta) y la creencia en Dios.

Además por este camino hemos aprendido que el Dios personal, es, desde el punto de vista psicoanalítico, "un padre magnificado".

Dios surge como figuración de un padre poderoso que nos defiende de los peligros y amenazas que reactivan en nosotros la primitiva indefensión infantil y con ella, la protección que tuvimos en nuestros progenitores.

Ilusión de Padre, también, sustentando el orden moral con promesas de premios que recompensan por tantas renuncias efectuadas a nivel pulsional o con amenazas por las transgresiones cometidas.

Así Dios es sentido, experimentado y vivido como Padre. Lo cual lleva consigo, como es natural, ideas que nos reconfortan y experiencias que nos gratifican. Pero al mismo tiempo, la imagen paterna de Dios, es origen de problemas muy hondos en muchas personas. Problemas de los que casi nadie habla, entre otras cosas porque son muchos los que no saben lo que les pasa con este misterioso reconocimiento de Dios como Padre!.

Copyrigth © Buenasnuevas.com 2003