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lo más valioso
Para centrar la vida en lo esencial

por Eduardo Devit
Buenos Aires 1222
2132 Funes (Sta. Fe)

 

Son varias las ideas que pueden motivar este trabajo. Por un lado, el descubrir que mucho de lo esencial de la vida es lo que tenemos en nuestro interior (motivaciones, deseos, aspiraciones, esperanzas) y no tanto aquello que aparece a primera vista (formas de actuar, expresiones, gestos, etc.), que son muchas veces estas apariencias las que nos llevan a juzgar o calificar a una persona o situación, sin tomarnos un momento como para preguntarnos qué hay de escondido en esto que aparece.

También puede ayudarnos a preguntarnos qué de valioso esconde nuestro accionar de catequistas, el corazón de nuestros catequizandos, tal situación problemática que tensiona a la comunidad, etc. El ver lo bueno que se anida en el interior de algo que no lo parece.

 

Comenzamos por un cuento

"Había una vez un maravilloso paisaje marino, una colonia de ostras. Una de ellas no sabía cómo llamar la atención de las demás para convertirse en el centro de todas las ostras y así hacerse querer.

 

Lo intentó de mil maneras: comportándose de forma especial, haciéndose la mártir, metiéndose "de prepo" en situaciones o reuniones, acaparando actividades, llaves, responsabilidades, etc. Nunca lo logró.

Un buen día puso en práctica otra idea: pintó su caparazón de colores chillones para ser vista por las demás. De momento, el éxito fue seguro y la siguieron muchas otras ostras. Hasta que las compañeras descubrieron la farsa y su vaciedad interior, y la dejaron.

Al final quedó más sola que al principio.

Había en el mismo lugar otra ostra de apariencia sencilla y normal. Un buen día comenzó a sentir dolores en su interior. Una ostra que se la daba de buena amiga, al oír los lamentos de la compañera, le dijo: "Las ostras no deben sentir ningún dolor. Lo tuyo debe ser algo psicológico. Yo nunca he sentido molestias como las tuyas, y soy mucho mayor que vos".

Pero esta respuesta no las dejó tranquilas. Y al consultar a la ostra Madre-Perla descubrieron la verdad: "Esas molestias que sientes son muy buena señal. Indican que en tu interior se está formando una Perla Preciosa. La ostra que no ha sufrido es estéril, no producirá una perla".

La joven ostra preguntó: "¿Y cómo nace esa perla en mi interior?" Y la Madre-Perla le respondió: "Es un proceso interesante. El núcleo de esa perla es algo que entró en vos (un grano de arena, una piedrita...), y que vos has ido cubriendo poco a poco con finas y múltiples capas para que no te haga daño. Es un proceso muy lento, casi imperceptible, que a su debido tiempo madurará".

"¿Y qué pasará después?", preguntó la joven ostra. A lo que la Madre-Perla respondió: .......

Para trabajar

1. Se abre un espacio como para continuar el relato. Puede hacerse de a grupos, personalmente, etc. Tal vez pueda servir el aportar información sobre la formación de las perlas, que nos puede ser proporcionada por diccionarios o textos cortos. Una buena imagen de una ostra puede ayudar mucho.

2. Inmediatamente de la lectura del relato también se puede, antes de trabajar en grupos, compartir los sentimientos, ideas, realidades que evoca la narración.

3. A partir del cuento presentado, o de la continuación que el grupo ha producido, podemos trabajar con la consigna de reconocer los distintos tipos de ostras que están presentes en el relato, y preguntarnos luego si estos tipos de ostras se dan en nuestro grupo de catequesis, amigos, curso o comunidad de catequistas.

Un segundo paso en esta línea será el preguntarnos el por qué hay personas así, y qué actitudes podemos tener ante ellas.

4. Si la intención es analizar nuestra comunidad de catequistas, a nuestro rol como catequistas, podemos preguntarnos si, a lo largo de nuestro desempeño como catequistas, hemos actuado como alguna de las ostras que presenta el relato: si hemos querido llamar la atención, si valoramos al otro y aconsejamos a otros tomando nuestras experiencias como las absolutas, si nos hemos dado cuenta que somos estériles, si nos quedamos en la primera impresión al considerar a otros, cómo hemos reaccionado cuando percibimos cambios en nuestro interior que exigen modificar nuestra forma de sentir, actuar, si nos hemos cerrado a cualquier propuesta u ofrecimiento que viniera de fuera, etc.

5. Un punto interesante a abordar, aún siendo circunstancial, es la realidad del sufrimiento en la vida. Preguntarnos qué sufrimientos o experiencias de esfuerzo fueron las que marcaron más la propia vida o la vida del grupo/comunidad de catequistas, qué nos han enseñado, etc.

6. Un giro oportuno es el de la personalización. ¿Qué tipo de ostra soy yo? ¿Cuáles son mis apariencias y aquellas características que tengo como más valiosas? ¿Cómo me comporto frente a los demás: me quedo en las apariencias (tanto si las personas me caen simpáticas o las rechazo), o trato de dar un paso más? Puede ayudar el dibujar la propia ostra, o a partir del dibujo de una, escribir las cosas que considero exteriores y aquello interior que más valoro de mí.

7. Finalmente, podremos terminar este encuentro cotejando la historia de esa perla con la historia de la Samaritana (Jn 4), donde podemos descubrir el arte de Jesús por sacar lo mejor de esa mujer; también puede ser un texto útil el encuentro de Jesús con Mateo (Mt 9,9), donde se pone de manifiesto la capacidad de Jesús de motivar a su seguimiento a alguien de quien inicialmente no era esperable una reacción positiva; o también los encuentros de Jesús con el fariseo y la mujer pecadora (Lc 7, 36-50), donde Jesús da un paso por sobre los prejuicios de su época, y valora el gesto de la mujer.

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