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¡Sonría... por favor!

por Aldo Ranieri
Procura Salesiana
Laprida 1245
1425 - Buenos Aires

 

Y el hombre (adam) habló..."Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Gn 2, 23), y así empezó una historia que hoy todavía no acaba. La secuencia del segundo capítulo del libro del Génesis es clara: aparece el ´adam, aparecen los animales, aparece la mujer, aparece el lenguaje. Pero el objetivo del relato no es llegar a presentar el origen del lenguaje, dado que el versículo que sigue inmediatamente (2, 24) tiene en su comienzo un tan tremendo: "por eso", que parece más correcto afirmar que la prohibición del incesto sea el punto de llegada de este capítulo: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre..." Nos movemos así en el plano real de la historia humana. Pero la secuencia que mencionamos arriba no parece moverse en el mismo plan: en ella algo no cierra, ya que en efecto el ´adam había hablado antes de que llegaran la mujer y con ella el lenguaje: "El hombre puso un nombre a todos los animales.." (v. 20). Para poner un nombre tuvo que "decir" algo... Como siempre el texto bíblico juega a las escondidas, dice y no dice... y nos obliga a reflexionar para poderlo entender.

Este episodio de la creación de los animales desconcierta como una intrusión banal en relación a un hecho tan poderoso como la aparición de la comunicación humana. Vienen del polvo como el adam, se les presenta con la misma palabra nefesh hayyah, organismo viviente, como el ´adam después que recibió de Yahwé Dios el "aliento de vida" (2, 7), hacen que el hombre hable para darles un nombre y sin embargo no son de mucha ayuda para su soledad: "no encontró una ayuda adecuada" (v. 20). Parecen una tentativa abortada de Dios para dar al hombre un interlocutor.

Y ¿cómo pudo equivocarse Dios, cuando la Biblia dice que todas las cosas que había hecho estaban bien? Una cosa ciertamente no estaba bien y Él lo sabía: era la soledad lo que le pesaba al hombre. Dios estaba a salvo de esa soledad porque cuando se decidió a crear no debía de estar tan solo si dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen.." (1, 26), mientras qué soledad tan grande debía de ser la del hombre, si ni la presencia del mismo Dios, que paseaba en el jardín al atardecer, ni la de los animales y ni siquiera la que sería del padre y de la madre podían con ella: "Por eso abandonará a su padre y a su madre..."

Una pista para resolver este enigma podría ofrecerla la famosa expresión (¡tan poco clara!): "le insufló en sus narices aliento de vida" (2, 7), cosa que de los animales no se dice. Se la suele explicar como "la respiración", gracias a la cual ese "ser de polvo" resultó un "ser que respira", que la Biblia define más bien "organismo viviente" (nefesh hayyah), por la simple razón de que cuando no respira más está muerto. Si es así, parecería que el autor bíblico no se haya dado cuenta de que esto vale también para los animales, que entonces participarían del mismo aliento divino del hombre. Pero el texto bíblico no lo dice y estos baches narrativos sinceramente a veces molestan, tanto que nos vienen ganas de reprocharle al autor su poca atención a los detalles. En realidad tampoco la mujer recibirá de Dios un nuevo aliento, claro signo de que comparte el mismo del ´adam, formado antes que ella. Entonces es cierto que lo mismo podemos pensar a propósito de los animales. Sí, pero ¿por qué después de recibir a la mujer el ´adam se hizo capaz de comunicación, mientras falló con los animales? Se me ocurre una respuesta: con la entrega de la mujer Dios le dio algo más que "su [de Dios] aliento", porque si antes (2, 7) había resultado ser un "organismo viviente", ahora (2, 22) resulta un "ser comunicante", y esto es mucho más. De hecho desde ahora puede el ser humano hablar con Dios; antes nunca lo había hecho, ya que todos los discursos de Dios desde 1, 3 hasta 2, 22 son un monólogo, y Dios no está acostumbrado a hablar solo. Estando así las cosas el episodio de la formación de los animales sería realmente un estorbo en la lógica del relato. Pero, ¿será posible que estos "bichos" nos den tanto trabajo?

Intentemos por otro camino. Tratamos de interpretar qué quiere decir la expresión "poner el nombre". Se suele explicar con "se sintió superior", es decir, distinto, de otra hechura. Si es así el animal enrollado al árbol del jardín sería inferior al hombre, ya que recibió de él su nombre y sin embargo fue capaz de vencerlo, engañarlo y arruinarlo. Una ayuda indirecta en nuestra búsqueda nos puede venir de los libros de los Reyes. En 1 R 5 se habla de la gran sabiduría de Salomón y en el v. 13 se afirma: "...habló de las plantas,... de los cuadrúpedos, de las aves, de los reptiles y de los peces". Parece que repite lo mismo que está escrito en Gn 1, 26: "...y tendrá poder sobre los peces del mar y las aves del cielo, y sobre las bestias... terrestres y sobre todos los animales que se arrastran...", como que Salomón y el ser humano creado por Dios a su imagen fueran la misma persona. En breve, el Libro de los Reyes nos enseña que Salomón fue el sabio más grande del Oriente por su capacidad de clasificar y ordenar los seres vivientes, prácticamente el precursor en Oriente de Carlos Linneo (1707-1778), fundador de las ciencias biológicas. Si entendemos que "dar un nombre" significa "clasificar, distinguir en género y especie", esto no fue un "hablar" del hombre con los animales, y mucho menos un "comunicarse". Conclusión: la creación de los animales está a medio camino entre la precariedad (el polvo) de la creatura y la plenitud del ser que construye la historia a través de la comunicación. Es una etapa intermedia que pone en claro que la capacidad del ser humano para la comunicación con los demás y con Dios viene del interior de él mismo; la Biblia lo expresa diciendo: "de la costilla". Hecho de tierra, recibe de Dios la potencialidad de perfeccionarse comunicándose con un "tú" igual y distinto de él, para poder después llegar a dialogar con Dios.

Me acuerdo que una vez un simpatiquísimo estudiante de teología tenía un cartel colgado en la pared de su pieza: "¡El hombre sonríe, los animales no! Sonríe, ¡no seas un animal!" Qué se yo... a veces hay personas que sólo han llegado a "clasificar" a los demás... y no pasaron nunca más allá de esa etapa.

 

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